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La camiseta partidaria ya no seduce multitudes – Por Sebastián Saharrea

Enrique Conti dice que busca captar el voto bloquista. Deberá cambiar la estrategia: sólo el 2,8% se define atraído por esa estrella. Un mal de estos tiempos y que afecta a todos por igual.

Por Redacción Tiempo de San Juan

Con más de 90 años caminados, el Partido Bloquista no sólo conoció tiempos de avalancha de votos sino que imprimió su sello cultural a una provincia que gobernó en varios tramos del siglo pasado, y de éste también.

Algo ocurrió que se vino a pique de un modo drástico. Falta de liderazgos o de caudillos, debajo de quienes le gustaba acomodarse. Falta de puntería en el momento de definir relaciones nacionales. Falta de pulso en la conducción de la administración pública. O simplemente el paso del tiempo que traza una perspectiva desde donde las cosas se suelen ver distintas, y que reclama una dinámica de cambio.

Atrás quedaron aquellos tiempos en que Federico Cantoni obtenía en 1931 más del 70% de los votos porque captaba casi el 100% de las mujeres sanjuaninas que votaban por primera vez.  O la contundencia de Leopoldo Bravo, que fue capaz de ganar de manera terminante dos elecciones seguidas entre 1962 y 1963, porque a la primera se la anularon. Hoy, el porcentaje de sanjuaninos que se declara identificado por el Bloquismo es el 2,8%, según un estudio de la consultora Acierto, que dirige Maximiliano Aguiar y que afecta hacia la baja a la totalidad de las agrupaciones políticas sanjuaninas, como se analizará.

Lo del partido de la estrella es el caso más notorio por la frondosa historia que hay detrás y por los forcejeos de la actualidad por los emblemas partidarios que ha dejado al oficialismo del lado del PJ a y una franja de dirigentes disidentes encabezados por el ahora candidato Enrique Conti bordeando la inconducta partidaria y alineándose por afuera de las estructuras orgánicas.

Las cifras entregadas por Maxi Aguiar demuestran que la lucha por el voto bloquista es una batalla inútil y que los que la emprenden lo hacen más por un factor de romanticismo que por algún otro relacionado con la utilidad concreta medida en votos. El partido de los Bravo y los Cantoni, capaz de verdaderas epopeyas en el pasado -como el carácter revolucionario de los inicios o hasta el recuerdo increíble de don Leopoldo tomando el colectivo línea 6 en la puerta de Casa de Gobierno después de renunciar por el revés electoral de 1985- aparece hoy con una generosa estructura de viejos locales partidarios tendidos en toda la provincia, pero apagados de aquel magnetismo que supo generar. El 2,8% de identificación habla de su fase actual desteñida y de que su futuro pasa ahora por los grupos numerosos de jóvenes que empezaron a asomar de a poco.

Pero atención que el estudio de Acierto tiene un alcance mucho más revelador que la evidencia de la lenta desaparición del voto bloquista. En general, ninguna camiseta partidaria alcanza ya por sí misma en la provincia para ofrecer garantías de una elección exitosa. Le pasa al mismísimo PJ, el oficialismo que ya lleva 10 años en la gestión y que alcanza una marca de apenas el 33% de la gente consultada que dice identificarse con la marchita y el ideario del General.

Un tercio del electorado no es una cuestión menor, pero está claro que no explica ni por asomo la perfomance electoral de Gioja, un gobernador identificado hasta el tuétano con el peronismo. Porque el sanjuanino atraviesa su vida partidaria por el PJ, se apoya políticamente en su estructura y tiene su base de operaciones en la calle 25 de Mayo, pero en las últimas tres elecciones no baja del 65% de los votos. Es decir, el doble de los que se consideran peronistas.

¿Dónde está la otra mitad? Resulta obvio que donde el oficialismo también cosecha grueso además de la franja natural de peronistas es en la de independientes, que según la consultoría Acierto alcanza al 22% del electorado sanjuanino.

Lo explican los últimos pasos del diseño oficial. Con la suma de Andrés Chanampa en el tercer lugar de la lista, un extrapartidario para el PJ con pertenencia bloquista –nuevamente sea dicho, sin gran tracción electoral- pero con señales de apertura al electorado independiente. Y con el propio discurso de campaña: “No hace falta que seas peronista, alcanza con que seas sanjuanino”, es uno de las frases más utilizadas en este tramo. Todo dicho.

Tampoco a Roberto Basualdo le dan las cuentas si debiera explicar su caudal electoral con los que se definen identificados por su partido. El estudio le adjudica un 6,2% del electorado, a todas luces exiguo para un dirigente que supo estar sobre los 20% y que se mantiene en el segundo lugar de las preferencias. En su caso, otra usina de sufragios proviene del numeroso casillero independiente.

Detrás suyo aparece el PRO, con una cifra sorprendente: el 4,5% que le adjudica Maxi Aguiar no es un dato para descorchar, pero sí significativo porque se trata de una expresión nueva de escaso recorrido en la provincia y que supera notoriamente a otras de larga trayectoria en San Juan. Es más, nunca sacó en las urnas ese porcentaje yendo solos, y ahora su candidato, Eduardo Cáceres, tendrá el desafío de pasar por encima de esa vara que parece estar alta.

Como está alta también la vara del radicalismo, que tiene en San Juan nada menos que el 3,6% de ciudadanos identificados con esa camiseta. Y aunque parezca un desfiladero estrecho, hoy el candidato radical en estas internas, Hugo Domínguez, pagaría por repetir ese porcentaje en los guarismos del mes que viene y no andar penando por subirse al ring con el piso del 1,5% de los votos.

De igual modo, lo significativo de este relevamiento es que la camiseta radical es más pesada que la bloquista en San Juan y que la del resto de los partidos que alguna vez supieron de cosechas gruesas. Como la Cruzada Renovadora, que llegó nada menos que a la gobernación en alianza con otros pesos pesados y que jugando sola golpeó las puertas del triunfo varias veces.

Hoy, la Cruzada aparece recluida en el casillero de otros, que marca un 4,2% de los consultados, aunque la candidatura de Nancy Avelín aparece ahora con chances de reverdecer laureles. En ese casillero hay también partidos vecinales fuertes, como Actuar de Rodolfo Colombo que supo medir cerca del 20% en toda la provincia.

El común denominador del estudio es que ya no hay voto cautivo, por la camiseta. Como antes, en que una franja se definía como peronista o radical, y allí desfilaba con su compromiso partidario, sea cual fuera el aspirante. Los tiempos cambiaron y hay otras motivaciones del voto. En San Juan, puede ser tanto “el candidato de Gioja” como “cualquiera que les pueda ganar”, sin importar el partido.

Otros tiempos, ni mejores ni peores, distintos. Con una materia pendiente: la financiación política, que sigue siendo a partidos según sus afiliados y que como está visto, ya es un lenguaje que atrasa.

 

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