Sentado en la mitad de la cancha de sus amores, el Olimpia Patín Club, Oscar Oviedo revive cada recuerdo como si fuera ayer. Allí, donde se calzó los patines por primera vez a los tres años, comenzó una vida profundamente ligada al hockey. Su madre, costurera incansable, preparaba los uniformes del club; su padre, un hombre de los “mil oficios”, lo acompañaba a cada entrenamiento y nunca dejó de inculcarle disciplina y pasión. “Vivíamos a la vuelta del club. Mi viejo nos traía, mi hermano y mi primo también empezaron con nosotros, y desde ahí nunca nos separamos del hockey”, expresa con nostalgia.
Nunca cambió de camiseta, hizo historia y ahora va por un desafío europeo: "Chupa" Oviedo, el sanjuanino que lleva casi medio siglo en el hockey
Tenía apenas tres años cuando se calzó por primera vez los patines. Con una madre costurera y un padre de los “mil oficios” como pilares, comenzó su historia en Olimpia. Allí fue jugador, técnico, dirigente e impulsor de Hockey para Todos. Hoy, con 50 años, cruza el charco para debutar como DT en Europa. “En ningún momento veo al hockey fuera de mi vida”, confiesa.
"Chupa", como lo conocen en el ambiente del stick y la bocha y a lo largo y ancho de la General Acha, creció entre los pasillos y canchas de Olimpia, un lugar que se convirtió en su segunda casa. Allí jugó toda su carrera en San Juan, con excepción de las temporadas que pasó en Europa, y jamás cambió de camiseta. Ganó cinco ligas nacionales como jugador y luego repitió la hazaña como técnico. “Siempre tuve la fantasía de jugar siempre en mi club, sin cambiar, y lo pude cumplir. A veces había tentaciones de sumarme a otros equipos, pero mi fidelidad siempre estuvo ahí”, asegura.
Su historia está marcada por la pasión y la lealtad, valores que transmitió a cada jugador y a cada generación que pasó por sus manos como técnico, rol que inició antes de cumplir 20 años. Primero dirigió la escuelita de Olimpia, y desde entonces trabajó con todas las categorías, incluidas las selecciones provinciales. “Pasé de los niños que recién empiezan a la adolescencia, que necesita más apoyo y contención, hasta la Primera División, donde la competencia es dura y exige mucho manejo emocional. La clave siempre fue rodearme de gente predispuesta y profesional”, asegura.
Hoy, casi medio siglo después de aquel primer par de patines, Oviedo se prepara para cruzar el charco y dirigir en Montebello, un club italiano. Allí tendrá la misión de integrar a los jóvenes de las divisiones inferiores en la primera categoría, un desafío que mezcla formación y liderazgo. “Es la primera vez que voy a estar diez meses sin poder ver a mis hijos ni a mi familia, así que fue una decisión muy difícil, donde lo profesional se mezcló con lo emocional. Pero sentí que era el momento justo. Este año cumplí cincuenta, y pensé: si no lo hago ahora, ¿cuándo?”, confiesa.
Su llegada al hockey europeo se da en un contexto especial. El club había descendido de A1 y está en proceso de reconstrucción, con un foco puesto en las inferiores y el desarrollo de nuevos talentos. Chupa, que jugó seis temporadas en distintas partes de Italia, reconoce que el rol de entrenador es totalmente distinto al de jugador: “Después de quince años fuera, es como empezar de cero. No es lo mismo ir de jugador que de entrenador, y tengo mucha expectativa”. Su experiencia en Europa y su red de contactos, entre ellos su hermano Juan, exarquero de la Selección Argentina, serán herramientas clave para el proyecto, que también incluye trabajar con la sub 17 que participa en la Champions League.
Pero más allá de títulos y competencias, la mayor satisfacción de Oviedo proviene de su proyecto Hockey para Todos, lanzado en 2013 con el objetivo de incluir a niños con discapacidad. Lo que comenzó con seis chicos hoy alcanza a casi veinte alumnos en Olimpia y se replicó en Chile y Buenos Aires. “Al principio fue difícil convencer al club de ceder una hora de pista para estos chicos. Pero poco a poco se fue cambiando la mentalidad. Ahora los niños dejaron de ser especiales, son amigos y compañeros, y eso se refleja en toda la familia: ver a los chicos felices, brindarles un espacio donde se sientan cómodos, no tiene precio”, dice el protagonista.
Chupa recuerda con emoción cómo los alumnos más avanzados se convirtieron en profesores del proyecto, y otros siguen su formación académica o participan en iniciativas comunitarias. “No solo comparten la cancha; aprenden, crecen y mejoran su calidad de vida. Eso es lo más gratificante de todo”, afirma. El proyecto se replicó también en Argentina Juniors y en Chile, y Oscar sueña con llevar esta experiencia a Europa. “Ojalá pueda plantar la semillita allá también. Es un sueño seguir multiplicando el impacto”, confiesa.
Su historia está marcada por la pasión, por el trabajo y la entrega familiar. Su madre falleció en 2010, pero su legado de esfuerzo y apoyo permanece. También el de su padre, el "Beto", quien supo ser peluquero, bombero, árbitro y gestor comunitario, y le enseñó, entre otras cosas, a combinar amor por el hockey y responsabilidad. Y mientras se prepara para partir, Oviedo mira hacia atrás con gratitud y nostalgia. “Irse de Olimpia es complicado, porque uno siente todo lo que ha vivido. Pero sé que dejo todo en buenas manos y que el hockey seguirá siendo parte de mi vida. No me veo sin estar relacionado con este deporte; es un amor eterno que nunca se rompe”, concluye.