DIARIO DE CUARENTENA

Semana 8: Libres de comprar, persianas cerradas y el peligro acá cerquita

Una decisión que, no por anunciada, terminó siendo difícil de contar. San Juan frente al resto. Capital, Buenos Aires y el resto, dos países distintos. Por Sebastián Saharrea.
sábado, 16 de mayo de 2020 · 11:07

En el tiempo de juego que lleva la pandemia, el que mejor resultado obtiene es el que va empatando. Por ahí, alguno que saque un 1 a 0 a favor, propio de quienes obtenían goleadas en tiempos anteriores al virus.

La metáfora futbolística es muy útil para ilustrar lo que ocurre en la corteza a más de 50 días de iniciado el confinamiento, con el levantamiento de barreras internas y la intensificación de las de los límites de la provincia. Lo deja claro la encuesta de Tiempo de San Juan de esta semana: liberado el acceso a los comercios, más del 60% de los encuestados seleccionó el botón de nada, cuando se le consultó que iba a comprar ahora que puede ir al centro, entre opciones de zapatería, ropa, etc.

No es que a nadie se le haya encendido la ilusión de agrandar el placard, actualizarse de compras atrasadas por la circulación restringida, darse un gusto luego de tantas pálidas. Es que el escenario empieza a mostrar los magullones de la falta de plata y el galope de la incertidumbre: el que no se quedó sin trabajo o sin clientes, le recortaron el sueldo, o no sabe cómo cobrará el mes siguiente.

 Difícil plantearse objetivos de consumo en esos términos, con excepción de los escasos sectores con capacidad de ahorro en los últimos años, que son contados en San Juan y que ante los nubarrones prefieren esperar a que se despeje para mirar el panorama más claramente.

Primer tema importante de esta semana: no alcanza con liberar el tránsito, relajar espacios vedados en plena pandemia, para reactivar la economía. Otros fantasmas más reales como la incertidumbre siguen azotando y lo harán un tiempo más. Alejado algún día, quedarán los despojos del paso del huracán: otra encuesta de Tiempo de San Juan de esta semana consulta a los lectores en qué medida se sintieron golpeados económicamente por la situación, y el resultado fue un acalambrante 65% que dijo mucho, mientras las otras opciones se repartieron el restante 35%.

Seguirá entonces la malaria, independiente de barreras sanitarias. Lo hace en todo el mundo, por qué no en San Juan: en EEUU reabrieron algunos estados aún con un ritmo de 1.500 muertos diarios, y se permitieron los restaurantes y bares. Pero la gente está lejos de atropellar en oleadas para entrar primero.

Con el agravante de que en Argentina –y por supuesto también en San Juan- una reactivación económica parece más lenta que lo que podría ocurrir en las megalópolis mundiales, donde una noticia de una vacuna eficiente podrá reactivar el consumo como una píldora milagrosa.

En EEUU ya se perdieron más de 20 millones de empleos por la pandemia, la diferencia con nuestro país es que una reactivación hará que esos puestos laborales resurjan de inmediato, mientras los afectados perciben un seguro de desempleo que no desentona. Muy distinto a Argentina, donde por cada puesto de trabajo que se pierde hay que ir a un velorio ante lo poco dúctil que es la economía nacional para generar puestos nuevos.

Y el lastre sobre el cuello que es el lamentable estado de toda la economía argentina como saldo de los últimos años que dejó a todo el mundo sin colchón –salvando excepciones como productores de granos o bancos- y la frutilla del postre que es el virtual estado de default nacional que impactará sobre cualquier intento de resurrección sobre cualquier clase de cenizas.

Telón de fondo para una decisión en San Juan que no por anunciada dejó de ser difícil, y que retoma el razonamiento inicial. El anuncio del congelamiento de los aumentos al sector público provincial, complicada de ser asumida pero derivada de la situación.

También es difícil en voz alta un análisis razonable, con todas las variables a la baja: aún con ese congelamiento y habiendo percibido al menos uno de los tres tramos de aumento (el 5% de marzo) y suspendidos los otros dos, los estatales sanjuaninos quedaron en ventaja comparativa respecto de la mayoría de las actividades en San Juan, si no de la totalidad. Los que habían obtenido algún acuerdo paritario en marzo fueron revisadas en todos los casos, con algunas ramas en las que no sólo fueron limpiados posibles aumentos sino acordados descuentos para no sufrir cesantías (comercios e industrias). Y otros que no tuvieron esa suerte y padecen despidos a pesar del decreto del presidente Alberto Fernández que los impide.

Lo dicho, un empate es un triunfo. En clave futbolera, un punto como visitante esperando la revancha en casa, que será mantenerse vivos hasta que vuelva a germinar la semilla de economía local. Empate que, necesario es aclarar, implica una pérdida en todos los casos: es la que deja como consecuencia la inflación, que se ha frenado pero no desaparecido en medio de la peste y que carga como un látigo en todas las espaldas. Allí es entonces donde se vuelve necesario apretar las clavijas por parte del Estado.

Desde el punto de vista sanitario, los sanjuaninos deberemos seguir con la mano en la manera y sosteniendo cada vez más fuerte. Mientras la provincia se mantiene libre de circulación viral y hay apenas un caso activo, el vecindario provincial muestra una situación diferente (Mendoza y La Rioja en especial) y ni qué hablar del resto del mundo.

A nivel global se advierte un lento decaimiento de casos en los lugares donde asoló el virus como Europa (se da claramente en Italia, España y Francia, pero no Reino Unido), pero se profundiza la gravedad en América: Estado Unidos a la cabeza, pero también Sudamérica con Brasil o Chile. Justamente dos países no solamente vecinos y limítrofes sino con fuertes lazos afectivos y comerciales con Argentina y San Juan en especial en el caso de los trasandinos.

Esta semana, Brasil quedó a punto de desbordar los 1.000 fallecimientos diarios, hay quienes ubican al país como el que quedará en un triste segundo lugar de víctimas cuando todo esto acabe, y no está claro dónde se detendrá la curva. Además de una situación política prendida con alfileres, con el presidente Bolsonaro mirado de reojo cada vez más fuerte por sus propios fieles (nunca mejor utilizado el término).

Nadie conoce cómo terminará esa novela y, lo que es peor, cómo derramará influencia sobre todo el vecindario. Que deberá mantenerse algún tiempo más con las fronteras cerradas, el intercambio anulado, y el mínimo contacto posible. Ah, Brasil es el mayor comprador de la agroindustria sanjuanina.

Al lado está Chile, el país que ha sido destinatario del mayor cúmulo de gestos políticos de parte de San Juan en las últimas décadas: que el comité de integración, que Agua Negra, que los encuentros de negocios. En esta pandemia, también le tocó un lugar plagado de incertidumbre que desparrama su influjo sobre los próximos años.

Esta semana, Chile vivió el pico máximo de escalada de contagios y eso obligó al presidente Piñera a adoptar una medida que asombrosamente no se había tomado: la cuarentena total en Santiago, que hasta ahora se venía produciendo por comunas. El tiempo dirá si fue una medida a tiempo o ya los efectos son indelebles. Espantan eso sí las imágenes que se vieron en estos días de la capital del país cavando unas 1.000 tumbas para depositar muertos.

Acá, bien cerca. Mala noticia para los que piensan en el momento de reanudar relaciones al menos de tránsito de gente. Más bien parece que habrá que tener paciencia para volver a dejar las cosas en su lugar.

Y justamente, hablando de fronteras también están las interprovinciales. El gobernador Uñac habló de lo oportuna que fue la provincia en levantar esas barricadas, antes que la mayoría. Y mirando los datos propios y los del vecino, parece una buena idea mantenerlas así como están, a pesar de que no es algo que uno quisiera ver proyectado en el tiempo.

Pero, hoy por hoy, el aislamiento parece ser el mejor consejo. No sólo a nivel individual, como se pregona en todo el mundo quedarse en su casa. Sino a nivel colectivo: en San Juan, los casos han sido muy inferiores a los de las provincias vecinas, valioso capital que hace falta mantener.

Y no hace falta irse del país para encontrar el peligro latente: La Capital Federal del país se ha convertido también esta semana en un polo de atención para la transmisión viral de la pandemia.

Parecen haberse configurado dos países. Uno es la Capital y la provincia de Buenos Aires, que concentran el 90% de todos los casos del país, cuando representan poco más de la mitad de los habitantes, y otro es el resto del país, donde apenas llaman la atención un par de provincias desbocadas como Chaco o Río Negro.

El resto de las provincias se cansa de clavar un 0 aliviador en el tanteador de los casos que se difunden diariamente a nivel nacional, escrito esto con la mano sobre la tabla. Y como el nuestro es un país construido injustamente de manera unitaria con todas las autopistas apuntando a Buenos Aires, será momento de reconfigurarlo de otro modo.

Todo, vuelos, rutas, canales de TV, empresas, administración central, todo recala en Buenos Aires, hoy foco nacional del coronavirus. ¿Vivir un tiempo disociados de la capital nacional? Por ahora sí, aconsejaría el doctor Cahn.

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