"Subnormal, subnormal" fue el cántico que escuchó Lionel Messi por primera vez allá por 2012 cuando aficionados al Real Madrid intentaron provocarlo durante un clásico contra el Barcelona en el Santiago Bernabéu. En la intención y el tono agresivo de los fanáticos quedaba clara la actitud de denigrar al futbolista argentino haciendo relación a la enfermedad de la hormona del crecimiento en su etapa infantil y pre adolescente. Más allá de que el astro del Barça supo sobreponerse a la situación, lo cierto es que la prensa española destacó el fastidio de Leo y los cruces con los madridistas Xabi Alonso y Arbeloa; a éste - según las versiones fuertes del momento - la Pulga fue a buscar tras el partido a la playa de estacionamiento con el afán de pedirle explicaciones. El hecho sucedió en la transición entre el exitoso ciclo de Pep Guardiola y el surgente de Tito Vilanova, cuando el blaugrana parecía en una etapa de refundación de su paradigma futbolístico y el "merengue" parecía haberle encontrado la vuelta al funcionamiento colectivo de su archirrival.
Messi también fue víctima de la discriminación de racistas en el fútbol
El rebrote de los grupos neonazis y neofascistas en el fútbol europeo recrudece a pesar de los esfuerzos por contener a este flagelo. "Subnormal, subnormal", se escuchaba.
La agresión verbal suele ser penada con mayor dureza que la física en los reglamentos que rigen la FIFA; por ende, ese criterio debe ser aplicado en cualquier liga del mundo asociada a la federación internacional. La descalificación al adversario siempre estuvo ligada al interior del campo de juego, pero la escalada en el nivel de agravios en las tribunas también se potenció hasta el límite de dejar de lado el foco meramente futbolístico hasta caer en referencias directas al racismo, xenofobia, chauvinismo y homofobia. En canchas argentinas, inclusive, los cantos de una hinchada a otra rozaban lo naif hasta mediados del siglo XX. Más cerca de la década del'60, las alusiones ganaron en violencia simbólica. Y fue en Europa, precisamente, donde comenzó a advertirse que sectores del neofascismo y neonazismo habían empezado a reagruparse en el espacio público del estadio. El caldo de cultivo fueron los clubes, especialmente los de Italia, España, Alemania, Francia, Inglaterra y Holanda. Y la tendencia creció hasta nuestros días en todo el planeta, sin solución a la vista.
A poco de iniciarse el Mundial 2006, en Alemania, el agrupamiento de ultraderecha autodenominado Schutzbund Deutschland instaló una campaña a través de stickers en contra de la figura del futbolista Gerald Asamoah, de origen ghanés. "No, Chita, no eres alemán si no un mono". Tal nivel de difamación provocó rechazo de los sectores más progresistas afincados en la Bundesliga pero meses después de finalizada la Copa del Mundo, el propio defensor denunció públicamente en el diario Bild que compañeros de él en la Selección optaron por no manifestarse sobre el tema y tampoco le demostraron solidaridad. Entre los aludidos estaba el capitán del equipo, Michael Ballack y varios de sus compañeros más reconocidos.
(Gerald Asamoah)
Lejos de haberse avanzado en la solución a este flagelo, en el pasado Mundial 2014 de Brasil, fue el delantero Karim Benzema quien hizo alusión a cómo era tratado por parte de la prensa gala y buena parte de la opinión popular en su país. "Si hago goles me dicen que soy francés y si no los hago me dicen que soy árabe" fue la frase que lanzó el también jugador de Real Madrid. Y a otro de los integrantes de les bleus - Samir Nasri - le sucedía lo mismo. En 1998, en ocasión de la Copa del Mundo, el líder de la ultraderecha francesa Jean Marie Le Pen llegó a expresar "dudo que sepan la letra de la Marsellesa" en referencia al color de piel y origen de buena parte del seleccionado de Francia, a la postre campeón del mundo. La estrella del equipo, Zinedine Zidane, salió a contestar el comentario xenófobo del político: "El señor Le Pen casi se muere cuando vio a diez negros cantando la Marsellesa".
(Karim Benzema)
A Diego Maradona solían recibirlo con leyendas agraviantes cuando visitaba el norte italiano con el Nápoli. De los términos soeces se pasaba directamente a las alusiones sobre la condición de sudamericano de quien era por entonces el mejor jugador del mundo. Era frecuente ver en partidos frente a Juventus, Milan, Inter o Fiorentina frases escritas en pancartas tales como "Bienvenidos a Italia" o "campeones de África del Norte". Durante el Mundial 1990, en la previa al duelo con la "azzurra" en el SanPaolo, el diez argentino utilizó un lenguaje elíptico para referirse a la rivalidad entre los norteños poderosos y los sureños postergados. Días después, le rechifla al himno argentino antes de la final contra los alemanes fue contestada por el ídolo de las napolitanos con tanta contundencia que ni se mereció una explicación del comentarista de turno cuando se trasmitió la imagen por la
Un hecho tan irritable como aberrante sucedió la semana pasada en la Plaza Mayor de Madrid cuando aficionados del PSV Eindhoven holandés - a la espera del juego contra el Atlético de Simeone, por la Champions - se burlaron de un grupo de mujeres de nacionalidad rumana que solicitaba una colaboración económica. Los fanáticos lanzaron monedas al piso y hasta quemaron billetes para burlarse de las mendigas, en medio de risotadas y frases altisonantes de desprecio. Poco después, el propio presidente del club, Toon Gerbrands, comunicó que las personas a quienes se identifique como socios en los videos serán sancionadas.
La misma actitud fue adoptada por la dirigencia de Real Madrid en ocasión del episodio que tuvo a Messi en el centro de la escena años atrás. Diecisiete asociados fueron expulsados de los registros de la entidad, mientras se la liga profesional - LFP - se comprometió a denunciar semanalmente a la Comisión Antiviolencia todo tipo de cánticos de tono discriminatorio en los estadios españoles. Una buena medida que bien podría ser imitada en la AFA respecto de las manifestaciones de índole segregadora que se suelen escuchar en las canchas argentinas y en cualquier parte de su territorio. Más allá de que parezca hasta una ingenuidad que este tipo de expresiones xenófobas vayan desapareciendo del fútbol como por arte de magia, lo cierto es que nunca es tarde para poner en práctica todo tipo de iniciativas para desterrarlas. Inclusive, para ir generando conciencia en las actuales generaciones y en las que vendrán. Sólo así podremos decir alguna vez que la pelota no se mancha.
(Fuente: Los Andes)
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