"Luego de que pasaran varios días, fue encontrada por los parroquianos de la finca de su padre que habían salido en su búsqueda. Toda esa gente quedó estupefacta ante tamaña escena. El niño aún se amamantaba del seño putrefacto de la madre, que había sido comido en partes por los buitres y alimañas. Pero el niño, su Baudilito, estaba aún con vida, sano y salvo, libando de su seno amoroso vida. Había logrado consumarse un maravilloso milagro".
Esta es quizás la más escabrosa escena sobre la historia de la Difunta Correa relatada en un libro, según la imaginación del escritor Carlos Víctor Bogni en la narración que tituló "Difunta Correa". En ese volumen, además de la vida de Deolinda, el autor relata las historias de Miryam Stefford, Nicolás Caputo, Raúl Torres Riveros y San Expedito.

En su encendida imaginación, la Difunta era oriunda de Astica, Valle Fértil, y Baudilio Bustos, su vecino y primer amor.
Bogni contó la situación política del país en 1840, el enfrentamiento ente unitarios y federales y relató que a Baudilio se lo llevó una montonera mandada por Toribio Rancagua, pero escapó y logró volver con Deolinda.
Rancagua enfurecido fue tras Baudilio, lo tomó prisionero y se quedó en su estancia, acosando a Deolinda quien se resistía a fuerza de "salivazos, bofetadas y arañazos para defender su honor".
"Al verse fracasado en sus intenciones", Rancagua arrasó con todo lo que pudo de la propiedad de los Bustos y se llevó a Baudilio. "Deolinda Correa cayó en desesperación y sin dudar ni un momento salió corriendo detrás de la patrulla llevando en sus brazos a su tierno retoño".
Ella se desorientó y murió deshidratada. Después de varios días fue encontrada. "Allí mismo, entre los cerros, Deolinda recibió cristiana sepultura, pues era imposible alzar su cuerpo que se halaba desarticulado y horriblemente mutilado e irreconocible por el tiempo transcurrido. Una cruz de palos de quebracho sirvió de señalización del lugar infausto".
En este relato corto, el niño fue llevado con sus abuelos y logró sobrevivir.
Bogni era un escritor prolífico, tenía más de 30 libros que él mismo publicaba con su propio dinero.
En noviembre de 1993, la Cámara de Diputados declaró Ciudadano Ilustre de la Provincia de San Juan al servidor público, poeta, escritor y político don Carlos Víctor Bogni, "por su importante y destacada contribución cultural en favor de la historia y del pueblo de San Juan".
Bogni murió en junio de 2010, entre sus animales y su mate frio.
