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jueves 30 de abril de 2026

Capítulo I

Desde adentro: una velada con la voz del box

Si bien los que se llevan todas las luces son los púgiles que se suben al ring, en el mundo del boxeo hay personajes que ocupan un lugar con menos brillo y, sin embargo, son esenciales para la puesta en escena. Esa es la historia de Daniel 'Picante' Pereyra, el presentador de peleas que deja la vida y la garganta por su pasión. Por Luz Ochoa y Antonella Letizia.

Por Redacción Tiempo de San Juan

En el boxeo, las luces apuntan directamente a sus protagonistas con guantes del ring. Sin embargo, hay figuras que son indispensables para que el espectáculo cobre vida y una de ellas es Daniel Pereyra, más conocido como 'Picante', la voz que durante casi 28 años sigue acompañando las veladas en San Juan y en buena parte del país.

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Su historia, retratada en el primer capítulo del especial de Tiempo de San Juan denominado 'Desde adentro', devela lo que no siempre se percibe a simple vista: el detrás de escena, la dedicación y un trabajo tan exigente como apasionante. En una puesta de cuatro minutos y pico, el protagonista que conduce las riendas de las veladas boxísticas más entretenidas de la provincia destaca lo más importante de su mundo y recorre su carrera.

Preparado como pocos, sus pasos iniciales son más que una rutina, son ya un ritual que celebra cada noche que la campana suena. "Siempre llego una hora u hora y media antes. Tengo que armar mi planilla, porque puede haber cambios de último momento", cuenta. La organización es clave para no fallar cuando el micrófono se enciende y la luz blanca se pone sobre su cabeza.

Pereyra ocupa un lugar estratégico en la mesa fiscalizadora, junto al fiscal, el encargado de la campana y el médico. Desde ahí, controla cada detalle en las peleas que forman parte del amateurismo. No obstante, cuando la cuestión es profesional y los títulos en juego son la atracción del público, su hábitat cambia: se sube al ring, se viste de gala y se convierte en el animador del show, en el nexo de los protagonistas con la afición.

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La preparación no es sólo técnica, según confiesa, también es emocional. Es que, antes de cada velada, el 'Picante' tiene su propia ceremonia y, por ello, asegura: “Le pido a mis padres que me ayuden desde el cielo, que todo salga bien”. A pesar de la experiencia, que lo transformó en una figura del deporte local, los nervios siguen intactos. “Nunca se van”, admite.

La exigencia física y el uso de sus cuerdas vocales tampoco es menor. Pereyra dice que llegó a presentar hasta 19 peleas en una noche de boxeo y más de 70 en festivales de kickboxing. Es por eso que atraviesa jornadas que arrancan a la tarde y terminan de madrugada, en las que la garganta y la concentración deben resistir hasta el final. “Antes tomaba café, ahora me cuido más”, cuenta entre risas.

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Pese a manejar los hilos de una gran maquinaria, no todo depende de él. Detrás de su tarea hay un equipo que lo asiste constantemente: desde quien le acerca agua hasta quien lo ayuda con la iluminación improvisada con un celular, cuando las condiciones no acompañan. “Necesito escucharme bien y tener luz blanca para leer. Si no, se complica”, explica.

La presión crece cuando hay televisión o títulos de gran envergadura en juego. Es como “una mochila cargada de plomo”, reconoce quien trabajó para señales como Fox Sports y la TV Pública. En ese escenario, los tiempos son estrictos y la coordinación con producción es milimétrica. “Con una mirada ya sabemos cuándo salir”, asevera.

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A lo largo de su carrera, admite que vio "de todo". Desde promesas para el pugilismo hasta campeones consagrados como Omar Narváez, cuya presencia lo marcó profundamente. Sin embargo, mantiene una premisa inquebrantable: la imparcialidad. “ El fallo lo determinan los jueces. Yo sólo comunico”, remarca.

El contacto con el público es otro diferencial que lo mantiene enamorado del boxeo. A diferencia de otros deportes, siente la energía de la gente a pocos metros. “Te alientan, te empujan. Eso también te da fuerza”, asegura el presentador de box.

Hoy, a los 58 años, el retiro aparece como una posibilidad que ronda su cabeza. Pero no es una decisión sencilla. “No hay nadie que me reemplace”, dice, con una mezcla de orgullo y nostalgia. Y mientras tanto, cada vez que arranca una velada y su voz retumba en el estadio, el ritual vuelve a empezar y la última se ancla.

Desde adentro: una velada con la voz del box

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