Editorial

Presentismo, outsiders y otras yerbas, su impacto en San Juan

Se viene una elección atípica. Menos gente, seguro, a quién le sirve. Los Milei y Espert locales, por dentro. Reflexiones a una semana de la primera cita electoral post pandemia.
sábado, 4 de septiembre de 2021 · 09:52

Habrá menos votantes el próximo domingo que en casi todas las elecciones democráticas en San Juan, con previsible excepción de aquel domingo del 2001, cuando arrasaba el que se vayan todos. Es un hecho, resta analizar el impacto en los resultados, beneficiarios laterales que los habrá.

Antes, los datos que insinúan esta tendencia irreversible. Hace tres domingos, en Salta pasaron por las urnas a designar legisladores, con un resultado arrasador: fue a votar el 64% de la gente para una elección obligatoria (es decir 36% ni fue), 10 puntos menos que la anterior cita electoral, mientras que el 13 lo hizo en blanco. Es decir que poco más de la mitad fue a votar de manera efectiva.

Y la semana pasada fue el turno de elegir gobernador correntino, con una curva muy similar. Sólo acudió el 66%, 11 puntos menos que cuando se votó para gobernador 4 años atrás. Mientras que el voto en blanco fue similar al de los salteños, del 12%.

Y eso que en esas elecciones hubo algo para definir, legisladores en un caso y nada menos que gobernador en el otro. En San Juan, estas Paso no definen nada en los grandes conglomerados políticos. No lo hacen ni el oficialismo ni los dos grupos de oposición más importantes (Juntos por el Cambio y Concenso Ischigualasto) que tienen fórmulas únicas, sólo ejercerán el turno en toda su amplitud las dos opciones que se abren en la izquierda (entre las listas encabezadas por Cristian Jurado y Nicolás Méndez), que en la provincia siempre fueron minoría y este año no amenazan con cambiar el punch.

Con poco (casi nada) que definir y una creciente apatía hasta en el tono de todas las campañas, no es demasiado difícil colegir que esa anunciada disminución del flujo de votantes en la provincia luzca más cantada que El día que me quieras. Sin que se pueda imputar a la cuenta de la pandemia: si alguien no va a votar el domingo próximo, será muy difícil que lo decida por miedo a contagiarse del Covid.

Puede decirlo, pero es muy difícil que se verifique en los hechos. Habrá en la provincia un generoso dispositivo para que haya distancia social y cuidados. Más escuelas, más mesas, mayor despliegue geográfico. Nada que atemorice a los escasos sanjuaninos aún preocupados por no ganar la calle de manera decida ante el acecho del bicho. Votar será menos preocupante que hacer la cola en cajero, por copiar una conducta de jubilados. O que tomar un colectivo, o que pagar en el supermercado. Ni hablar de sentarse en un café.

Si no van, será por el esmerilado sistémico que gana cancha cada minuto. Alentado en parte por cierto extraño anarquismo que suele ser inoculado cuando las cosas no les son favorables por dentro de cualquier democracia, en parte también porque los protagonistas no dejan de entregar argumentos. Pero está pasando, y pasará con fuerza también en San Juan
Decantada la tendencia, habrá que deducir beneficiarios hasta sin quererlo. Y para eso, puede ser útil seguir la ruta del razonamiento de quienes pegarán el faltazo. Son una parte de desencantados del sistema, que en cada segmento democrático encuentran un motivo de repulsión que los espanta. Son otra parte de malos perdedores que, como en el campito, se llevan la pelota al tercer gol en contra.

Pero son, siempre, enojados con los que están. Con bronca, con desencanto, con indiferencia o con lo que sea. Si esa gente llega al cuarto oscuro, lo más razonable es que colocaran un voto de protesta. Y como es difícil sufragar contra el sistema hacia el que descargan sus efluvios, lo más lógico es que lo hagan hacia quienes lo representan desde el comando.

Es decir que esa cuenta de un 10% de diferencial entre los que no van nunca a votar a los que esta vez no irán (el 25% del padrón para el primer caso, más del 35% en este caso) deberá ser cargada en beneficio de los oficialismos, nacionales o provinciales.

También el grueso del anunciado voto en blanco, que saltará desde un 3-4% frecuente a unos previsibles 10 puntos de piso, como se viene verificando en anteriores comicios. Ese diferencial es otra franja de desencantados, pero en otra frecuencia. Los oficialismos deberán festejar que lo hagan en blanco, no en contra.

Con un detalle adicional. Que para las Paso, los votos en blanco entran en la cuenta. Y eso hará que los porcentajes de los votos efectivos que obtenga cada candidato serán menores que los que sacarán en la general, donde no se cuentan los votos en blanco sino sólo los efectivos. De otra manera explicado, la misma cantidad de votos –pongamos 100.000- significarán un porcentaje menor en la Paso porque entran en la cuenta los blancos y aumentan el universo, que en la general.

Para quienes intentan mostrar cifras porcentuales doble pechuga como señal política, deberán esperar a la general y calmar la impaciencia. En San Juan, no sería extraño que el voto en blanco el próximo fin de semana se posicione como tercera opción más votada si es que alcanza los diez puntos. Las encuestas que se conocen hoy por debajo de la mesa señalan que eso es perfectamente factible.

La otra especie que ha ganado la calle en estas Paso tan particulares son los outsiders, definidos así los que provienen desde afuera de la política tradicional a captar simpatías en medio de un hartazgo creciente. Término impuesto más para reconocerlos que para definirlos, tan vidrioso que resulta clasificar el llanto antipolítico de quienes se nutren de la actividad.

Espert y Milei, por caso, clasificarían con comodidad en el término a pesar de que el primero fue presidencial hace dos años y el segundo dispone de frondosa foja de servicios en empresas contratistas del Estado. Que no ganan sus contratos precisamente en el mercado de la libre oferta y demanda.

Pero allí están ambos cosechando porotos gruesos en las cuentas de Capital y provincia de Buenos Aires, en ambos casos con chances de subirse a los 10 puntos y obtener una valiosa representación –aunque les duela- política.

En San Juan no hay Esperts ni Mileis ni nada que se le parezca. Sus referencias locales, partidos autoconvocados, asistentes frecuentes a las marchas provinciales, finalmente decidieron no ser de la partida de manera autónoma. La mayoría de esos dirigentes y organizaciones flamantes se sumaron a la principal fuerza opositora Juntos para el Cambio, a la inversa de los casos de Capital y Buenos Aires donde se cortaron solos y le restan votos.

La tercera opción local es Consenso Ischigualasto, bien reconocida por la trayectoria política de sus integrantes, ningunos outsiders.

Lo más parecido a un outsider de estilo clásico es Nicolás Méndez, pero -¡oh sorpresa!- no va por la extrema derecha sino por la extrema izquierda. Un dirigente nuevo que se incorpora a la grilla de habitués de las listas y lo hace por la puerta menos pensada.

Lo particular de Nicolás es su condición de contador al frente de empresas familiares, contracara del paradigma usual –claramente prejuicioso, hay que señalar- de dirigentes de condición trabajadora asalariada que puede aparecerse cada vez que uno piensa en un candidato del Partido Obrero. Como, prejuicio vigente también, quien quiera imaginarse a un candidato macrista lo primero que piensa es en un decir particular revestido de camisa celeste.

Nicolás es rescatista en el Andino Mercedario y –esquivando esos citados estereotipos-, cualquiera que lo cruce por la calle o charlando con amigos de temas coloquiales podría apostar que se trata de un votante prototípico del PRO. Pero no, es todo lo contrario. Feliz novedad, con un acertijo: alcanzará esa imagen para aspirar algún voto conservador chic en el estanque sanjuanino.

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