EDITORIAL

Una buena y una mala en el vuelo rasante de Bullrich por San Juan

No vino, pero habló sobre los temas locales. Dejó un pasaje saludable sobre la producción sanjuanina. Y otro que no parece estar en su lista de prioridades. Repasemos.
sábado, 26 de junio de 2021 · 10:13

Entretenida en las pulseadas finales del PRO en su propio distrito y nada menos que contra Mariú Vidal, Patricia Bullrich no bajó en persona a San Juan por recorrió su espinel temático en una entrevista con Diario de Cuyo que dejó un par de reflexiones para profundizar.

Bullrich es presidenta del partido macrista para todo el país, es su máxima autoridad y por eso su voz será escuchada como tal. Pero en estas horas confronta duro con el ala larretista de la Capital Federal para decidir quién ubica a sus candidatos y sus criterios, en un lance que tiene fuerte olor a posicionamiento 2023.

Mide bien Patricia en todo el país, San Juan no es la excepción. Pero a sus ilusiones de proyección le salió un toro bravo en su propio redil. La gestión del jefe gobierno porteño prefiere allí mismo a otro peso pesado de su partido y todo indica que se sacarán chispas en la PASO si nadie recalcula y pega la media vuelta. Choque de trenes a la vista.

En el medio de ese polvaredal, siguen resonando algunos pasajes de las declaraciones que formuló desde su asiento porteño destinadas a la mecánica sanjuanina. Entre todas ellas, un par con impacto en las urgencias económicas, políticas y judiciales de la provincia que dejarán larga tela para cortar.

La primera, sobre la visible desunión entre la oposición sanjuanina que se encamina a una fractura en dos sectores si no hay acuerdo de última hora: dijo que responde a la falta de unanimidad sobre la actividad minera. La segunda, una ausencia absoluta de empatía, incluida la de género, hacia la vice del partido en la provincia que denunció haber sido agredida nada menos que por el diputado nacional Eduardo Cáceres. Vamos por partes.

Es una gran revelación su confesión sobre el motivo de las disidencias opositoras, por primera vez pronunciadas de esa manera por una autoridad nacional. La minería es la principal fuente de generación de riqueza de San Juan por lejos en el tablero de las actividades productivas, por supuesto sin desechar ni ignorar ninguna otra. Como la vitivinícola, de fuerte tradición.

Como tal, no admite que una coalición política con pretensiones de manejar las riendas provinciales contenga en su interior diferencias tan gruesas en materia de esa fuente productiva que es hoy su principal actividad económica. En el intestino opositor sanjuanino están los encolumnados con el orreguismo (Producción y Trabajo), el mismísimo PRO incluido junto a Actuar y la UCR; y por el otro (el Grupo Ischigualasto) hay radicales y bloquistas disidentes, Turcumán, la Cruzada Ronovadora, el GEN de Carrió. Estos dos últimos especialmente han hecho gala de una postura frontalmente antiminera, aunque alguna vez en tiempos recientes compartieron espacio en común con el grupo anterior.

Ahora los primeros se plantaron y no los aceptan en la escudería. Lo primero que dijeron –siempre por lo bajo- es que entre los segundos hay dirigentes filo oficialistas, señalando al armador de Martín Turcumán, José Peluc, quien ocupa la titularidad del Enacom. Pero ahora Patricia Bullrich elevó la vara a un asunto más conceptual de políticas públicas, con todo el sentido común que esto tiene: cómo armar un espacio para tirar juntos entre gente con miradas tan distintas en un tema central, que no es menor.

Claro que para conservar el sentido elogioso de la frase habría que convalidad que no se trate de una especulación sino de una convicción. Es que abundan los ejemplos en que esos factores suelen ser utilizados para mejorar la posición en alguna negociación, alguna rosca con los cargos. Desde el grupo Ischigualasto respondieron a Bullrich diciendo que tampoco son tan antimeros y que esas diferencias se peinan en el camino. Desde acá, no parece lo mismo: la dosis de antiminería de cada uno puede surgir de cualquier vuelo rasante por el archivo. ¿Qué pasaría si –como pretenden- ganan el ejecutivo provincial?

Hubo también en el despliegue verbal de Bullrich por San Juan algún paso en falso. Y está relacionado con la denuncia de Gimena Martinazzo –la número 2 vigente en San Juan del partido que a nivel nacional conduce la propia Bullrich- por violencia género contra el diputado nacional también del PRO Eduardo Cáceres. Grave acusación en la que el legislador está procesado, amén de una flagrante grieta política.

Las declaraciones de Bullrich al respecto parecieron escaparse por esa canaleta de las internas, en lugar de reparar en la gravedad institucional de lo que se trata. Sólo atinó a dejar una apreciación por demás obvia, que Cáceres no podrá presentarse a su reelección si la justicia no resuelve.

Tiene tiempo un mes más para ser candidato, absolutamente improbable que exista para ese plazo una resolución en firme. Hasta el propio Cáceres se automarginó del lance electoral, más ocupado que nunca en la evolución de la causa, lo que convierte a las declaraciones de Bullrich en una fenomenal obviedad para salir del paso.

A falta de una escucha más fina de la entrevista para conocer si fue consultada específicamente sobre lo que piensa de la denuncia, la presidenta del PRO debió haber entrado al tema sin que se lo preguntaran, al conocimiento como lo estaba que se trató de una aparición pública para San Juan.

Pudo –o debió- haber dicho que conoce la gravedad de la denuncia, que la presunta víctima tiene todo su apoyo y solidaridad por el momento que atraviesa (que además no es una persona a la que no conozca), que el contenido de las acusaciones es intolerable en un partido político en el caso en que se prueben, que habló con Gimena para transmitirle el apoyo del partido y la comprensión humana. En fin.

Nada de eso dijo, sólo que Cáceres no podrá ser candidato, lo que deja al descubierto que este tipo de procesos no están entre sus prioridades. Está claro que se trata de una denuncia que aún se tramita sin sentencia firme, el sentido común aconseja no dejar de reparar por eso en que el contenido de la denuncia es de extrema gravedad e incompatible con la función pública.

El acusado, el diputado Eduardo Cáceres, está procesado por el juez que entiende en la causa. Es decir que, de mínima, no considera que la acusación aparezca desprovista de sustento. Con el agravante de un dato más en el escándalo: la aparición de una denuncia por el presunto ofrecimiento de coimas contra Cáceres presentada por una dirigente política allegada (Paola Miers, de los autoconvocados) a quien Cáceres antes había querellado por falso testimonio.

Miers tiene una clínica estética a la que Cáceres sostiene que acudió Martinazzo con posterioridad al hecho que denunció. Desliza, por lo bajo, que pudo haberse tratado de un make up los moretones que exhibió en las redes. Es, por lo tanto, la piedra angular de su defensa.

Bullrich no debía desconocer la complejidad de la trama: una denuncia por un delito grave contra un funcionario público, un caso de violencia de género a los que la dirigencia política debe dedicar especial atención, sospechas de especulaciones y dobles intenciones cruzadas, el prestigio del partido que preside en juego. Como para desmarcarse con una frase de ocasión.

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