El hijo de Jorge Olivera: De abogado a sacerdote del Verbo Encarnado
La respuesta sobre los dos militares prófugos podría estar en Mendoza. La congregación ultraderechista del primogénito.
El reverendo padre Javier Olivera, primogénito del represor más buscado del país, pertenece a sus filas.
Hay un episodio que lo pinta por entero. En agosto de 2000, cuando el papá languidecía en la cárcel romana de Regina Coeli, tras ser capturado por pedido del juez parisino que instruía la causa por la desaparición de la modelo franco-argentina Marie-Anne Erize, el joven Olivera –quien, por entonces, era apenas un abogado recién diplomado– fatigaba estudios de TV, junto a la madre, para minimizar el carácter criminal de su progenitor. En esas circunstancias, acudió al programa de Mariano Grondona, cuyo show en aquella ocasión consistió en convocar a un sobreviviente del campo clandestino La Marquesita, de San Juan, en donde el mayor Olivera despuntaba su fervor por la tortura.
"¿Te puedo tutear? –soltó el hijo del represor– Porque yo soy también del pueblo, así como vos. Te puedo tutear, ¿no? Vos decís que trabajabas con las manos. Mostrá las manitos. ¿A ver? ¿Vos tenés las manitos de Moyano? Me parece que tenés manitos de las que le pegan al gatillito, ¿eh?"
Mamá intervino en el diálogo:
–¿Cómo fue que te soltaron?
–No sé, me soltaron.
–Habrás colaborado –dijo ella.
El hijo, entonces, acotó:
–Es porque traicionabas, ¿no?
Ese sujeto era la viva imagen de su padre.
Lo cierto es que Javier Olivera, quien a los 23 años era un católico fanático que frecuentaba los círculos integristas, viajó a Italia para asistir al “Carnicero de San Juan” –tal como la prensa europea llamaba al mayor Olivera– y su primer paso fue conchabar al abogado fascista Augusto Sinagra, un integrante de la logia P-2 que en su momento había defendido al Licio Gelli. Ahora se sabe que el retoño del represor no fue ajeno a la maniobra –urdida desde las entrañas del Ejército– que consistió en el envío de documentación falsificada a Italia para lograr su liberación, cosa que ocurrió tras 42 días de arresto.
Ordenado sacerdote a fines de 2008 en el Instituto del Verbo Encarnado, el ahora padre Javier es un cuadro de la congregación. Una congregación cuyos integrantes están acusados de conductas deshonestas, abuso de poder, abuso psicológico, sexual, y encubrimiento. Una extraña secta con 45 sedes en todo el mundo y que cuenta con recursos económicos ilimitados. Allí, en San Rafael, el hijo del represor –que se desempeña como profesor del Seminario Diocesano y es autor de cuatro libros teológicos– sigue impartiendo misa en la parroquia San Maximiliano Kolbe. No sería de extrañar que en aquella ciudad, bajo el techo de algún inmueble de la congregación, su padre, el asesino, haya encontrado cobijo.
(Fuente: Tiempo Argentino)
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