El talentosísimo músico Martín Ferres estaba citado al programa Paren las Rotativas a las 23, llegó a los estudios de Telesol unos minutos antes sin pretensiones y generando una buena onda en el ambiente que traspasó la pantalla. Esta simple descripción del ingreso del artista, pinta de lleno como es Ferres, el bandoneonista sanjuanino que integra el grupo Bajofondo, liderado por Gustavo Santaolla (ganador de múltiples premios y hasta de dos Óscars).
El músico sanjuanino que conquistó al mundo
El bandoneonista forma parte del grupo Bajofondo. El músico vive en Buenos Aires y recuerda con mucho cariño a la Provincia que lo vio nacer.
Ferres nació en San Juan y estudió en la Escuela de Música. Guarda muy buenos recuerdos de la Provincia y aseguró que algunos de los grandes momentos de su carrera los vivió aquí: uno de ellos fue cuando tocó con Bajofondo en el estadio Aldo Cantoni y otro cuando lo invitaron a participar en la Fiesta Nacional del Sol. En esta edición de la celebración volvió, pero con un papel protagónico: compuso y tocó la música en la Noche Soberana.
"Tiene un encanto personal tocar en San Juan. Cuando la Ministra de Turismo me llamó, ella me entusiasmó mucho, es muy grato que se acuerden de vos. En ese sentido, la Provincia siempre ha tenido gestos, el Diario de Cuyo por ejemplo siempre me ha seguido la carrera. La propuesta era linda porque la Noche Soberana tiene mucha identidad sanjuanina. Un octavo de Bajofondo es sanjuanino”, contó el músico en Paren las Rotativas.
Martín empezó a tocar el bandoneón casi de casualidad. "Una vez fui a escuchar una orquesta de tango, le dije a mi acompañante que me gustaba el bandoneón y ella con la practicidad femenina me dijo que empezara a estudiar bandoneón si tanto me gustaba”, recordó.
Fue así como decidió destinar el dinero que tenía ahorrado para irse a vivir solo para la compra del instrumento que tanto le gustaba. "Empecé a buscar en un diario de usados, en la Reventa, busqué y aparecía un bandoneón. Llamé y era un señor que tenía a su mujer enferma. Le dije que lo podía comprar pero en tres cuotas. En la segunda cuota me llama y me dice que su esposa estaba empeorando, y le dije que le devolvía el bandoneón y él me dijo que yo lo iba a aprovechar mejor que él”, señaló Martín. Esa es la historia con el primer bandoneón que adquirió. El otro se lo compró a un señor de apellido Carrizo, cuya nieta se puso en contacto con él a través de las redes sociales.
Durante un año practicó solo con el bandoneón hasta que se sintió en condiciones de tomar clases. "Busqué un profesor, me lo recomendaron a Rodolfo Mederos, el único discípulo de Piazzolla. Yo trabajaba en la escuela Antonio De la Torre, en Rawson, los viernes me tomaba el ómnibus, el sábado llegaba a Buenos Aires y tomaba clases con Rodolfo y el domingo me volvía. Así estuve dos años. Cuando Rodolfo se enteró como a los seis meses no lo podía creer, no me cobró un mango”, contó Ferres.
Su vida en Buenos Aires se fue dando. Martín actuaba con Juan Carlos Carta y con un elenco formado por el director participaron en un Festival de Mimos en Córdoba. En la provincia serrana los invitaron para ir a Buenos Aires. Se fue y no volvió más.
En Buenos Aires no tuvo nada fácil al principio. Después de vario tiempo, consiguió dar clases en el Centro Cultural San Martín y también una beca del Fondo de las Artes. "Con esa plata pagué seis meses de alquiler de un departamento y me compré una computadora. Una vez tranquilo empecé a desarrollarme”, dijo.
Fue en ese proceso cuando conoció a Gustavo Santaolla. Un amigo lo fue a buscar a la salida del Centro Cultural San Martín y lo invitó a la Catedral, una milonga en donde se baila tango y en donde conviven desde directores de cine de primer nivel hasta chicos de barrio. Si bien Martín estaba agotado, se prendió. A las 2.30 tocó en la Milonga. A los 15 minutos se paró Santaolla. "Me dijo que le encantó lo que toqué, sobre todo el tema mío. Me anota en un papel el número de celular, me lo dio. Eso fue a las 3.30. A las 4.30 vuelve, me dice que conoce a la gente como yo y me pidió mi número de celular. Yo me fui y Gustavo seguía allí. A las 9 me suena el teléfono, yo mosca. Me llamó Gustavo y me dijo que le encantó lo que toqué. Y ahí empezó la historia”, recordó Ferres.
De esta manera, casual pero no tan casual porque detrás de esa aparente suerte hay talento y mucho trabajo, Martín empezó su historia con Bajofondo, el grupo de tango electrónico que deslumbra en el mundo entero y en el país. Bajofondo ha recorrido varios continentes: desde Asia hasta Europa, pasando por América. "He tenido la oportunidad de viajar mucho, de ir a varias partes del mundo. De Portugal a Noruega, Asia hicimos bastante y en Europa hemos hecho prácticamente todo, me queda Rusia y me encantaría ir. Pero tocar en San Juan tiene un gustito especial”, agregó el músico.
Con el reconocimiento internacional y de la provincia que lo vio nacer, Martín puede decir que es un profeta en su propia tierra y una fuente de inspiración para aquellos músicos sanjuaninos que están arrancando su camino y que sueñan con trascender las fronteras.
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