opinión

Eran 6, después 3 y quedó una sola: San Juan

El avance de la pandemia hizo que las clases empezaran solamente en la tierra de Sarmiento. Medalla sanitaria, más que pedagógica. Su utilidad más allá de las aulas. Por Sebastián Saharrea.
sábado, 15 de agosto de 2020 · 10:31

Nadie lo irá a decir de manera frontal, igual todo el mundo lo admite y lo comprende: será poco lo que los alumnos incorporados a las clases presenciales esta semana podrán aprender de aquí hasta diciembre, su inmenso valor va varios trancos más allá.

Fue noticia San Juan el lunes por un motivo ajeno al que moviliza frecuentemente a los medios porteños a depositar sus ojos más allá del horizonte corto al que pueden divisar. El inicio de clases fue una novedad y mucho más que eso: un deseo ferviente de un país completo. La necesidad de ver algo que rompa el triste paisaje del encierro, una brisa oxigenadora, una ventanita abierta para dejar pasar las buenas sensaciones.

Por eso fue tan importante lo que ocurrió el lunes en San Juan. Más allá del valor de volver a poner a alumnos y maestros frente a frente, ocurrió un cambio de matriz. De vocabulario cotidiano: de cierre, confinamiento, cuarentena estricta, casos en estampida, pico, meseta, hisopado, PCR, vacuna; a apertura, alumnos, esperanza. Vida, en suma.

Tanto en San Juan como en el resto del país, y hasta aún más importante en el AMBA, donde no es muy difícil imaginarse a una familia entre cuatro paredes sacando cuentas de las horas que pasan y mirando con una sonrisa que en algún lugar del país apareció un rayo de sol.

Iba a ocurrir en 6 provincias argentinas el operativo de Educación de la Nación para que se pusieran en marcha las clases luego de la interrupción por la pandemia apenas iniciado el ciclo escolar. Dos meses atrás, el 7 de junio, el ministro Nicolás Trotta habló de 5 distritos en las gateras para poner en marcha el operativo: Misiones, Jujuy, Catamarca, Formosa y San Juan. Luego se sumó Santiago del Estero para la media docena tentativa impulsada por el palacio Pizzurno.

Pero el virus y las imprudencias fueron metiendo la cola. Misiones se complicó igual que Formosa, en Catamarca se perdió el invicto (fue la última provincia argentina en registrar casos) y enseguida se desbordó la situación, Jujuy es hoy la provincia más complicada de todo el mapa a partir de las liberaciones apresuradas: hoy registra más de 4.000 casos y un desesperante cuadro sanitario en el que dan abasto con las camas para atender la demanda, el fantasma tan temido. Y en Santiago del Estero apareció don Ávila, el desgraciado caso 41 que hizo atrasar meses a toda la provincia porque a un señor se le ocurrió ir de asado en asado arrastrando su fiebre y su virus.

No fue por casualidad ni de rebote, entonces, que sólo San Juan apareciera en este esperado punto de partida. Responde a una foja de servicios, que siempre hay que cuidar con desesperación y que –bueno es saberlo- algún día puede expirar a caballo de algún descuido o algún delirante suelto.

Así fue cómo se generó esa imagen simbólica: un lugar del país retomando las clases. Más valioso por su fuente de endorfinas que contienen como potencialidad que por su impacto pedagógico. Aunque no es un dato menor la posibilidad de articular contenidos con los niveles superiores en el último grado del primerio y el último año del secundario con lo que se le viene, ni el desdoble de los maestros que deben atender en simultáneo a los presenciales con los que decidieron seguir por zoom. El porcentaje mayor al 70% de presencia que se fue dando en los primeros días marcan claramente la ansiedad de los chicos por ir, días parecidos a los habituales. Otro dato valioso.

Luego aparece en el tablero el otro gran valor de esta condición de pioneros. Haber provisto al país las primeras imágenes de alumnos yendo a clases seguramente irá acompañado de una aureola en la mesa política, allí donde se cuentan las costillas de éxitos y naufragios a nivel nacional, y donde se responde por la evidencia.

Será útil ésta reclasificación al tope de un podio, ya no sólo en la menor cantidad de casos del país sino en el gesto de reiniciar la educación. En especial ahora, cuando se comienzan a discutir algunos tópicos valiosos del futuro: presupuestos, obras, o la misma reactivación pretendida y anunciada por el gobierno nacional a partir de la obra y la construcción de viviendas con fondos nacionales para volver a levantar temperatura económica. Si San Juan fue la primera en reactivar clases, cómodamente podría ocurrir lo mismo con la obra pública nacional.

Como al resto de los mandatarios provinciales –incluidos los de la oposición como el jujeño Morales-, a Uñac no le resulta sencillo aparecer rechazando iniciativas nacionales, menos en el tópico de la pandemia. Sencillamente contraindicado para cualquiera al frente de una gestión, provenga del color político del que provenga, que lo cuente Larreta.

Un indicio de esto pudo notarse con el decreto nacional con el que sorprendió un domingo el presidente estableciendo una veda para las reuniones sociales en todo el país. Ese día y las horas sucesivas del día siguiente provocaron un reguero de incertidumbre en San Juan sobre si estaría comprendida la provincia o no.

Y claro, San Juan es Argentina y por lo tanto es indefectiblemente alcanzada por cualquier ley nacional, pero un decreto es otra cosa y más aún en un contexto en el que cada distrito se guarda para sí la atribución (y la responsabilidad por sus consecuencias) para fijar o desarmar controles.

Por eso al principio se dejó correr la vigencia en San Juan de la disposición, pero luego comenzó un plazo de análisis de la norma en la provincia mientras se mantiene la situación como estaba. Elegante manera de no contradecir públicamente al presidente, comprendiendo que la Nación necesita mantenerse activa en estas decisiones en todo el territorio, pero haciendo entender también que cada distrito atraviesa condiciones especiales y no había hilo en el carretel en ese momento para fijar una prohibición de ese tipo sin el virus circulando.

Una línea entre Nación y provincia que parece necesario ir lubricando periódicamente. Y que apuesta al sentido común: de hecho, de haberse aplicado en San Juan el decreto de prohibición para reuniones sociales, difícil que se pudiera montar el reinicio de clases del que hizo gala especial el gobierno nacional.

Ahora comienza el poroteo de los números, una dimensión en la que también opera la política y los buenos oficios recíprocos. Anuncia la gestión Alberto que ya está preparando un paquete de medidas post pandemia para reactivar de inmediato la economía. Más allá de que hace falta todavía que la pandemia efectivamente pase –lo que por ahora no parece ni cerca de ocurrir- el asunto es que el presidente no se cansa de sostener que lo hará en compañía de los gobernadores de las provincias.

Buen momento para consagrar en el papel de los grandes proyectos a resetear esas buenas vibraciones de estos tiempos de pandemia, también el status sanitario: si uno de los pilares de la estrategia de Alberto es la obra pública, bien podría comenzar a desplegarse en San Juan como las clases.

En ese ajedrez intervendrán también las sensaciones, no todas en modo tranquilo. Una de las noticias más relevantes de la semana –además, lógico, del anuncio de la fabricación en el país de la vacuna contra el Covid 19- fue para San Juan un tímido llamando preguntando si no sobra algún terapista para ser enviado a las zonas más críticas.

Opera aquí la misma lógica del decreto, no aparecer rechazando un pedido. Y menos si proviene, como se supo después, de algún cuartel nacional emplazado en las zonas más críticas de la transmisión viral. Denota preocupación, requerirá muñeca en la provincia para fintear con elegancia: por ejemplo, no se puede obligar a un médico a trasladarse. El desfiladero será entre esa necesidad en otra región del país y la solidaridad de la que San Juan  siempre fue beneficiario: ¿y si lo que se pide es camas, lugar para enfermos?

Más allá de cualquier especulación y cualquier anhelo, en la Capital comienzan los primeros garabatos de ese plan de reactivación con presencia de las provincias. Parece el momento indicado para asomarse con fuerza. Empujar y lagrimear un poco si hace falta, porque como dice el tango, en este país el que no llora no mama.

 

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