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Historias del Crimen

La pelea de dos adolescentes y la intromisión de un hermano que culminó en un asesinato en La Bebida

Fue en una madrugada de septiembre de 2006. Dos adolescentes se cruzaron en un kiosco y sacaron a relucir sus rencores. Lo que era una pelea callejera terminó en un homicidio.

Por Walter Vilca 24 de julio de 2022 - 09:02

Los dos se miraron sin pestañar y mordiéndose las puteadas. Ninguno quiso mostrar debilidad, así que casi a la par y mezquinando el saludo, estrecharon fuertemente sus manos como si uno a otro se desafiara. Ahí nomás, “Marquitos” le recordó a “El Diablo” la pelea anterior entre ambos y lo provocó: “¡qué te pasa!”.

El encuentro se dio de madrugada en la puerta de un kiosco de La Bebida. Sólo eran dos adolescentes que jugaban a hacerse los matones por una rivalidad de chicos de barrios. Apenas tenían 17 años, aquello no podía pasar, a lo sumo, más allá de un cruce de trompadas y patadas. Pero apareció “El Juampi” y en su estupidez por defender a su hermano “Marquitos”, puso fin a la discusión con un disparo mortal al otro chico.

Hacía frío la madrugada del 10 de septiembre de 2006. Federico Javier Araya acabó tendido sin reacción en una esquina del popular Lote Hogar 34 de La Bebida, Rivadavia. Un dramático final para ese jovencito apodado “El Diablo”, que esa noche visitaba a su novia y murió asesinado por la acción criminal de un delincuente que se ensució las manos con sangre por una tonta discusión de adolescentes.

El asesino fue Juan Manuel Cortez, alías “Juampi”, en aquel tiempo un ladrón de 24 años que ya había cumplido condena por delitos contra la propiedad. Él era totalmente ajeno al problema existente entre su hermano Marcos Cortez y Federico Araya, que de tiempo atrás mantenían una disputa por las típicas rivalidades de barrios. Ya se habían tomado a golpes en una ocasión y “Marquitos” quedó con el amargo sabor de la revancha.

Un encuentro esperado

Federico Araya, que vivía en la calle Morón, lo sabía y no se inquietaba. Continuó visitando a su novia Lorena en la manzana 1 del Lote Hogar 34, en La Bebida, muy cerca de la casa de los Cortez en el Lote Hogar 30. Resultaba probable que tarde o temprano iban a cruzarse en la calle, pero el destino apresuró ese inevitable encuentro la madrugada del 10 de septiembre de 2006, justamente en la casa de la novia de “El Diablo”.

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La víctima. Este era Federico Javier Araya, el adolescente que murió asesinado de un balazo.

La víctima. Este era Federico Javier Araya, el adolescente que murió asesinado de un balazo.

Allí funcionaba un kiosco. Y dio la casualidad que esa noche, “Marquito” y sus amigos estaban tomando y en un momento decidieron buscar más bebida. Según los testimonios, fue como a las 2.45 de la mañana cuando Marcos Cortez y su amigo “El Ñato” llegaron a ese pequeño negocio de la familia Páez.

Juan Manuel Cortez era totalmente ajeno al problema existente entre su hermano Marcos Cortez y Federico Araya, que de tiempo atrás mantenían una disputa por las típicas rivalidades de barrios.

Pidieron un fernet a Lidia Páez, la dueña. En eso que hablaban con la kiosquera, “Marquito” observó a través de la ventana que adentro de la casa estaba Federico Araya. Éste también lo vio y salió a vereda decidido a enfrentarlo y finiquitar el pleito pendiente. Ahí se dio ese diálogo tenso. Primero se apretaron las manos fríamente, pero sin pausa amagaron o se pegaron levemente un cabezazo en clara señal que uno no temía al otro.

¡Qué te pasa!”, le largó Marcos Cortez, para luego recordarle: “Vos me pegaste. Mira lo que me has hecho, Diablo hijo de puta…”, supuestamente haciendo referencia a una cicatriz que le quedó de la pelea anterior. Araya le respondió con insultos y a los empujones caminaron hasta la calle para dar comienzo a la pelea.

La aparición del “Juampi”

Llegaron a largarse unas trompadas, pero alguien se metió a separarlos. Ese fue el primero y último round. No está claro si otro amigo de “Marquito” fue a buscar a Juan Manuel Cortez o éste llegó cuando los dos adolescentes ya estaban manoteándose. Los testigos afirman que el “Juampi” encaró a Federico Araya y lo sentencio: “Diablo culiado… ¡Qué te pasa con mi hermano!”, mientras que sacó un revólver y le apuntó.

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Dolor y sangre. Los padres de Federico Araya mirán junto a los policías cómo trasladan el cadáver del adolescente. Foto de Diario de Cuyo.

Dolor y sangre. Los padres de Federico Araya mirán junto a los policías cómo trasladan el cadáver del adolescente. Foto de Diario de Cuyo.

Apretó dos veces el gatillo del arma, pero los disparos no salieron, relataron las personas que presenciaron la escena. Federico Araya buscó escapar y corrió en dirección al oeste por la calle, pero “Juampi” accionó el revólver por tercera vez y se escuchó la detonación. El balazo impactó en el jovencito. Más precisamente le pegó en el hombro y el adolescente cayó sobre el ripio.

Fueron contados los minutos de vida del chico de 17 años. “Me hablaba, pero no se podía levantar. Le hacía masajes, pero sus piernas y sus brazos no se movían. Me decía: ´Lorena…Mi amor, nunca te voy a dejar’. Estuvo un rato así, hasta que no habló más”, contó desconsolada la novia de Araya, en ese entonces.

Disparo mortal

El plomo del proyectil calibre 32 largo tocó un hueso del hombro, siguió su trayectoria hacia la derecha y abajo, en dirección al tórax. Esa bala después atravesó uno de sus pulmones y alcanzó su columna vertebral, según el resultado de la autopsia. Esas heridas le provocaron un shock hipovolémico que desencadenó su muerte antes que llegara la ambulancia.

Esa noche fue grande el revuelo en el Lote Hogar 34. Los policías de la Seccional 13ra y de la sección Homicidios salieron a buscar al “Juampi” Cortez, que desapareció tras efectuar el disparo mortal contra Araya. Varios testigos, entre ellos la novia de la víctima y la madre de ésta –la kiosquera-, lo señalaron como el autor del crimen.

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Capturado. Cortez fue detenido por policías de la sección Homicidios. Foto de Diario de Cuyo.

Capturado. Cortez fue detenido por policías de la sección Homicidios. Foto de Diario de Cuyo.

Los investigadores allanaron su casa en el Lote Hogar 30, pero ya no había rastros de él. Su familia guardó silencio en todo momento, mientras que en los días posteriores los policías realizaron seguimientos y marcaron posibles lugares donde podía ocultarse. Una pista señaló que estaría escondido en la casa de un allegado suyo en Villa Hipódromo, Rawson.

La detención

La mañana del 22 de septiembre de 2006, los hombres de civil de Homicidios se apostaron cerca de un domicilio. Al rato vieron aparecer caminando al “Juampi” Cortez. Dejaron que se alejase un poco. Cuando transitaba por calle República del Líbano, justo frente a la puerta del Hipódromo, lo rodearon y uno de los policías lo tomó por detrás. Ahí no tuvo escapatoria.

El revólver calibre 32 largo con el que mató a Araya jamás fue encontrado. Eso no impidió que Juan Manuel Cortez quedara procesado y acusado del delito de homicidio simple. A fines de septiembre de 2007 fue llevado a juicio en la Sala III de la Cámara en lo Penal y Correccional. Horacio Merino, su abogado defensor, y el fiscal de cámara José Eduardo Mallea arribaron a un acuerdo para abreviar el juicio. El “Juampi” aceptó hacerse responsable del asesinato a cambio de una pena que no sea tan dura.

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El "Juampi". Juan Manuel Cortez actualmente se encuentra preso en el penal de Chimbas. Cumple su pena en noviembre de este año.

Los jueces Ricardo Conte Grand, Eugenio Barbera y Héctor Fili refrendaron el acuerdo. Declararon reincidente a Cortez por una condena anterior en su haber y lo sentenciaron a la pena de 10 años y 8 meses de prisión.

Un reincidente

Cortez purgó su castigo en el Servicio Penitenciario Provincial. Cumplió su pena en 2017, pero no enderezó su vida. Volvió a caer preso en mayo de 2018 por el delito de robo agravado y lo llevaron de nuevo al penal de Chimbas. Por ese hecho fue castigado con 3 años de cárcel. Al poco tiempo de cumplir la mitad de esa pena, empezó a gozar de las salidas transitorias.

El “Juampi” Cortez actualmente se encuentra preso en el penal de Chimbas, pero está próximo a recibir los beneficios de salidas transitorias. Le corresponde. En noviembre de 2022 cumple la totalidad de la pena.

No pudo con su genio y se metió en problemas otra vez a fines del 2019, por una causa por lesiones y atentado a la autoridad con un arma blanca. El tribunal juzgador le dio 1 año y 6 meses de prisión, castigo que fue unificado con el anterior y finalmente le quedó una pena única de 4 años y 6 meses de prisión.

El “Juampi” Cortez actualmente se encuentra preso en el penal de Chimbas, pero está próximo a recibir los beneficios de salidas transitorias. Le corresponde. En noviembre de 2022 cumple la totalidad de la pena. El tiempo dirá si se corrigió o lo veremos nuevamente en la portada de un diario o uno de los casos de Historias del Crimen.

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