La salida de Analía García de la gerencia de Relaciones Institucionales de Barrick no solo sorprendió por su repentina ejecución y la ausencia de explicaciones oficiales. En Iglesia, donde opera la mina Veladero, el caso empezó a leerse rápidamente en otros términos: versiones de un conflicto que escaló y dejó al descubierto una trama más compleja.
La extraña trama detrás de la repentina salida de la ejecutiva de Barrick
La desvinculación de Analía García, gerente de Relaciones Institucionales, fue sorpresiva y sin explicaciones públicas. En el ambiente empresario circulan versiones sobre un conflicto interno en Barrick que derivó en una denuncia y expuso tensiones más profundas por contratos y poder.
En ámbitos vinculados a la actividad minera y empresarial del departamento, se menciona la existencia de un fuerte cruce dentro del área que encabezaba García. Según esas versiones, la discusión habría derivado en una presentación formal en el ámbito interno de la compañía, con participación de otros integrantes del equipo como testigos, que habría provocado la desvinculación de García.
Distintas fuentes señalan que el conflicto habría involucrado a un subalterno que mantiene vínculos con la actividad privada local. En particular, se menciona que su entorno tendría participación o fuertes vínculos en una Cámara de proveedores, por emprendimientos del sector turístico y hotelero en Iglesia.
El dato no aparece aislado. En el contexto de la relación entre la minera y los proveedores locales, esa vinculación es leída por algunos actores como un elemento clave dentro de una disputa más amplia por espacios de interlocución y acceso a contratos.
Sin confirmación oficial, en el ambiente se repite una idea: el episodio interno habría sido el detonante, pero la causa de fondo va mucho más lejos.
Proveedores, contratos y cambios de reglas
Distintas voces del entramado empresario coinciden en que, durante su gestión, García impulsó un esquema de trabajo más técnico y con criterios objetivos para la vinculación con proveedores.
Ese enfoque, aseguran, dejó de lado prácticas históricas basadas en presiones o intermediaciones informales. “No había lugar para aprietes ni condicionamientos como cortes de ruta para obtener contratos”, sintetizó una fuente del sector.
En ese proceso, algunos sectores que tradicionalmente tenían mayor incidencia en el vínculo con la minera habrían perdido terreno. En particular, se menciona el malestar de sectores vinculados a cámaras de proveedores que en el último tiempo dejaron de captar contratos.
La combinación de esos factores -cambios en las reglas de juego, pérdida de influencia y conflicto interno- aparece en las versiones como el trasfondo de la salida de la ejecutiva. El rumor crece más ante la falta de explicaciones de Barrick.
El regreso que reabre interrogantes
En paralelo a la desvinculación, los proveedores iglesianos confirmaron el retorno de Alberto Abecasis al área de Relaciones Institucionales que manejó García. En el ambiente lo describen como “una buena persona”, aunque su llegada no terminó de despejar las dudas.
Por el contrario, algunas lecturas apuntan a que se suma a una estructura donde ciertos mandos medios concentran un nivel de influencia con proveedores que distintos actores consideran difícil de explicar.
El malestar empresario que se hizo público
Mientras las versiones crecen en voz baja, hacia afuera el impacto ya se expresó con claridad. La Asociación Iglesiana de Turismo, Industria y Comercio (A.I.TUR.I.C.), que agrupa a 154 socios, manifestó su “profunda preocupación” por la salida de la ejecutiva.
En una solicitada pública, la entidad calificó este lunes la decisión como un “retroceso” en la calidad del vínculo institucional y destacó que durante su gestión se había consolidado un canal de diálogo “serio y transparente”, clave para la relación con los sectores productivos locales.
A ese posicionamiento se sumó en las últimas horas la Cámara de Proveedores Mineros Tierra Minera, que coincidió con el planteo y puso el foco en la incertidumbre que abre el cambio.
“Fue muy sorpresiva la salida y nos deja con una incertidumbre tremenda. Veníamos desarrollando un trabajo basado en el diálogo y el profesionalismo. Esto nos deja en stand by, es volver a empezar”, señaló Marcela Aguilera, presidenta de Tierra Minera a Tiempo de San Juan.
El dato refuerza una señal clara: más allá de las versiones internas, la salida de García impactó de lleno en el esquema de relación que la minera venía construyendo con los proveedores locales.
Además, sin una explicación oficial de la minera, la desvinculación quedó envuelta en un entramado de versiones que combinan conflicto interno, denuncia, reacomodamiento de poder y disputa por contratos.