El Instituto Nacional de Vitivinicultura (INV) oficializó este lunes la incorporación de dos nuevas prácticas enológicas que impactarán en la producción de vinos en todo el país. A través de resoluciones publicadas en el Boletín Oficial, el organismo habilitó el uso de citrato de cobre y de bicarbonato de potasio en el proceso de elaboración, con el objetivo de mejorar la calidad del producto final.
El INV autorizó nuevas prácticas enológicas y flexibilizó controles en la industria del vino
El Instituto Nacional de Vitivinicultura autorizó el uso de citrato de cobre y bicarbonato de potasio en la elaboración de vinos en Argentina, mientras avanza la flexibilización de controles tras la rebaja de categoría del organismo.
La Resolución 29/2025, firmada por el presidente del INV, Carlos Raúl Tizio Mayer, aprobó el uso de citrato de cobre para reducir olores y sabores desagradables generados por compuestos de sulfuro de hidrógeno. El texto establece que la dosis máxima de citrato de cobre hidratado no deberá superar 1 gramo por hectolitro de vino.
En paralelo, mediante la Resolución 30/2025, el organismo autorizó la desacidificación de mostos y vinos mediante la adición de bicarbonato de potasio, una técnica ya utilizada en la Unión Europea. Según explicó el INV, esta sustancia reacciona con los ácidos, principalmente el tartárico, formando bitartrato de potasio que precipita y reduce así la acidez. También en este caso se fijó una dosis máxima de 1 gramo por hectolitro.
El organismo recordó que estas medidas se enmarcan en la Ley 14.878, que le otorga la facultad de modificar o ampliar los procedimientos permitidos en la vitivinicultura. Además, advirtió que cualquier incumplimiento será sancionado de acuerdo con la normativa vigente.
Menos controles en el sector
Las novedades se conocen en un contexto de cambios recientes en el INV. Hace poco más de un mes, el Gobierno nacional dispuso la rebaja de categoría del organismo, lo que derivó en una flexibilización de los controles en la cadena de producción.
Antes, las verificaciones se aplicaban sobre todas las etapas del proceso, desde la cosecha hasta la elaboración y el fraccionamiento. Sin embargo, tras el decreto 426/25, los controles pasaron a concentrarse principalmente en la etapa final de comercialización, mientras que en algunos casos se volvieron optativos.
Estas modificaciones forman parte de un paquete más amplio de reformas que afectaron a 21 organismos estatales, y que cambiaron la dinámica de control sobre una de las industrias más representativas del país.