Esta no es la historia de Babe pero si la de Charly, otro cerdito valiente que es protagonista de una historia digna de una película. Hace tres meses se lo regalaron a Adrián Samhueza, un trabajador neuquino, con la idea de que en un tiempo lo faenara como es tradición. Pero el hombre, empleado en un lavadero, se encariñó al verlo tan pequeño y gracioso, le puso un nombre y lo dejó ser. En el camino, el cerdito se hizo compañero de su perra Lola y juntos comenzaron a pasear por el centro de Neuquén como si tal cosa. El problema de fondo es que el municipio prohíbe, por cuestiones de higiene y salud pública, mantener de mascota a un cerdo y para colmo el animal a veces ocasiona problemas de tránsito en las calles por las que circula.
La insólita historia del chancho que se cree perro
Se lo regalaron a un hombre para que lo faenara, pero le tomó cariño y no lo quiere sacrificar. Hoy lo tiene como su mascota: el perro anda por la calle y los vecinos se quejan. Pero otros lo defienden.
Entre los vecinos y en las redes sociales ya se desató la polémica porque cada vez son más los que se niegan a que Samhueza sacrifique al cerdo. "Liberen a Charly", quien en rigor no está preso, se ha transformado en una frase de batalla que, medio en broma medio en serio, pronuncian los vecinos en los mensajes radiales y en Facebook, donde el hombre colgó fotos de Charly en su casa. El lavadero de Samhueza se encuentra ubicado a diez cuadras de la ruta y en el propio radio comercial de la capital neuquina, lo que facilita las "fugas" de Charly, el que en los papeles se comporta como un perro.
Samhueza y su perra Lola
"No sé que pensará, tal vez cree que es un perro. Hoy tempranito se fue a pasear a una plaza que hay, anda feliz con Lola", le cuenta Samhueza a Clarín. El dueño es consciente de que su cerdo crecerá hasta pesar los 300 kilos sino lo sacrifica ahora que es joven. "Me ofrecieron transformarlo en padrillo, pero como tiene un problema en la cadera no sé si podrá servir", explica Samhueza que cada día debe contestar en su lavadero numerosos llamados telefónicos de vecinos que le suplican que no convierta al animal en asado.
Desde que Charly comenzó a salir han tratado de robárselo tres veces y en todas las ocasiones intervinieron los vecinos advirtiéndole a Samhueza que el cerdito estaba en peligro. "La gente se preocupa por él, no dejan que nadie me lo lleve, le agarraron cariño", dice. En uno de esos intentos de "secuestro" el ladrón incluso llegó a meterlo en el baúl del auto, pero su dueño alcanzó a llegar para rescatar a su mascota de un sangriento final. Samhueza vive en un departamento y tiene 4 hijos, de modo que difícilmente pueda hacerle un lugar al cerdo. "A medida que crezca va a tener más problemas de cadera", se queja, sabedor de que deberá matarlo más temprano que tarde. Por ahora Charly va ganando fama y adeptos. Los vecinos además de cuidarlo de sus raptores lo alimentan con verduras. Su historia todavía tiene un final abierto.
Fuente: Clarín
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