Claudeville en versión bailarina
Fue la mujer que protagonizó la escena más emocionante del show final en la Fiesta Nacional del Sol.
Por Luz Ochoa.
Un momento único se hacía dueño de un cierre a todo dar en la Fiesta Nacional del Sol. El arte en su mayor expresión acababa su tarea con el impacto en aquellas lágrimas que rodaban por mejillas. Y en el centro, ella. Una bella mujer que acentuaba finura y sensibilidad, Mercedes Claudeville.
Aunque asegure que el concepto de protagónico sea antiguo y menoscabe su sola imagen sobre el escenario, la bailarina reconoce que ese instante fue mágico. “Lo que vivimos fue fantástico. Fue una escena que no sólo la construimos los bailarines, sino también el público. Es algo muy difícil de explicar, pero lo que se sintió tuvo una energía muy especial y lo sentimos todos”, confiesa.
“Ser parte de algo tan grande, como lo es este tipo de espectáculo es completamente hermoso. Una siente que es una minúscula porción de un todo maravilloso”, asegura la artista de 28 años que hoy se cultiva en el espacio de Formación de Artistas Contemporáneos para la Escena.
Ésta fue su cuarta participación en los espectáculos finales de la FNS. “El llamado a formar parte de de esta gran obra está desde hace cuatro años. Hay muchos artistas que estamos en Buenos Aires y que venimos, especialmente, a participar”, explica la mujer que, junto a Gabriel Rodríguez en escena, inmortalizó un momento de máxima emotividad.
La danza corre por sus venas y no es sólo en sentido figurado, sino también, casi literal. Es que su madre es Alejandra Lloveras, renombrada bailarina y
coreógrafa del ámbito local, y fue quien encarnó el personaje Cepa Madre, en la edición anterior de la FNS. “El año pasado, no tuve la suerte de estar en San Juan para verla de cerca y tuve que conformarme con verla en la tele. Me llenó mucho de orgullo. Salió hermosa y brillante”, cuenta.
Quien fuera parte de la Compañía Contemporánea Cultura Nación revela que de su madre aprendió mucho. Hoy, afirma que la danza ocupa un lugar muy importante dentro de su vida. En estado de impoluta sobre un altar. “Me encuentro en paz y en movimiento. Bailar es todo. Es mi alma, el reflejo de lo que soy y, además, es lo que sé hacer. Mi tiempo se aboca por completo a la danza”, exterioriza.
Hace cuatro años, tomó el bolso y partió rumbo a Buenos Aires. En busca de nuevas experiencias y de enriquecimiento en su práctica, la joven bailarina no afrontó la cruzada en soledad. Su hermana Emilia, otra “luchadora” -como ella la describe-, la acompañó. “Vivimos juntas durante los cuatro años y eso sirvió de mucha ayuda para apoyarnos. Hace poco me mudé sola y, debo confesar, que la extraño; estaba acostumbrada a la convivencia con ella”, declara.
Sobre la carrera y el momento de esplendor en el que se encuentra su hermana como panelista del programa Duro de Domar opina: “Tengo mucha admiración por ella. Por su valentía, su coraje, su belleza e inteligencia. Y, al mismo tiempo, temo por ella. Porque alguien la lastime. Está muy expuesta, pero son las reglas del juego”, reconoce.
Así, protectora y espontánea, se muestra Mercedes. Artista hasta la médula. Llena de vida y con una creatividad que aflora de sus poros. La mayor de un clan en el que la belleza reina y el arte aclama, dice con su cuerpo estar más viva que nunca.
Casi como una anécdota las Claudeville reconocen y cuentan que la única que continuó con el camino de la danza fue Mercedes. ¿Pero quién fue la mayor fuente de inspiración y de influencia para determinar tal destino? Y la respuesta, se encuentra en el árbol genealógico y en los lazos sanguíneos. Es que su madre, Alejandra Lloveras, ex bailarina y actual coreógrafa, fue la principal figura que le abrió las puertas a un mundo que hoy las sigue fascinando y, ello, se nota en el brillo de sus ojos cada vez que hablan de su arte.
Quien hizo su vez de Cepa Madre en la Fiesta Nacional del Sol, con un rol protagónico, en esta ocasión, se colocó tras bambalinas en la dirección coreográfica y pudo seguir de cerca el trabajo de su hija en el escenario. “En todo, fue mi mano derecha. Deposité muchísima confianza en ella y se portó como una verdadera profesional. Fue un verdadero orgullo verla bailar, como siempre”, agrega Alejandra.
El vínculo madre e hija se hace fuerte y se potencia con el amor que comparten por la danza. Charlas filosóficas si las tendrán, son el resultado desde la concepción del mundo a través de de su arte. Una única visual por la que perciben, en tiempo y espacio, según dicen, con una sensibilidad casi innata.
Dejá tu comentario
Te Puede Interesar
Movida patrimonial
Por Miriam Walter
Santas razones para no demoler la historia: la cruzada por las ruinas de la Iglesia de Trinidad
Opinión
Por Natalia Caballero
Perdón Carlos Héctor Velázquez, el jubilado sanjuanino abandonado dos veces
Clima
Por Redacción Tiempo de San Juan
Lunes otoñal y agradable en San Juan: el sol se impone con temperaturas templadas
Historias
Por David Cortez Vega