Sin límites: secuestró a su hija por 24 años y la violó tres mil veces
Esta es la historia de Josef Fritzl, conocido como el monstruo de Amstetten, una ciudad de Austria.
El hombre comenzó a violar a la niña cuando ella apenas tenía 11 años y a los 18 decidió encerrarla en el sótano de la hostal donde él vivía junto a su esposa, Rosemarie y donde además arrendaba habitaciones.
Durante la investigación por el secuestro de su hija, según publicó Biobiochile también se descubrió que Josef mantuvo a su madre en cautiverio por alrededor de 20 años.
En 1965, la mujer se trasladó al hogar de Fritzl quien aún dolido por la vida que ella le dio, decidió vengarse encerrándola en el ático cuyas ventanas fueron tapiadas con ladrillos para mantenerla en la oscuridad. El hombre la mantuvo allí hasta que la mujer murió en 1980.
La esposa de Josef, Rosemarie, aseguró que nunca sospechó lo que ocurría con su suegra.
En tanto, Josef y Rosemarie tuvieron a su cuarta hija a quien nombraron Elisabeth. Al igual que su madre, la niña tenía una personalidad tímida y tranquila, algo que no le gustaba a su padre pero que no impidió que comenzara abusar de ella cuando apenas tenía 11 años.
En 1983, cuando tuvo la edad suficiente para cuidarse de si misma, huyó de su casa y se escondió en Viena, en el hogar de un amigo. La policía, sin embargo, dio con su paradero y la regresaron con sus padres.
Josef comentaba a todos sus amigos que la joven tenía malas compañías y que incluso bebía y se drogaba, por lo que no le extrañaría que volviera a huir de casa.
El 29 de agosto de 1984, Fritzl le pidió ayuda a Elisabeth para llevar una puerta al sótano -donde había construido una habitación secreta- . Cuando estuvieron allí el hombre puso una toalla con cloroformo en el rostro de la joven, quien quedó inconsciente de inmediato. Desde ese día, nunca más volvió a salir de ese cuarto. El hombre la mantuvo encadenada a la pared y sólo la liberada para violarla.
Durante el tiempo que mantuvo a Elisabeth aislada, la mujer tuvo siete hijos con su padre. Según declaró ella, en 1996 tuvo gemelos, pero uno de los bebés nació con problemas respiratorio y Fritzl se negó a llevarlo a un hospital. El niño murió a los pocos días. Su padre se hizo cargo del cuerpo y lo cremó en la caldera de la hostal.
Otros tres menores fueron arrebatados del lado de su madre y dejados en diferentes ocasiones afuera del hogar de los Fritzl para que fueran criados por Rosemarie.
El 19 de abril de 2008, la hija mayor de Josef y Elisabeth, Kerstin, comenzó a sufrir de fuertes dolores de estómago cayendo inconsciente a las pocas horas. La mujer le rogó a su padre llevarla a un hospital, quien finalmente accedió y llamó a una ambulancia diciendo que había encontrado a la joven así en la puerta de su casa.
En la clínica, los médicos descubrieron que Kerstin de 19 años sufría de un problema renal pero como no contaban con su historial médico comenzaron a buscar a sus padres.
Tras revelarse toda la verdad y el correspondiente juicio con Fritzl, Elisabeth y los niños de establecieron en un pueblo cercano a Amstetten, donde se les dio nuevas identidades para evitar el acoso de la prensa, pero en 2013 una nota del medio británico The Independent reveló el lugar donde vivían y algunas fotos de la familia, pero los vecinos del sector se opusieron y lo obligaron a irse.
A pesar de eso el diario sacó a la luz los nombres actuales y publicó imágenes de las víctimas que hoy llevan una vida casi normal ayudada por una pensión que les entrega el Gobierno.
En tanto que Fritzl, se encuentra internado en prisión para enfermos criminales de Stein, Austria, donde recientemente comenzado a mostrar signos de demencia senil, y la edad de 80 años.
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