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domingo 22 de marzo de 2026

Media hora entre preguntas

Fabián Noriega, un multifacético abducido por la música

Antes de salir de la secundaria ya tenía su banda. Viajó por diferentes latitudes y compuso para obras de teatro, documentales y cine. En el camino, que aún sigue, una infinidad de personas y anécdotas inolvidables
Por Jorge Balmaceda Bucci

Fabián Noriega las pasó todas con la música, su gran compañera de vida. Le tocó atravesar momentos de esplendor y también sentirse sapo de otro pozo, pero, parado a unos 36 años de haber iniciado el camino, el balance es más que satisfactorio. Y va por más.

El viaje lo inició en el secundario y después anduvo por el país y partes del mundo. Unido siempre con el palo del rock, Fabián también tuvo sus ‘infidelidades’ con otros géneros que le permitieron sumar más experiencias y, principalmente, amigos. Limbo y Guacamole roban buena parte de su tiempo en el presente, pero también le mete mano –como gran tecladista que es- a nuevos proyectos creativos.

En el ciclo ‘Media Hora Entre Preguntas’ abrió su diario de bitácora para repasar lo vivido y ‘spoiler’ retos por venir.

-En tu caso se puede decir que soy dueño de una vida dedicada a la música, ¿no?

-Sí. Yo me subí por primera vez a un escenario en 1986, fue en el Teatro Sarmiento. Tenía que acompañar a alguien con mi órgano Casio chiquitito y blanco. Fui de caradura y ya me gustó. Después me fui encontrando con amigos, que ahora son colegas. Fueron años de aprendizajes muy lindos.

-No sé por qué, pero me quedé con eso de ‘caradura, pero con una lectura positiva para poder arrancar.

-Y sí, esa actitud fue importante. Mis viejos no querían que yo tocara. Mi viejo enólogo y guitarrera y a mi vieja le gustaba también la música, pero no querían que yo tocara. Más que nada mi vieja, que quería que fuese otra cosa. Me metí en la Boero con la idea de ser técnico constructor, pero no se dio ni a palo. Repetí, me fui a la Normal y ahí… agarrate. Había un piano y en una hora que tenía me mandaba al salón de actos a tocar lo que saliese. Fui aprendiendo ahí. Después me fui al sindicato de músicos, que estaba en Chile antes de Sarmiento, y di mis primeras clases con un tal Tito Oliva.

En la Normal había un piano y en una hora que tenía me mandaba al salón de actos a tocar lo que saliese En la Normal había un piano y en una hora que tenía me mandaba al salón de actos a tocar lo que saliese

-¡Qué pedazo de maestro!

-Oh, me acuerdo Tito Oliva me daba la parte académica ahí y después nos veníamos caminando a su casa, que queda en la zona de 25 de Mayo y Perito Moreno, y se venía la práctica. En esa casa me acuerdo que solo había una mesa, una silla, una cama y el piano. Ahí me enseñaba las armonías. Fueron un par de años hermosos, de mucho aprender.

-¿Y cómo se sigue escribiendo tu historia musical?

-En la Normal, en tiempos en los que Marcela Podda se estaba yendo -que por cierto canta muy bien-, armamos un grupo que era medio un quilombo y después se fue formalizando. Ahí me encontré con Luis Dávila, aún amigo que aún mantengo, también estaba Carlitos Platero, que hoy es diputado. Y en ese fin de curso llenamos el salón de actos de la Escuela Normal. No sé cómo ni por qué, pero lo llenamos. El sonidista fue Carlitos Vargas, que hoy es fotógrafo y en aquel entonces un gran sonidista. Y también estaba Andrés ‘Lata’ Lara, que dijo ‘estos chicos llevan mucha gente, con estos podemos hacer algo’. Ahí nos propusieron como banda invitada del grupo ‘La Gente’ en el Teatro Sarmiento y ahí ya estábamos como más formales. Ya estaban Rody Beatrice, María José Ortiz, Sergio Cortez –que ahora está en la banda de Policía- y algunos más.

-Lindo despegue, ¿y después?

-Después de eso nos fuimos a Chile en el ‘89-90, época de la hiperinflación entre Alfonsín y Menem. La verdad que la pegamos. Volvimos y con el grupo, que se llamaba ‘Desnivel’, hicimos otro Teatro Sarmiento y nos fuimos a vivir, tocar y trabajar a Córdoba.

Nos fuimos a Chile en el ‘89-90, época de la hiperinflación entre Alfonsín y Menem. La verdad que la pegamos Nos fuimos a Chile en el ‘89-90, época de la hiperinflación entre Alfonsín y Menem. La verdad que la pegamos

-¿Córdoba concentraba el sueño del joven músico de aquellos años?

-Sí, Córdoba y también Rosario. Para mí en ese momento Fito, Charly y Spinetta lo eran todo. Justo prácticamente a todo el grupo nos contratan para un salón de fiesta como un tipo de orquesta estable. Ahí conocimos a muchos folkloristas, cuarteteros y también gente del palo del rock. La verdad que fue una experiencia hermosa. Estuvimos como del ‘90 al ’93. Ya después me vine, me casé y nació Agustina, mi primera hija.

-¿En algún momento dijiste voy a agarrar este laburo más formal, más del sistema, y en paralelo sigo con la música?

-Sí, me pasó. Cuando volví, en tres años había cambiado muchísimo la música acá. Estaba totalmente fuera de órbita y entré a trabajar a Taranto, donde está ahora la cervecería. Ahí dejé de tocar hasta que Oscar Kümmel me llama para que le hiciera la música de Argimón, un pedazo de obra que ganó premios por todos lados.

-Y de nuevo al ruedo.

-Sí y después de eso un amigo me llama, en el ’95 o ’96, para tocar con ‘Por tu perra’. La era sónica del rock argentino me la mamé de punta a punta. En el 96’ tocamos como cuatro veces con Babasónicos, también con Juana La Loca, Los Brujos, etc. Fue una cosa tremenda, tocamos en Cemento. En el ’97 hice un quiebre y dije ‘ya no sigo en esta’. Ya tenía mi estudio armado y eso me compensaba más.

La era sónica del rock argentino me la mamé de punta a punta La era sónica del rock argentino me la mamé de punta a punta

-¿Vos siempre con los teclados?

-Sí. También fue aprendiendo algo de guitarra, pero siempre con el teclado, la secuencia, el sintetizador. Todo eso es lo mío hasta ahora.

-¿Qué vino tras la era sónica?

-Un amigo, el famoso Marcelo ‘Pato’ Guardia, me invitó para formar un dúo, se llamaba ‘Lollapalooza’. Tocamos un tiempo y después me llamaron para seguir haciendo música de teatro, para documentales y ya empecé con los jingles. Empecé a meterme en la parte publicitaria. Ese era como mi otro trabajo.

-Y por ahí te mantuviste hasta la llegada de Guacamole y Limbo, ¿qué fue primero?

-Limbo, Guacamole surgió unos años después. Limbo es la parte creativa, donde van las ideas, las grabaciones, las composiciones, un lenguaje distinto. En Guacamole yo acompaño más, la estrella es Mariana (Viera Campbell).

Limbo - Eclec7ic

-¿Has tocado todos los palos de la música?

-Tango un poco en Córdoba, folklore sí. Jazz poco y nada. Melódico, pop y rock sí. Música instrumental también, incluso música de película. Ahora estoy justamente con una maqueta para una peli.

Limbo es la parte creativa, donde van las ideas, las grabaciones, las composiciones, un lenguaje distinto Limbo es la parte creativa, donde van las ideas, las grabaciones, las composiciones, un lenguaje distinto

-¿Qué te pasa con los nuevos géneros?

-Los veo como mirando el atardecer en la playa. Los veo que son como ghettos y no es bueno eso. En todas las épocas en las que toqué nunca fue bueno eso. Antes estaban los 'poperos' y los rockeros, o los cuarteteros y los folkloristas. Yo he tenido la suerte de relacionarme con todos. De todos aprendés. Hasta el año pasado estuvimos ahí de hacer un tema con el Yeyo.

-¿Quién es el Messi de la música que tenemos en San Juan?

-Acá yo podría ubicar a tres en distintas épocas: Ricardo Greguar, Tito Oliva y Daniel Giovenco.

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Media hora entre preguntas con Fabián Noriega

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