En un galpón escondido de Concepción, con guantes gruesos y un casco protector, Ramiro Sisterna inclina su cuerpo sobre un viejo portón y se pone a soldar. Con ropa de laburo, lejos de su casa, pasa sus mañanas y tardes entre chispas y metal caliente para ganarse el mango. A unos 20 kilómetros de esa metalúrgica, Franco Olivera acomoda su uniforme de trabajo, ajusta su barbijo y cofia para dirigirse, en moto, al Hospital Marcial Quiroga. Allí cumple turnos de 8 horas como personal de limpieza, en uno de los sectores más demandantes de todo el edificio: la sala de cirugía. Podría parecer una rutina común de dos laburantes más, pero detrás de esas jornadas hay algo más: dos futbolistas del interior que este domingo jugarán una de las finales más importantes de su vida. La Copa País, el torneo impulsado por “Chiqui” Tapia, tendrá en San Juan una definición histórica entre dos ligas del interior profundo. Y ellos, Ramiro y Franco, serán protagonistas.
Laburantes, futbolistas y soñadores: la vida detrás de la final, entre soldadoras y tachos de basura
Ramiro y Franco representan a las dos ligas del interior que protagonizarán la definición de la Copa País. Lejos de los pequeños privilegios que pueden tener, incluso, quienes juegan en la ciudad, se la rebuscan a diario. Fútbol amateur, en su máxima expresión.
Ambos son oriundos del departamento San Martín, aunque hoy representan camisetas distintas. Uno juega para la Liga Albardón-Angaco y el otro, para la Caucetera-Sanmartiniana. Son justamente esas dos instituciones las que alcanzaron la final del torneo federal que reunió a selecciones liguistas de todo el país, incluidas las ocho de la provincia. La gran definición será este domingo en el Estadio del Bicentenario, y el ganador no solo se quedará con la gloria local: avanzará a la instancia Regional, donde se disputará un lugar en la Final Nacional. Además del título, estará en juego un premio que ilusiona a todos: el pase directo a la Copa Argentina 2025.
Pero detrás de ese partido, de esa camiseta y del sueño compartido, hay historias como la de Ramiro, que empieza su jornada bien temprano. "Este es un trabajo pesado, no es un trabajo liviano. Por ahí sí se complica, llegás cansado a los entrenamientos. A veces no tengo ganas de entrenar, pero hay que ir igual”, confiesa. A sus 29 años, lleva más de una década entre torneos, ligas y entrenamientos. Incluso jugó en varios clubes de la Liga Sanjuanina: Unión, Trinidad, Peñarol, Rivadavia, y ahora vive uno de sus mejores momentos en Paso de los Andes, con quien fue campeón hace apenas dos semanas.
“Este semestre fue increíble, y ahora me toca jugar una final con la selección de mi liga. Es algo hermoso, cada final se vive como un sueño. Es un premio al trabajo, al esfuerzo y a un grupo que ya es familia, porque uno comparte mucho tiempo con ellos. Hay que aprovecharlo y disfrutarlo”, cuenta el protagonista, quien saca pecho por haber eliminado a una Liga Sanjuanina con mayoría de futbolistas con mejor preparación y vida. "Fue un desafío importante, aunque nos subestimaron demasiado", agrega.
Aunque ahora se viene otra definición de infarto, la más importante, su rutina no afloja. Tiene media hora para llegar al trabajo, otra media hora hasta su casa, y de ahí, 30 minutos más más para ir a entrenar. “Laburo con mi hermano de lunes a sábado, e incluso esta semana, no cambia nada que juegue la final, hay que laburar. Llego a mi casa en la noche, cerca de las 21hs. Y la familia me espera, me banca. Es fundamental en esto. Tengo una buena compañera que va a la par mía”, cuenta Ramiro.
En paralelo, Franco también se levanta temprano y a veces, de madrugada. Su jornada arranca con el uniforme azul que usa en el Marcial Quiroga y no termina hasta cumplir con su horario. “Trabajo ocho horas por día, todos los días. Tengo un solo día de descanso. Cuando me toca turno de tarde, de 14 a 22, se me hace imposible entrenar. Llego muerto. Pero cuando estoy de mañana o de noche, ahí me hago el hueco. Es difícil, pero es algo que nos apasiona”, explica con la misma pasión que corre detrás de cada pelota.
Se muestra sereno, pero por dentro tiene un cansancio acumulado de una semana convulsionada. “A esto lo hacemos con amor, con sacrificio. Nosotros no vivimos del fútbol, pero es nuestro cable a tierra”, confiesa. El futbolista de San Isidro también tiene 29 años, y este año, cuenta, fue especial. Participó en dos competencias importantes y ahora se ilusiona con cerrar el año levantando la copa con su selección liguista. “Es un premio al esfuerzo. Ojalá que el final sea feliz, que podamos traer la copa a nuestro departamento. Es un sueño”.
Mientras habla de la final del domingo, Franco se toma unos minutos para mostrar su uniforme de trabajo, que ya tiene listo sobre la cama. Si bien faltan poquitos días para el partido, no hay descanso en el laburo. Espera, con ansias, el permiso para estar presente el domingo. “Entro a las 15 y me voy en moto hasta el hospital. Salgo a las 23 y en la mañana descanso. El sábado también trabajo, de tarde, pero vamos a hacer todo lo posible para estar el domingo”. Y agrega: “Si tengo que trabajar el sábado, lo haré, pero el domingo quiero estar. Ojalá pueda conseguir el permiso. Ya sería el broche de oro”.
Ambos comparten algo más que las raíces, su querido San Martín. En ellos hay un mismo esfuerzo, amor por el fútbol, y la convicción de que jugar una final como la que se viene es algo que no se va a olvidar. Ramiro lo resume sin vueltas: “Si uno ama el fútbol, tiene que hacer las dos cosas por igual. Trabajar y jugar”. Y Franco coincide: “Esto es lo que nos vamos a llevar. Lo hacemos por pasión. Que el fútbol nos dé esta oportunidad, ya es un regalo”.
La Liga Albardón-Angaco y la Liga Caucetera se enfrentarán el próximo domingo 10 de agosto a las 16hs en el Estadio del Bicentenario, con ambas hinchadas. El duelo consagrará al representante sanjuanino que avanzará a la fase regional del torneo: su rival saldrá de Mendoza o San Luis.
Sin sponsors, sin flashes, sin sueldo. Con amor y sacrificio, Ramiro y Franco se preparan para una final soñada entre chispas de soldadora y pasillos de hospitales.