Opinión

En la Corte sanjuanina, metió la cola el editor

Escenas de vedetismo, principal preocupación: qué hay detrás. Y no es lo peor: jueces que no se cuidan, desborde por la pandemia, ingresos a mansalva en la bolsa laboral. Por Sebastián Saharrea.
sábado, 28 de noviembre de 2020 · 10:42

Si es verdad lo que informó Diario de Cuyo esta semana, hay un cisma político interno dentro del principal tribunal de justicia de la provincia.

¿Discrepancias de fondo por algún fallo de relevancia?, ¿diferencias de alineación política, o de visión sobre la vida?, ¿naturales distancias filosóficas o conceptuales? Nada de eso: el motivo de tales furias incontenibles es la cantidad de segundos en que cada uno aparece en los cortos publicitarios institucionales. De donde deducen teorías conspirativas los menos favorecidos, señalando con el dedo a presuntos autores –colegas- del delito de la reducción a la insignificancia cometido contra sus pares.

Así de vulgar parecen los dilemas del segundo piso del palacio de Tribunales sanjuanino, donde habita la flor y nada del poder de los escritorios judiciales: de un lado una renovada Corte de Justicia con gente más joven que la colección de gerontes de la gestión anterior, pero con muchas de sus mismas mañas; del otro un Ministerio Público que siempre le disputó el protagonismo y le hace cada vez más sombra.

En un escenario, el añejo edificio principal de la Justicia sanjuanina, bombardeado por la pandemia como ningún otro poder del Estado provincial. Con una gran cantidad de juzgados clausurados por los contactos estrechos de sus miembros con positivos Covid, o ellos mismos.

Con algunos jueces envalentonados en sus bicicletas siesteras impidiendo a los policías cumplir con los protocolos en las rutas. Con muchos magistrados apenas ingresantes en condición de grupos de riesgo: en la última oleada de designaciones, tres nuevos camaristas penales fueron nombrados con más de 70 años para ocupar esos cargos, es decir no sólo en condición automática de grupo de riesgo sino ya con edad de estar jubilados en lugar de asumir un nuevo cargo. A la misma edad a la que a cualquier mortal le cae el telegrama patronal de pase a retiro al cumplir los 65 años -60 para las mujeres- a estos señores los designan para su principal desafío laboral.

Así funciona este gigantesco recambio de los últimos años, inédito en la historia judicial provincial. Se cambió a la Corte completa, desplazando a la formación más vergonzosa de la democracia que retuvo esa estructura durante casi dos décadas para convertir a un poder democrático en un reducto de la realeza.

Se llenaron todos los casilleros aguas abajo en Cámaras penales y Civiles, jueces de instrucción y correccionales, que eran ocupados por jueces en pleno ejercicio de la retención del cargo porque el sistema jubilatorio no les permitía pasar a retiro con el 82%, y que cuando le abrieron esa puerta generaron una estampida que dejaron vacíos los juzgados. Al borde de la parálisis. Esos intereses parecían defender como jueces: los suyos.

En medio de este gigante recambio que abarcó a toda la Corte, casi todas las cámaras y juzgados inferiores, hubo criterio surtido pero siempre político, como establece el sistema desde toda la vida acá y en cualquier lado (consultar Trump, en caso de duda). Lo demuestra la última ráfaga, que designó a tres últimos titulares del Foro de Abogados: Sergio Saffe (allegado al PJ), Humberto Conti Pico (allegado al Bloquismo) y Marianela López (allegada a Actuar).

Y aún hay hilo en el carretel en el ingreso de empleados, un descarado proceso de preferencias para amigos y parientes en el que la gestión Javier Vera (secretario administrativo y hombre fuerte de la Corte) no tiene nada que envidiarle a su antecesor Luis Recio. Puestos apetecidos como nunca ante la malaria general, por lo bien pagos y condiciones laborales. En la que Vera debe hacer equilibrio ante la voracidad de pedidos de dignatarios judiciales que sólo buscan abrirse espacio para los suyos. Como en la vieja Corte, con el viejo Recio.

Pero el problema parece ser la figuración. El vedetismo de la Corte no es una novedad, pero esta riña sin privarse de canalizarla por los periodistas amigos parece haberla llevado a otro nivel. Parece ser que hubo un mensaje en formato de video de sus señorías hacia el personal, pero que en la edición final hubo favorecidos y apartados.

Guillermo De Sanctis se considera entre éste último grupo, según le comentó en off a Diario de Cuyo y apareció publicado sin más. Y apuntó sin disimulos hacia Adriana García Nieto (actual presidenta del tribunal) y Eduardo Quattropani, el fiscal general. Extraño, porque se trata de dos funcionarios con los que siempre jugó en tándem.

De Sanctis siente haber sido traicionado. Que fue convocado como restaurador de las leyes y ahora ha quedado reducido a un triste papel secundario. Los egos tallan fuerte, y esa es una glándula que De Sanctis mantiene bien activa, parece ser la que mejor le funciona. Encima, la traición. Que al tratarse de un dirigente proveniente del peronismo se convierte en pecado capital, aunque él mismo en otras instancias anteriores no le haya hecho demasiado honor.

No sólo ve fantasmas De Sanctis en sus colegas y compañeros García Nieto y Quattropani, sino en su propia creación. De Sanctis fue el primero en aterrizar a la desvencijada formación anterior de la Corte, con aires de recambio. Venía de activar causas importantes y protagonismo excluyente en la Fiscalía de Estado, llegó a cambiar los métodos. Y la imagen.

Por éste último motivo montó una oficina dedicada exclusivamente a emplear métodos que consideraban podía mejorar la imagen de la Corte, pero focalizada en De Sanctis en particular: presentarlo en condición de restaurador, referente excluyente de consulta obligada, plenipotenciario en las decisiones internas, bajando línea desde clubes especialmente alquilados y tapizados de aplaudidores.

Esa oficina fue tomando cuerpo y agregando empleados. Uno de ellos, hijo de un ex cortista y dedicado a la comunicación, justamente en la confección de los videos. Ellos fueron quienes hicieron la edición final del material que ahora De Sanctis cuestiona como desestabilizador hacia su protagonismo. Justamente, su propia creación.

Ocurre que, de a poco, De Sanctis ya no estuvo sólo en medio de un tembladeral ajeno sino que se le fueron sumando pares. Primero García Nieto, luego el resto. Encima, De Sanctis padeció una dura dolencia que lo sometió a operaciones y lo alejó del timón. En su larga ausencia, se fueron reacomodando las cargas políticas. De a poco, la oficina que él creó para sacarle lustre a su propia imagen se fue encargando del resto, lo que fue provocando la ira de quien se considera destratado.

Su ocaso tiene mucho de lo que se ha construido en su propio imaginario, pero también de lo que ocurre en el campo de juego. El resto de los cortistas ha ganado mucho terreno en los medios, que es lo que él supo monopolizar. Si es eso lo único que le interesa. Y desde el punto de vista del ejercicio del poder real, está claro que la aplicación del nuevo Código Procesal correrá el eje hacia los fiscales. Donde el manejo está en manos de Quattropani, justamente uno de los destinatarios de las broncas de De Sanctis.

El que quiere ver conspiraciones, las encuentra. Un videíto parece muy demasiada poca cosa, a lo mejor lo que quiere decir es otra cosa. Habrá que escucharlo con atención.

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