“Obvio que quiero tener éxito”
–¿Qué tan simple es seguir una fórmula?
–La fórmula no me sirve. Mi hijo me dice: “Hacé otro ‘International love’ y vas a tener éxito seguro”. Pero no lo sé hacer. Confieso que, a veces, quiero hacerlo. Pero no me sale. A la hora de grabar una canción me olvido de cuál fue el día en que llené un estadio o del que llené un ascensor. ¿Cuál es mi mejor o mi peor tema? No me importa, quiero divertirme. Aunque obviamente quiero tener éxito.
–Luego de tantos discos, ¿cuando grabás lo hacés con la intención de mejorar la placa de tu vida?
–Después de tantos años te llenás de berretines y los detalles pasan a ser importantes hasta encapricharte con cuestiones que no tienen mucho sentido. Siempre renegué de los productores, pero entendí que está bueno darle tu pieza a alguien para que te acomode los muebles donde deben estar.
–¿Cómo definís tu relación con la música?
–Me siento parte de la música. No sé si una parte buena o mala. Pero desde niño me sentí dentro de la música ya que me hace vibrar y ser parte de ella. Y en relación al reggae, sé que es una forma de vida que llegó para quedarse. Cuando lo vi a Peter Tosh con su dreadlocks me dio vuelta todo. Era la imagen de la rebeldía.
–¿Cuál es la forma que tiene un músico de ser rebelde a los 48 años?
–Dicen que aquel que es rebelde toda la vida es el más valioso de los rebeldes. Pero también se dice que aquel que no cambia durante treinta años, vive al pedo. No sé cuál es la mejor de las dos, pero la rebeldía se va transformando con el paso del tiempo. Y lo que antes fue un grito, hoy es una perseverancia. Yo no te digo que no como de la música, pero reniego de los oficinistas de la música. No quiero ser así. Si pierdo la emoción por esto, me voy a trabajar de otra cosa.
–¿Tenés rutina de composición?
–Admiro a la gente que para hacer una canción ensaya un año. Yo soy lo opuesto. Soy un vago. Me avisan cuándo tengo que ir a grabar, me preguntan si tengo el tema listo y les miento y digo que sí. Y hasta que no llega ese día no hago nada porque no sé ni afinar la guitarra. Entonces agarro un papel, escribo tres notas y les digo que el tema es así. Y ahí se va armando. Luego me llevo lo que grabamos y trabajo sobre eso. Pero casi siempre la primera idea es la que va. Así salieron canciones que han bailado más de uno.
–¿Tu viejo –N. de R.: Enrique Nadal fue un importante defensor de los derechos de la población de raza negra en la Argentina– llegó a ver el reconocimiento que lograste con la música?
–Mi viejo nunca quiso que me dedicara a esto. Cuando no tuvo otra opción, me felicitó. Pero él quería que fuera a la universidad. Recuerdo que cuando no quería ser tan drástico, me decía: en lo que seas, sé el mejor. Pienso que no lo logré, pero está buena la premisa.