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Cuidarse en actividad, la nueva consigna para la apertura que se viene

Con el fin de la fase 1 la próxima semana, retornará la actividad. Las áreas aún se están definiendo, será de alcance amplio. La apuesta a la responsabilidad y el compromiso. Por Sebastián Saharrea
sábado, 29 de agosto de 2020 · 10:32

Durante casi 5 meses operó en San Juan una paz poco habitual, extraña, inédita en el mundo. Una mampara protegiendo a la provincia de la calamidad mundial de un virus asolador que no perdona jerarquía de países, ideología, condición: golpeó a todos por igual.

En el fondo, todos sabían en la provincia que ese status extraño de estar bailando en la azotea del Titanic algún día terminaría. Que despertaríamos del sueño y seríamos convocados a los padecimientos terrenales de todo el género humano.

Y pasó, nomás. Mucho más tarde que en el resto de las provincias, pero pasó. Dejando un recuerdo de confort artificial que ahora todos extrañamos, pasó. Maldiciendo por los rincones porque se podría haber evitado si no intermediaba alguno de estos pícaros impunes, pero pasó.

Y ahora, a convivir con otro horizonte: el de las dificultades asociadas al tránsito del virus por las calles. Hasta acá, toda medida de resguardo interno, de protección, fueron apenas voluntades ante un fantasma que no golpeaba la puerta. Ahora que golpeó y pasó (o lo dejamos entrar) ya no se lo puede eyectar y retornar a 10 días atrás: habrá que buscar la fórmula para una convivencia con el virus entre nosotros que, por lo parece, será larga.

Con esa resistencia de 5 meses sin el virus (no es literal porque se mantuvo en una franja de 20 casos, pero sí fue por lejos San Juan la provincia de mejor status), la provincia consiguió ir acumulando un activo valioso. Quitarle tiempo al cansancio, ese desgaste incordioso de las cuarentenas estrictas que es la que atravesamos por estos días pero que deja un diferencial a favor para San Juan respecto del resto del país: hasta hace días jugábamos al tenis mientras el país estaba encerrado.

Otro beneficio de estos 5 meses de paz adicional que el virus le dio a San Juan es que le acortó el tiempo hacia adelante para una solución definitiva. A diferencia de algunos meses atrás en que la angustia aparecía reforzada por la incertidumbre del futuro y hasta de la propia naturaleza humana, ahora aparece a lo lejos un umbral al que parece que hay que llegar: la vacuna, en unos 200 intentos de los cuales 6 aparecen en fase III (experimentación a gran escala) y con chances de coronar, con promesas de estar disponibles a principios de 2021. Dentro de 5 meses.

Hay una franja de la sociedad que paralelamente al fastidio del encierro acumula otro aún más preocupante, que es el del futuro económico. Y que no es menor. Puede dividirse a la sociedad en dos: los que aún en confinamiento tienen garantizado su sustento familiar (empleados públicos, algunos empleados privados aún con recortes) y los que además de estar confinados deben agregar la incertidumbre del sustento (algunos empleados privados, dueños de comercios, cuentapropistas de todo tipo, oficios surtidos, profesiones privadas y su gran variedad de auxiliares). Esta última es ya inelástica.

Ante este nuevo panorama de virus circulando en la provincia, un punto de llegada en 5-6 meses que es la vacuna y un tejido social y económico que está como está, es que el gobierno provincial debe tomar ahora la delicada decisión de ir reiniciando las actividades. Con cuidado, pero hacerlo: ya la posibilidad de contagios 0 será imposible, se irá concentrando en la medida en que no se desborde en ir reencendiendo los motores de la actividad.

Con cuidados y apostando a la responsabilidad de los ciudadanos. Además del miedo, que efectivamente opera entre los sanjuaninos después del brote caucetero que se generalizo en toda la provincia y que es muy buen consejero. Ahora no hace falta insistir a nadie para que se ponga tapabocas, se limpie las manos con alcohol, se cuide de no ir a algunos lugares. Será así de aquí hasta la vacuna, sin importar demasiado de qué tamaño o número es la cuarentena.

Lo apuntalan los datos: esta semana rige en la zona de fuego del virus, el AMBA, la regulación de cuarentena más estricta posible y la cantidad de casos que aparecen lejos de menguar, crecen y trepan al máximo de la serie. Aún así, en ese pico el país aceptó el regreso del fútbol (focalizado en Capital Federal y Buenos Aires, los distritos más difíciles) y hasta aprobó el protocolo de la Conmebol para jugar la Libertadores desde el 15 de setiembre, incluyendo a provincia de Buenos Aires (Racing en Avellaneda y un vecino Independiente, que arrienda su cancha a River, que la está remodelando). Negocios, es cierto, tanto como que hay otros más chicos que también necesitan subsistir. O es cuestión de tamaños?

La idea que va ganando terreno en el gobierno provincial -y que acaba de insinuar el propio gobernador Uñac con énfasis evidente- es que a partir del 5 de setiembre, cuando vence la fase I, reactivar comercio y actividades productivas en la medida que el brote siga pudiendo ser controlado. Es decir, que no haya fuertes desbordes de los casos.

También preservarán algunas actividades que no son de extrema necesidad, además de quedar algo relegadas porque la propia gente no está demasiado dispuesta a desempeñarla con la situación como está, como el turismo interno. Y poner el énfasis en controlar lo que se considera el principal vector de los contagios, como son las reuniones familiares o de amigos. Por ese canal es donde se produjo el principal tráfico del virus a nivel global, lo saben en el gobierno y tratarán de desalentarlo y hasta mantenerlo limitado.

Deberán trabajar entonces y mucho en dejar firme la sensación que no se trata de una carta de libertad para todo. En ese punto tendrá la ayuda de la sensibilidad humana al peligro, que no es zonzo. Las escenas de burbujas en los barrios, hisopados masivos, no desaparecerán en la nueva fase sino todo lo contrario: se profundizarán y apuestan a que esas imágenes funcionen como disuasivos reales, como lo hicieron en esta primera semana de fase 1.

Luego, ir delineando con cuidado las actividades de la reapertura. En principio, lo que se conoce es que será amplia para todo emprendimiento comercial o productivo. Que de todos modos quedará acotado por la merma de movimientos ocasionada por los resguardos de cada uno ante la circulación del virus.

Pero nadie estará impedido de operar su actividad. Aunque aún se está definiendo de qué manera podrá funcionar la gastronomía, o cómo se habilitará la práctica deportiva. Que es un gran salvocunducto -no sólo físico sino también mental en estos tiempos de crisis, que los sanjuaninos han demostrado adoptar masivamente como el ciclismo-, pero que requiere de controles en esta etapa para evitar desbordes.

Sin clases y con el transporte público aún acotado, las actividades se irán ordenando en la medida de lo posible. Los nuevos tiempos señalan que las condiciones sanitarias a las que San Juan entró de cabeza hace 10 días, se mantendrán con suerte en una franja controlada, se desbordarán acaso si ocurren concurrencias o encuentros masivos, pero nunca volverá a esa campana de cristal de la que disfrutamos por 5 meses. El virus no se irá, nadie lo ha conseguido de ninguna manera en ningún lugar.

Lo que viene entonces es una adaptación hasta que ocurra una solución de plano, que sólo se llama vacuna y que no parece lejos. Habrá entonces actividades encapsuladas, controles y una sensación permanente de peligro en la calle como ordenador social. Cóctel de los próximos meses que se irá ajustando. Por eso el gobierno habla de “adaptarnos a convivir con el virus”: lo hizo primero la epidemióloga Mónica Jofré y el luego el propio gobernador Uñac.

Burbujas por aquí, burbujas por allá, tal parece que será la nueva normalidad en San Juan. A no desesperar, dejar de lamentarnos por la oportunidad perdida y el status que no volverá. Y poner algo más de lo que hizo tanta falta: compromiso.

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