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jueves 9 de abril de 2026

Chismes de negocios, y finanzas

El costo de la educación en San Juan, capítulo 3: perlitas y conclusiones

Hubo más interés por las universidades, que por escuelas y colegios. El extraño argumento de la asistencia social. Otra cosa rara: si se paga, se rinde mejor. Y otra más: ¿la eficiencia conspira contra la educación pública? Por Ricardo Olivera.
Por Redacción Tiempo de San Juan


 
-Dos semanas ocupados en los costos de la educación, con los más diversos comentarios de distintos individuos o sectores. Investigaciones que demandaron mucho tiempo y más de un dolor de cabeza por la sensibilidad de un tema del que nunca se habla, la eficiencia del sector educativo. Éste ocupa la parte más gruesa del gasto público pero no se le exige rendición de cuentas, ni económica ni académica. Terminado el trabajo podemos afirmar que habría mucha grasa para sacar del abundante tejido adiposo del sistema público, eso sin afectar para nada el resultado o, incluso, para mejorarlo. No olvidemos que la provincia asigna el 30% del total de su presupuesto para el sistema educativo y que eso representa la mitad del gasto social que incluye salud y asistencia.

-Como cita curiosa puede decirse que hubo más debate por los números de la UNSJ que por la escolaridad primaria y secundaria, como si esos segmentos no resultaran de tanto interés. Recordemos que en cuanto a dinero asignado a cada alumno por año están bastante parejos, 35.500 para primaria y secundaria por cabeza contra 44.000 para los universitarios. En los dos primeros niveles la gestión pública cuesta el doble que el más sofisticado de los colegios de gestión privada y en la universidad un egresado cuesta 10 veces más que un par de la Católica.

-Entre los argumentos que se me hicieron llegar respecto del bajo porcentaje de graduados universitarios sobre la cantidad total de inscriptos (menos del 5%), uno me llamó la atención: La universidad sirve de contención para los que no trabajan. Para eso se me ocurrió una respuesta: la universidad se entiende que está para que el individuo llegue al nivel más alto de conocimiento que ha logrado la humanidad en las distintas materias, para formar la elite de conocimiento que ha de guiar, al menos técnicamente con esa capacitación de excelencia, al conjunto de la sociedad. Otra cosa distinta es la acción social a la cual corresponde elaborar esos tejidos de contención para los que los necesiten.

-Que sea tarea de la universidad compartir responsabilidades en ese campo con los ministerios específicos del Poder Ejecutivo representaría una novedad filosófica sobre el sentido de las casas de altos estudios. Parece más sencillo que cada cosa deba estar en su lugar y que a cada finalidad se debe aplicar un recurso. Pagar educación para que se termine haciendo asistencia social o la inversa, no da idea de una administración transparente en la que se pueda saber qué se está financiando con cada partida.

-Otra observación extraña fue: claro, en la Católica se reciben porque tienen que pagar (¿?). De ahí se desprendería que la gratuidad debe permitir la falta de rendimiento como algo natural. Todo lo contrario, como ha quedado demostrado, no es que la educación pública sea gratuita, lo es para el que cursa estudios, pero no lo es para la sociedad, que invierte en ello grandes sumas 6,5% del PBI como mínimo por ley. En reconocimiento de ese esfuerzo común el estudiante debería ser más aplicado. Pero, en fin, son criterios.

-Hubo también alguna argumentación que pretendió profundidad filosófica para terminar criticando el neoliberalismo y suponiendo un ataque a la educación pública. La verdad, ¿desde cuándo la eficiencia es patrimonio de alguna corriente ideológica? Gastar bien los dineros públicos es una virtud que, por el contrario, defiende con ejemplos concretos y palpables el rol del Estado en los servicios esenciales. Un ejemplo conocido es Canadá o los países nórdicos, cobran muchos impuestos pero no perdonan la ineficiencia. Es bueno discutir la relación recursos versus resultados y no solo al incremento infinito de los presupuestos, pero también es bueno volver la mirada a nuestros temas habituales.

-Comenzamos con el mercado inmobiliario, que en poco tiempo ha pasado por una fuerte ciclotimia, la euforia, la depresión y la tendencia a la normalidad que aparenta ser el clima que viene. 2012 fue el último año de crecimiento explosivo, resultado del juego simultáneo de varios factores: crecimiento importante tanto de la economía como del nivel de confianza de los consumidores (creo que el año que viene me irá mejor); alta inflación que invita a ahorrar en ladrillos que no se devalúan y posibilidad de tener una unidad de cuenta para el precio, que en Argentina siempre fue el dólar. En San Juan, el impresionante derrame de la minería tanto por las explotaciones en marcha como por las expectativas, motivó la llegada de profesionales con buenos sueldos y necesidad de viviendas de calidad. Una cosa arrastró a la otra, los precios se fueron arriba y proliferaron los desarrollos nuevos de barrios de todo tipo. Fuerte demanda y oferta que se apuraba por ponerse a la par, son síntomas que se fueron perdiendo con la restricción para usar dólares y el decaimiento de la actividad minera. El horizonte terminó de ponerse negro en los dos primeros meses de 2014 en que prácticamente no hubo operaciones por la incertidumbre que causó la devaluación del 23% de la moneda nacional.

-No solo se afectó la venta de lo construido sino también lo que está en construcción, que había venido siendo la estrella de la última temporada por los sistemas llamados "a la bolsa". Marzo empezó con mayor tranquilidad, volvieron las consultas y todo parece encaminarse a recuperar un movimiento tranquilo pero constante. Siempre se piden más departamentos o casas que oficinas y locales comerciales, rubro que quedó restringido a pocas calles del microcentro. A diferencia de lo que se ve en Buenos Aires aquí no hay problemas con el pago en pesos pero, eso sí, las compra-ventas son 50 al boleto y 50 a la escritura, todo en un plazo no mayor a los 45 días. No hay financiación más larga salvo para lo nuevo aunque con lógicas cláusulas de ajuste que se negocian en cada caso. Los alquileres de viviendas de nivel son los que fueron golpeados con más dureza por la caída minera. Este combo complejo abrió también ventanas a las buenas oportunidades de negocios. Quien compró un metro cuadrado en septiembre pasado a $ 8.000, se encontró con que puede venderlo a $ 11.000 en marzo de 2014. 37% de diferencia en 6 meses cubre la inflación ocurrida y deja una ganancia mayor a cualquier otra colocación.

 

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