Historia de lucha y superación. Majo las pasó todas, perdió a su abuela en el camino y en vez de hundirse, fue el trampolín de fuerza para convertirse en la ciclista más importante del deporte adaptado. Una infancia feliz, entre primos y por las empolvadas calles de Campo Afuera. La casa natal sin duda es la raíz más importante de la vida de la sanjuanina que dentro de poco estará viviendo un sueño en la Villa Olímpica y Edith, hoy es el ángel que la acompaña en cada paso. "Nunca pensé que iba a llegar tan lejos, es un orgullo para todos".
Edith, el ángel que está detrás de la única sanjuanina que dirá presente en París
Es la tía de María José Quiroga, la primera mujer ciclista en ir a unas olimpiadas. Una infancia durísima aferrada a su abuela y la resiliencia de marcar un camino después de su pérdida. Las claves en su formación y el día que soñó con tatuarse los anillos más importantes. De Campo Afuera directo a la Villa Olímpica.
Cruzando el ingreso de Albardón, está la casa de Majo. La sanjuanina no vidente que eligió al ciclismo como estilo de vida y hoy se encuentra armando las valijas para vivir los Juego Paralímpicos, la competencia más importante y que reúne a los mejores del mundo. Calor de hogar y paredes bajas llenas de cuadros, la mayoría son de ella, en algún que otro homenaje.
"La infancia de Majo ha sido bastante dura. Quedó sin mamá a los 7 años porque falleció de cáncer y desde ahí la crió su abuela, no sólo a ella, sino también a sus tres hermanos porque ellos quedaron solitos", puso en palabras Edith Quiroga, la tía que hoy es pilar fundamental en su vida. Su condición no fue límite de nada y ella pudo disfrutar de su infancia como cualquier otro niño: "Fue a una escuela de braille un año y después pasó al Colegio Parroquial de Los Desamparados porque fue el único lugar donde la aceptaban. Majo tuvo una vida normal, con sus primos, nunca fue discriminada ni se le hizo diferencias".
¿Sentís que su familia fue clave en su formación? "Siempre tuvo el apoyo de su familia, de los que estamos ahora, de los que no están también. Mi mamá (la abuela de Majo) fue el pie fundamental. Tuvo un bajón con su fallecimiento, pero se levantó, tiene mucha fuerza de voluntad".
En su infancia, Majo incursionó por varios deportes hasta encontrarse con uno que verdaderamente la hiciera sentir plena. Al ciclismo adaptado llegó a través de Willy Quinteros, quien luego se transformó en sus ojos para los entrenamientos en la Ruta. Fueron días de mucho calor, competencias y de logros que la llevaron a tener esta citación tan importante en los Juegos Paralímpicos de París. El asombro hasta donde llegó, aún impacta en el seno de la familia Quiroga que cuenta los días para ver a 'su pequeña' por la televisión por primera vez en el campeonato de los anillos.
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