análisis

Hay un país que cierra, y otro que abre: ¿en cuál querés estar?

San Juan, por el momento al tope de una tabla importante. Pero sólo a nivel sanitario, a ver si en Buenos Aires se piensan que no hace falta más ayuda. Por Sebastián Saharrea
sábado, 11 de julio de 2020 · 10:22

Parece que alguien le avisó al presidente Alberto Fernández que los buenos índices sanitarios que muestra San Juan sólo definen el nivel de circulación del virus. Nada más.

Si no, puede llegar a pensar que no hace falta más ayuda, y así cometería un gran error. Cerca estuvo de concretarlo este me, si consumara su intención inicial de retirar del IFE a todos los sanjuaninos con el argumento de que se trata de la zona más favorecida del país. Tan irracional como suponer que el entramado económico sanjuanino se muestra totalmente repuesto del impacto de la pandemia.

Una mirada de San Juan y sus alrededores alcanzará a propios y extraños para comprender fácilmente la ventaja de estar en la provincia mientras pasa la etapa más complicada de la pandemia por la región. Lo que sólo implica un panorama de estricta actualidad en medio de una situación absolutamente cambiante: así como te ubica al tope de la tabla, al otro día te manda al descenso.

Por estas horas, San Juan fue y aún sigue siendo (puede cambiar, lo hace de hecho minuto a minuto) la provincia de menor cantidad de infectados de Covid 19 por habitante del país. Están los casos de dos provincias que hasta hace poco marcaban la delantera con holgura y fueron desbordadas por casos puntuales: Catamarca pasó de 0 a 7 en un chasquido de dedos y ahora supera los 38 casos; peor le fue a Formosa que también estaba en 0, saltó a más de 20 en un instante y ahora tiene 75.

Puede ocurrir con San Juan, lógico. Un foco puntual, un caso contrabandeado, un desmanejo, una mala fortuna en algún camionero no detectado a tiempo, cualquiera de esos factores te hunde en la tabla y es capaz de generar cualquier clase de alboroto. Pese a ese riesgo latente a la vuelta de la esquina, hay que saber que hoy San Juan lidera la tabla de menos casos por habitante, y eso es una realidad que de tan evidente a veces cuesta valorar tierra adentro.

Se pudo pasar el día del padre con los padres, se puede compartir un fin de semana largo al aire libre, habilitar el turismo interno. Acciones naturales de todos los tiempos, a la que más de tres cuartas partes del país no ha podido acceder en estos días por la obligación de guardarse ante la pandemia.

Con su noveno y décimo casos registrados esta semana, San Juan se mantuvo al tope de la tabla positiva frente a otros distritos que mantuvieron mucho tiempo la valla invicta y otros que tienen menos casos pero muchos menos habitantes (La Pampa). No se trata este asunto de una competencia entre provincia, menos en un panorama tan doloroso como el crecimiento y la consolidación de una pandemia muy dañina. Sí se trata de darle valor a un status, apenas momentáneo y por el que hay que luchar todos los días, pero de gran valor: La normalidad de otros tiempos aplicada a estas horas, una caricia en la tormenta.

Justo cuando se produce un alboroto en el vecindario. En Mendoza la situación venía siendo contenida en las últimas semanas, pero hace pocos días pareció salirse de curso con un par de episodios puntuales y otros casos que no parecen tener registro epidemiológico. Es decir que no se sabe de dónde vinieron, lo que llevó a la provincia vecina a declarar la alerta sanitaria, como tituló el martes del diario Los Andes.

San Luis y La Rioja, los otros dos vecinos, cayeron simultáneamente a la fase 1, la más estricta. Fue como consecuencia de la aparición de nuevos casos. Uno sólo, lo suficiente como para calibrar el nivel de atención sobre lo que sucede hora por hora. Y para medir lo que puede ocurrir también en San Juan, si las circunstancias lo ameritan.

Por ahora, nada de andar levantando la mano, pero sí la sensación de que la cosa muestra una cara amable en la provincia. Lo que habrá que seguir explicando es que se trata apenas de un status sanitario, no sea cosa que alguien se le ocurra en Buenos Aires que como los casos son pocos, las necesidades económicas también lo son.

Nada más lejos. En San Juan se ha reiniciado casi la totalidad de las actividades económicas, pero la intensidad de ese nuevo inicio se ubica muy lejos de lo que se movía antes de la pandemia: la caída de mayo contra mayo del 2019 en San Juan fue de más del 60%, la de junio se redujo al 25%. Según un estudio del Centro Comercial que computa cantidades y no valores, el mes pasado se redujo la brecha, pero el nivel de ventas está lejos de empatar a la pre-pandemia, que también venía golpeada por la pandemia de una economía abollada.

Sólo el activismo del gobierno provincial hizo que la economía local atenuara el golpe, lo mismo que ocurrió el mes pasado con el reinicio: se pagaron los sueldos públicos sin recortes y el aguinaldo completo, privilegio de pocos en el país. Por eso junio fue mejorando en actividad, sumado al nivel sanitario que permitió un piso de circulación de gente mientras otras provincias debieron volver a guardarse.

De todos modos, la parálisis de la pandemia sigue atrofiando el músculo por el lado de la demanda: por más que todos los comercios tengan sus puertas abiertas, la gente prefiere cuidarse en los gastos. Lo sufrieron en carne propia los propietarios de establecimientos gastronómicos, que consiguieron autorización para abrir luego de un largo peregrinaje pero la facturación está a años luz de sus expectativas. Como ellos, todos los sectores comerciales atraviesan dilemas parecidos: todos abren, apenas algunos muy contados consiguen un ritmo de ventas satisfactorio.

Por eso asustó cuando el gobierno nacional comenzó la semana hablando de suprimir el IFE a las provincias menos comprometidas con el virus, en realidad a todas con excepción de Buenos Aires y CABA. Hubiese resultado una bafotada no sólo para los más de 150.000 sanjuaninos que cobran esa asignación y lo harán por tercera vez ahora, sino también para los cientos, miles de comercios que se nutren de un circulante extra de 1.500 millones de pesos.

Nadie está en condiciones de prescindir de un ingreso semejante a una economía provincial. Si no se paga el IFE, el circulante de dinero por los comercios de San Juan será 1.500 millones más pobre. Así de rotundo: ni un centavo de ese dinero que se abona a desempleados o trabajadores precarios o en negro (el 40% de la economía sanjuanina) utiliza ese dinero más que para ir a la despensa de la cuadra o al supermercado o al negocio del centro. No se fuga, no se convierte en divisa, no atenta contra la salud económica más que por la necesidad de emisión que genera.

Resultó valioso entonces que el gobierno nacional recapacitara en su intención inicial y decidiera mantener el aporte aún a las provincias mejor servidas a nivel sanitario, como San Juan: hubiera resultado un injusto castigo por hacer bien las cosas.

Igual habrá que saber que, como dijo el presidente Fernández esta semana, algún se va a terminar el IFE, como el ATP para pagar los salarios en las empresas complicadas, que en San Juan siguen siendo muchas. Ese día llegará, y para cuando lo haga habrá que estar amortiguados para aguantar el latigazo.

 

 

Más de

Comentarios