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domingo 22 de marzo de 2026

Historia

Confesiones de una futbolista sanjuanina

La protagonista de la nota es una jugadora de Palermo FC que disfruta tanto lo que hace que, ni en los sueños más locos de niña, imaginó que podía conquistar lo que logró, aunque no se trata de títulos o copas, sino de algo todavía más preciado: el presente del fútbol femenino.

Por Luz Ochoa

En el marco del Día de la Futbolista Argentina, que se celebró el 21 de agosto en conmemoración de la goleada del seleccionado nacional a Inglaterra en el Mundial de México en 1971, 15 años antes de que Maradona marcara un hito en el mismo estadio y frente al mismo rival, Tiempo de San Juan abre juego con una de las protagonistas que todos los fines de semana dan vida a la actividad en San Juan.

Victoria Granados es una futbolista sanjuanina que viste la camiseta de Palermo FC, el histórico equipo de fútbol femenino de la provincia, y quien desde hace ocho años, momento en que se calzó los cortos por primera vez, vive una verdadera aventura junto a las suyas. Es que más allá de los títulos, los goles y las victorias cosechadas a lo largo del recorrido, lo que disfruta es el presente aunque no precisamente el propio, sino el de la disciplina que encarna.

La jugadora confiesa que ni en sus mejores fantasías imaginó que podía vivir la experiencia deportiva a pleno y reconoce que ello es producto del sacrificio de generaciones pasadas, aunque destaca que todavía queda mucho por hacer. Algo tan sencillo como entrenar durante la semana y disputar un partido de liga durante el fin de semana era impensado para las sanjuaninas de otros tiempos.

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El Estadio del Bicentenario, un escenario impensado para el fútbol femenino.

Sin embargo, desde el 2017 la historia comenzó a cambiar cuando la Liga Sanjuanina de Fútbol oficializó la competencia de las chicas. A partir de entonces y con altibajos, la práctica sumó adeptas en todo el territorio local y hoy alcanza números récord de participación en varias categorías. Vito, como la llaman sus compañeras, es una de las jugadoras que fue testigo de esa transición y que impulsó el cambio desde adentro de la cancha.

Quien siempre amó el deporte de la pelotita, lo jugaba de niña y se fanatizaba cada vez que veía a Boca, a pesar de que su familia era más del palo del rugby al punto de convertirse en una incomprendida, cultivó una pasión que se mantuvo latente hasta que de grande erupcionó. "Yo lloraba cuando mi equipo perdía y mis papás no lo entendían", recuerda la misma que se maravillaba con los 'Galácticos' del Real Madrid.

Aunque respiraba fútbol, admite que nunca soñó con ser jugadora. "De chica no existía eso, cómo lo iba a imaginar. Jugar a la pelota era totalmente inalcanzable", admite la joven que recién a sus 23 años empezó a jugar y que, por encima de sus expectativas, disputó finales en el Estadio del Bicentenario y en el Hilario Sánchez de San Martín.

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Para la protagonista, la rivalidad no existe entre las futbolistas sanjuaninas, que celebran cuando a otros equipos les va bien afuera de la provincia.

Quizás por cuestiones culturales, puesto que no era bien visto que una "señorita" corriera a la par de los varones, o simplemente porque así se dio, aquellos partidos que jugaba en una canchita de su Calingasta natal junto a sus amigos, que eran a muerte y que le enseñaron a tirar las primeras gambetas, quedaron en el olvido. A los 11 años, vino a vivir a Capital y nunca más tocó una pelota.

Como si se tratara una historia de amor de telenovela de encuentros y desencuentros con el fútbol, finalmente llegó su "juntos para siempre". Fue recién cuando se hallaba en la etapa de universidad y, a través de un grupo de chicas con las que jugaba por diversión, que se reencontró con la redonda y no volvió a separarse de ella. Más tarde conocería a Mónica Vela, una de las figuras que más hizo por la construcción del fútbol femenino en San Juan, quien la ficharía para las Cobras de Palermo hasta la fecha.

Con el combinado que dirige Vela, Vito supo lo que era competir en un torneo nacional y poder sentirse una profesional junto a colegas de otras partes. Es que si bien la práctica sigue siendo amateur, asegura que empezaron tan de cero que cada paso que dieron lo vivieron como un éxito. El viajar, representar a la provincia y codearse con las mejores del país, ya sea en futsal o fútbol once, para las futbolistas significó un crecimiento inconcebible.

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Una foto histórica. De una competencia nacional, las sanjuaninas que jugaban para diferentes equipos del país se reencontraron y sellaron el momento con una fotito para el recuerdo. "Es un reflejo de lo que hemos crecido futbolísticamente", dice Vito.

"Me fallaba el cerebro en ese momento, no podía creer que en un torneo -como el que fue el de futsal en Bariloche del año pasado- tuviéramos la misma importancia que los hombres. Era surrealista aquella situación de compartir los mismos espacios", confiesa en tono de broma.

Todo eso que a ella la obnubilaba, por otro lado, a sus compañeras más chicas no les hacía ni cosquillas. Tal vez porque están naturalizadas a que la cosa sea así de organizada para la competición femenina, Vito cuenta que ellas lo viven con normalidad. "Han crecido con un contexto mejorado y eso está buenísimo, pero hay que seguir luchando por más. A los derechos adquiridos hay que cuidarlos, porque los podemos perder, entonces es necesario apoyar el desarrollo de la práctica", sostiene.

Para la joven que cuenta su historia, las claves de la evolución en el fútbol femenino están en el compromiso de cada jugadora. "Creo que, aunque no cobremos, tenemos que ser profesionales en el sentido de la responsabilidad y la dedicación, más allá de nuestros trabajos o estudios. Pese al crecimiento, la rama femenina sigue siendo un tanto despreciada, no sólo en Argentina sino en el mundo, basta con mirar a España y todos los problemas que hay en la federación", argumenta y señala: "Es por eso que el respaldo es entre nosotras, sin importar las camisetas. Que no sea sólo juntarse a jugar un fulbito, sino hacerlo en serio".

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El equipo de once de Palermo FC y Vito, la primera, abajo a la derecha

Hacerse ver y hacerse escuchar es el desafío que asume, al igual que el resto de las futbolistas que día a día dejan de lado sus obligaciones para ganar terreno en la disciplina. Es que en una buena parte de los clubes locales, las pibas siguen siendo relegadas y pese a que pueda percibirse como una injusticia, según dice Vito, la sabiduría de las más grandes como Mónica Vela y otras pioneras apacigua las aguas e indica que todo es parte de un proceso.

"A veces no podemos entender cómo cuesta que les prestan las canchas a las chicas porque las tienen que cuidar para el equipo de los hombres y eso para las más grandes no es nada. Nos dicen que estemos agradecidas de tener la chance de usarlas, que tarde o temprano la historia se va a equiparar", expresa la misma que admite que le gustaría ser más joven para aprovechar al máximo el buen presente de la disciplina.

La futbolista que es profesora de Física, pero que no ejerce y trabaja en otra cosa para darse los tiempos de entrenar y cumplir con su equipo, asegura que no se arrepiente de las decisiones que toma en torno a su carrera deportiva. Adentro del campo de juego cumple funciones como segunda central y, aunque acepta haber aprendido bastante a lo largo de estos años, asevera que la técnica que no incorporó de más chica la pone en desventaja con las nuevas generaciones. Aún así, se alegra porque otras chicas tengan la oportunidad de explotar sus capacidades.

Su motivación por patear una pelota no sólo fue obra de sus gustos, sino también del apoyo incondicional de recibió de parte de su hermano. Relata que fue él quien la animó a jugar, aún sin tener demasiada idea -por aquellas épocas- de lo que se trataba el deporte. "Ni yo sabía que jugar al fútbol era mi sueño y él sí, por eso me volvió local para aceptara", destaca y sigue: "Me siguió tanto que se metió de lleno y creó una página (En cortos no hay pollera) que transmitió el primer partido de femenino de la liga".

Sus vivencias, tan particulares como las de su persona y al mismo tiempo tan similares a las de otras, son una muestra de una pequeña porción de la realidad denominada fútbol femenino. Por más que no haya sido de aquellas que fundaron los cimientos de la práctica, es parte del grupo que también hizo historia cuando puso en marcha la máquina que otras construyeron. Con mucho más para entregar, promete apoyar desde el lugar que le toque y advierte que para el fútbol de las chicas en la provincia, lo mejor está por venir.

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