A la herencia musical que le dejó su padre la paró de pecho desde bien pequeño. La acomodó bajo los tapones del entusiasmo y disfruta repartiendo su talento su inconfundible vozarrón. Claudio Rojas lleva casi tres décadas conquistando escenarios y reinventándose entre tangos y cuyanías al compás de los nuevos tiempos.
Claudio Rojas: un cantor de toda la cancha
En su canto homenajea constantemente el cancionero popular y a través de sus composiciones desperdiga mimos al mundo del deporte, del amor y de otros frentes de la vida cotidiana. En el ciclo ‘Media Hora Entre Preguntas’ charló del ayer, del hoy y del mañana, y al pasar -sin ponerse colorado- se animó a revelar una traición de su autoría.
-¿Cómo es ser artista en estos tiempo de tantos vaivenes socioeconómicos?
-No es el mejor momento. Tanto es así que este año había pedido dos fechas para shows en el Teatro Municipal y una en el Teatro Sarmiento y al final decidí que no. No es el momento para jugármela con la creatividad de esas producciones como me gusta a mí. He ido más por salas pequeñas, mucho trabajo con videos, grabaciones.
-Tras romper el hielo, ahora sí contame de dónde viene eso de ‘Tanguero, cuyano y cantor’.
-Es una búsqueda de identidad aconsejada hace más de 20 años. Yo viajaba una vez por mes a Buenos Aires a tomar clases con Fabián Russo en la Academia Nacional del Tango y él me dijo que por mi registro vocal y por ser de San Juan podía apostar por recuperar al cantor nacional. Cantor nacional fueron Agustín Magaldi, Gardel y Edmundo Rivero. El cantor nacional es una figura que se perdió con el tiempo. Después el cantor ya era solo de tango o solo de folklore, se perfilaba para un solo rubro. El cantor nacional es un intérprete que canta todos los géneros que abarquen autores y canciones argentinas de sur a norte y de este a oeste. Yo en ese momento le dije que no me sentía preparado para ser un cantor nacional, pero sí para empezar con algo que era mío, que es lo cuyano. Y ahí nació lo de tanguero, cuyano y cantor.
-Y lo tuyo con la música se resume en herencia, ¿no?
-Sí, había que respaldarlo con la sangre. Además, a mí me sirve para en cierta medida recordar a mi papá (Esteban Rojas). Por más de 50 años, él y el tío Oscar Pelaitay se preocuparon y ocuparon de defender a los compositores cuyanos por todo el país. Recuerdo que principalmente difundieron mucho la obra de Buenaventura Luna. Yo tomé esa posta y de alguna manera intento continuar el camino que él me allanó.
-Vos te movés por el camino de la música homenajeando el repertorio tradicional, pero también tenés un guiño a través de tus composiciones al mundo del deporte.
-Sí, es así. Hay un tango que hice inspirado en nuestras campeonas del mundo Leonela Yúdica y Cecilia Guzmán. Tuve la posibilidad de verlas en el club Landini preparándose para las peleas y eso me sirvió mucho para contar un poquito sus historias. No me considero poeta sino que intento narrar lo que tengo a mano. Y después hice esa milonga para Messi, que siempre le voy a estar agradecido porque me dio un importante número de suscriptores en Youtube. También me sirvió para hacer notas en medios nacionales.
-¿Sos más tanguero, cuyano y cantar o hincha de River?
-Ahora soy más tanguero, cuyano y cantor. En otros tiempos fui muy fanático de River. Es más ahora hay goles de River que festejo sin gritar porque hay que cuidar la voz. También tengo que decir que me hice más hincha de River cuando descendió, pero ya me agarró grandecito así que no hice tantas locuras.
-¿El sentimiento por River también lo heredaste de tu padre?
-Sí, también. Estamos tan en confianza que voy a contar algo que nunca dije en público. No existe fotos ni nada porque me ocupé de romper todo, pero hasta los 7 años yo era hincha de Boca. Después por influencia de mi viejo y de mi hermano más grande me terminé haciendo hincha de River. También coincidió con ese equipo del Bambino Veira que ganó todo. Y se terminó de inclinar la balanza cuando River vino a jugar a San Juan y mi viejo me llevó al Hotel Nogaró para conocer a los jugadores y todos me saludaron. El Beto Alonso hasta me dio un cachetón cariñoso.
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