En el Reino Unido Argentina tiene muchos hinchas, claro que están en Escocia y en Irlanda, enemigos íntimos e históricos de Inglaterra. Pero entre los ingleses es más difícil, post Malvinas y La Mano de Dios, encontrar muestras de respeto y admiración.
Ingleses y uruguayos, rendidos a los pies de Lionel Messi y del coraje argentino
Un caso fue el de la columna del diario The Guardian, firmada por el periodista Jonathan Wilson tras el triunfo argentino ante Países Bajos.
“Él es el mejor que hemos visto y cada juego podría ser el último en que lo veamos. Messi no se retirará en el instante en que termine su Copa del Mundo, pero esta es la etapa que claramente le importa más. Podrá agregar uno o dos títulos de la Ligue 1, incluso una Champions League con el París Saint-Germain, pero apenas se registrará en su legado. Si gana el Mundial, hasta la última objeción sobre él va a desaparecer. Cada uno de sus partidos en esta Copa del Mundo es un emblema de la fragilidad transitoria de la belleza humana, de la eterna marcha del tiempo”, escribió.
Sobre la jugada del gol de Nahuel Molina, consideró: “En el inicio, la jugada no parecía gran cosa, no para los mortales. Pero una pausa momentánea fue suficiente para arrastrar a Nathan Aké y crear una apertura, a través de la cual Messi deslizó un pase en profundidad, absurdo en la concepción, perfecto en la ejecución, que el lateral derecho casi se vio obligado a marcar”.
La nota, titulada “Un emblema de la fragilidad transitoria de la belleza humana“, culmina con este párrafo: “Esta Argentina siempre ha vivido al borde del abismo. Para ellos, en este torneo el único lugar para el corazón está en la boca. Argentina incluso podría haber ganado fácilmente ante Países Bajos, dado que Messi desbloqueó dos veces a los holandeses en la segunda mitad, solo para que la torpeza de sus compañeros lo decepcionara. Pero preguntar qué podría hacer (Messi) en un mejor equipo es perder el punto. Que Diego Maradona inspirara a un equipo que distaba mucho de ser un campeón mundial fue su gran gloria. Algo similar, justo al final de la era que comenzó en Doha hace 27 años, podría hacer Messi”.
En el caso de los uruguayos, notamos aún más emoción.
El amor que sienten históricamente los argentinos por los uruguayos quizá sea el amor menos correspondido de la historia humana.
El enfrentamiento de orientales con porteños, cierta tirria, a veces folclórica, a veces fundamentada en capítulos de la historia de esta parte de Sudamérica, se extiende como una sombra sobre el resto de los argentinos, y concluye en la generalización.
Por eso sorprendió que el periodista Ignacio Chans titulara su columna de opinión publicada en el periódico El Observador “Este Argentina es uruguayo, como no vas a hinchar por ellos”, compartiendo con los vecinos la virtud que enorgullece a los hijos de Artigas: el desmedido coraje, la garra charrúa.
“El Dibu Martínez atajando penales, otra vez Rodrigo de Paul peleándose con los rivales y mordiéndose para bancar una lesión, Lautaro jugando con un tobillo lesionado, mascando la bronca de perder la titularidad y definiendo el partido en el último penal”, enumeró Chans.
“Peleadora, juega y muerde. Le grita en la cara a los rivales tras el último penal, descargando la tensión por un partido en el que se jugaron los 120 minutos y llegaron hasta los empujones (...) Lo tenían ganado, se dejaron estar en el final, se lo empataron de forma increíble. Tenía todo para ganar tranquilo, pero sufrió lo indecidible. Más uruguayo no se consigue”, comparó, para cerrar avisando que “el martes voy a volver a hinchar por ellos. Por los uruguayos de Argentina”.