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Historias del Crimen

El femicidio de "Chiquita", la mujer asesinada en su casa en Rawson la mañana de un Año Nuevo

El victimario fue su concubino, un sujeto de Villa Hipódromo con antecedentes por golpeador. El femicidio ocurrió el primer día de 2001.

Por Walter Vilca 24 de abril de 2022 - 10:05

Existía una veintena de denuncias y exposiciones policiales de la madre de sus tres hijas por las constantes golpizas y amenazas, pero nadie puso un límite a la mala vida del “Rulo” Páez. Esa mujer se salvó porque, harta de los maltratos, decidió separarse. La que no escapó fue “Chiquita”, la segunda pareja, una ayudante de enfermería que soportó la violencia durante nueve meses hasta que todo terminó en un femicidio. Mientras tomaban mate, la mañana del Año Nuevo del 2001, este sujeto la asesinó en el patio de su casa en Rawson.

Josefa Nicolasa “Chiquita” Zabala fue una víctima más de las historias trágicas detrás de los hechos de violencia de género en San Juan. Un crimen, como muchos otros, que no se evitó por la inacción de los organismos estatales y la Justicia de ese momento. “Páez ya había sido denunciado por la exmujer porque a ella también le pegaba. Yo misma hice una exposición en la Policía diciendo que este tipo era un violento y tenía miedo por mi madre. Si hubiesen hecho algo, mi mamá hoy estaría viva”, asegura Yanina Mancuso, una de las hijas de la mujer asesinada.

Siempre violento

El “Rulo” Raúl Miguel Páez venía tropezando de hace tiempo. Había estado en pareja por 10 años con una mujer de apellido Vega, la madre de sus tres hijos. Los testimonios de esa señora en la causa, indican que su vida al lado de Páez en todo ese tiempo fue sufrimiento por las reiteras agresiones. Además, el hombre tenía otras facetas como el gusto por el alcohol y su liviandad por esquivarle al trabajo.

Chiquita.jpg

Esa mujer afirmó en el expediente que hizo 20 presentaciones en la Policía, entre denuncias y exposiciones por las amenazas y palizas éste le daba. Aun así, no le hicieron nada. Su plantilla prontuarial estaba limpia. La mujer finalmente consiguió echarlo. Cada vez que Páez volvía a su domicilio con la excusa de ver a los niños o hacerle escenas de celos, los parientes de Vega lo corrían o llamaban a la comisaría para denunciarlo por violento.

Él no cambió. Volvió a la casa de su madre en Villa Hipódromo, Rawson. Al tiempo conoció a “Chiquita” Zabala en una bailanta e iniciaron una relación amorosa a principios del 2000. Para marzo de ese año, el “Rulo” ya estaba instalado en la casa de esa mujer viuda, madre de seis hijos, que trabajaba como ayudante de enfermería en el área de hemodiálisis del Hospital Guillermo Rawson.

Una nueva vida

Buscaba la vida fácil. De vez en cuando agarraba alguna changa de albañilería, pero la mayor parte del tiempo el “Rulo” Páez se la pasaba de ocioso visitando amigos y bebiendo. Nunca aportaba dinero en la casa de “Chiquita”, situada en la Villa Maureira, Rawson. Era un manipulador. Por momentos se ponía cariño con la mujer y otras veces se molestaba por cualquier cosa, como cuando se enojaba porque no le ponía vino en la mesa a la hora de comer.

La situación se agravaba por la violencia que ejercía. Ella poco a poco empezó a acostumbrarse. Un hermano de “Chiquita” testificó que, de los siete días de la semana, tres se la pasaban discutiendo. El problema se agudizaba por los maltratos físicos. Los familiares le vieron moretones a la mujer en muchas ocasiones, pero ella callaba.

Otra mala señal fue cuando Raúl Páez intentó estrangularla. Ahí, la mujer no pudo ocultar su miedo. El hombre había dejado sus manos marcadas en el cuello y después “Chiquita” contó a sus amigas y una compañera de trabajo que éste había querido matarla.

La resistencia familiar

El padre, los hermanos y las hijas de “Chiquita” Zabala veían que la relación no era sana, que la mujer sufría maltratos y que el sujeto era un vividor

. “Eran un vago. Yo siempre le hacía problema a mi mamá porque este tipo no trabajaba. Ella lo mantenía. Una vez este hombre se cayó de la verja y dejó de trabajar en un lugar donde estuvo apenas cinco días. Recuerdo que me molesté con mi madre y se lo dije a él, porque resultaba una falta de respeto a la familia. Por eso después me fui de la casa, no soportaba verlo”, relató Yanina. “Eran un vago. Yo siempre le hacía problema a mi mamá porque este tipo no trabajaba. Ella lo mantenía. Una vez este hombre se cayó de la verja y dejó de trabajar en un lugar donde estuvo apenas cinco días. Recuerdo que me molesté con mi madre y se lo dije a él, porque resultaba una falta de respeto a la familia. Por eso después me fui de la casa, no soportaba verlo”, relató Yanina.

“Eran un vago. Yo siempre le hacía problema a mi mamá porque este tipo no trabajaba. Ella lo mantenía. Una vez este hombre se cayó de la verja y dejó de trabajar en un lugar donde estuvo apenas cinco días. Recuerdo que me molesté con mi madre y se lo dije a él, porque resultaba una falta de respeto a la familia. Por eso después me fui de la casa, no soportaba verlo”, relató Yanina.
“Eran un vago. Yo siempre le hacía problema a mi mamá porque este tipo no trabajaba. Ella lo mantenía. Una vez este hombre se cayó de la verja y dejó de trabajar en un lugar donde estuvo apenas cinco días. Recuerdo que me molesté con mi madre y se lo dije a él, porque resultaba una falta de respeto a la familia. Por eso después me fui de la casa, no soportaba verlo”, relató Yanina.

La relación entre Josefa Zabala y Raúl Páez no mejoraba. Al contrario, empeoraba. Para colmo de males, “Chiquita” fue atropellada y quedó convaleciente, para caminar debía apoyarse en una muleta. Sus familiares le insistían que se separara, que no tenía futuro con ese hombre. Él se aferraba a ella y buscaba quedarse en la casa.

Paez preso.jpg

Para diciembre del 2000, “Chiquita” tomó una decisión. Habló con el “Rulo” Páez y le pidió que se marchara. Le propuso que pasara fin de año con ellos, si lo deseaba, pero el 1 de enero de 2001 abandonara del todo la casa. Esto desconcertó al hombre, que tragó su bronca en silencio y se sintió traicionado por la mujer.

La despedida del año

Las versiones señalan que la tarde del 31 de diciembre de 2000, Páez anduvo tomando y regresó a Villa Maureira cerca de la medianoche. Para entonces se encontró con toda la familia de “Chiquita” Zabala, que se habían reunido para despedir el año y brindar. El “Rulo” estaba serio y distante. Quizás ya pensaba matar a su pareja.

Se supone que esa noche volvieron a discutir. Los parientes de la mujer declararon que la pareja entró a hablar a solas a la habitación un par de veces. Páez sabía que se le acababa el tiempo, debía irse. Los hijos y los hermanos de “Chiquita” tomaron y bailaron. Y no faltaron los cruces con el “Rulo”, que en un momento se puso furioso porque vio que tomaron unas cervezas que él había comprado. Después le repusieron la bebida y el conflicto no llegó a mayores.

Esa madrugada, “Chiquita” se ausentó por un rato para ir a saludar a su madre que vivía en otro lugar de Rawson. Páez aprovechó para salir en su bicicleta, fue a la casa de su expareja en el barrio Güemes con la intención de saludar a sus hijas. Pero otra vez se metió en problemas. Como no quisieron atenderlo, supuestamente agredió a la mujer y la amenazó.

Mañana fatídica

Más tarde volvió a Villa Maureira. Allí se reencontró con “Chiquita”, que también había retornado. La reunión familiar se prolongó hasta cerca de las 7 de la mañana del 1 de enero de 2001. Un hermano y un primo de la mujer se sentaron debajo de un árbol y se durmieron. Carolina, una de las hijas, pidió permiso para salir unos minutos junto a su novio Adrián Fernández.

Los únicos que estaban bien despiertos eran Josefa y el “Rulo” Páez. Ya no había qué hablar, pero ella igual le invitó a tomar unos mates debajo de la higuera del patio. Pusieron una mesita y se acomodaron en unas sillas. Un vecino que pasó por el frente de la vivienda relató que observó a la pareja sentada bajo el árbol.

Algo se dijeron en esos instantes y retomaron la discusión. Como Páez era un violento, se alteró de inmediato y descargó toda su furia contra ella. “Chiquita” no pudo defenderse. Pesaba 39 kilos y medía no más de 1,50 metro de altura, además estaba convaleciente. Todo indica que él la tomó a golpes. Una de sus hijas asegura que “Rulo” Páez le pegó con un hierro. Después la llevó a la rastra por el patio hacia detrás de un horno de barro y una hilera de ladrillos. Ahí la agarró del cuello y aprisionó sus manos hasta estrangularla.

El hallazgo del cadáver

“Chiquita” quedó tendida, sin sus suecos y con la ropa llena de tierra, mientras que Páez entró a la casa y robó el sueldo de la fallecida. En esos instantes llegaron Carolina –la hija- y su novio Adrián. La adolescente preguntó al hombre por su mamá y éste respondió que estaba en el dormitorio. La chica notó al sujeto despeinado, con la camisa afuera y por su aspecto parecía que se había revolcado en el piso.

La jovencita se asustó y lo primero que imaginó fue que le había pegado otra vez a su madre. Caminó hacia la habitación, pero no la encontró. Páez a todo esto procuraba abandonar la casa. En el camino se topó con Adrián Fernández. El chico también le consultó por “Chiquita”. Y él volvió a mentir. “Se fue a la casa de su hermana”, contestó, y partió en su bicicleta por la calle.

El joven le contó esto a su novia Carolina, quien tomó para el fondo con la idea de cruzar la propiedad y llegar a la casa de su tía. La hermana de la víctima vive en el lote colindante. La chica caminó por el patio y, al llegar al horno, vio a su mamá tirada en el piso, descalza y su ropa con tierra. Junto con su novio trataron de auxiliarla, pero “Chiquita” no respondía. En su cuello se le veían las marcas del estrangulamiento.

Pidieron una ambulancia y llamaron a la Policía. Minutos más tarde confirmaron que Josefa Nicolasa Zabala estaba muerta, la habían asesinado. El único sospechoso era el “Rulo” Páez. Los policías salieron a buscarlo. Pero éste andaba como si nada. Existe constancia de que el sujeto pasó por la Seccional 24ta acompañado de un niño, que allí pidió un vaso de agua y continuó su camino. A las horas lo detuvieron en una casa de Pocito, estaba durmiendo.

Sin escapatoria

El informe de la autopsia realizada por el forense Alejandro Yesurón señaló que el cadáver de la mujer presentaba golpes, pero la causa de muerte fue el estrangulamiento. Páez fue acusado del delito de homicidio simple.

La familia de “Chiquita” Zabala asegura que este sujeto cargaba con otra causa penal en Buenos Aires por matar a otro hombre de un disparo. También se dice que abusó de un niño. Lo cierto es que Raúl Miguel Páez fue juzgado en la Sala I de la Cámara en lo Penal y Correccional sólo por el asesinato de la mujer de 39 años. Su defensa alegó que ese día estaba ebrio, que no recordaba qué pasó y no tuvo intención de asesinarla.

Cuando le dieron la posibilidad para que expresara sus últimas palabras, el “Rulo” aseguró: “Nunca quise hacer daño a nadie y quisiera morirme”. El 8 de marzo de 2002, los jueces Raúl Iglesias, Arturo Velert Frau y Agustín Lanciani condenaron a Raúl Miguel Páez a la pena de 12 años de prisión por homicidio simple.

El castigo no fue el que esperaba la familia de la víctima. El tribunal no consideró la condición de pareja del victimario, eso era un agravante y podrían haberle dado una pena de hasta prisión perpetua. En esos años tampoco existía en el Código Penal la figura de femicidio como agravante, en este caso era más que claro que el crimen había sido cometido en un contexto de violencia de género.

Los registros del Servicio Penitenciario Provincial revelan que Páez ingresó a esa unidad el 8 de enero de 2001. Tras su condena, permaneció preso hasta el 10 de noviembre de 2006 y ese día empezó a gozar de las salidas transitorias. En 2007 le revocaron el beneficio y lo encerraron de nuevo. En 2008 obtuvo la libertad condicional. En teoría, su pena se cumplió el 1 de julio de 2012. En Villa Maureira no volvieron a verlo. Dicen que estaba con otra mujer y supuestamente no cambió de vida.

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