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sábado 21 de marzo de 2026

Histórico

Cierra el mítico Luna Park: qué sanjuanino aún conserva el récord de tickets cortados en ese templo

Un 4 de septiembre de 1965 el Luna Park fue escenario de una pelea de boxeo que paralizó el país y que involucró a un sanjuanino. Hubo récord histórico de público y chicanas en la primera grieta política sobre el ring.

Por Giulia Lux

El Luna Park le bajará el telón a la función y es momento de recordar que hace 59 años, un sanjuanino hizo historia en un enfrentamiento sobre el ring: fue un momento histórico que estuvo tuvo récord de tickets cortados en ese templo.

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El 4 de septiembre de 1965, una pelea de boxeo paralizó el país e involucró al sanjuanino Gregorio "Goyo" Peralta, quien en ese entonces llegó a medirse frente a Oscar "Ringo" Bonavena. Una previa tapada de condimentos en el mítico Luna Park y que batió un récord jamás superado: 25.236 espectadores pagaron su entrada, aunque en realidad se calculó que eran casi 30.000 las personas que se encontraban en el estadio. Nadie quiso perderse este acontecimiento e incluso hubo miles de fanáticos -y no tanto- que viajaron desde el interior para conseguir su entrada.

Hubo récord de recaudación $13.196.500 y en entradas vendidas 25.236. El público apoyó al campeón, sanjuanino, perfil bajo, 30 años; del otro lado el porteño, de 22 años, sin título y fanfarrón Hubo récord de recaudación $13.196.500 y en entradas vendidas 25.236. El público apoyó al campeón, sanjuanino, perfil bajo, 30 años; del otro lado el porteño, de 22 años, sin título y fanfarrón

En ese tiempo, el sanjuanino 'Goyo' y el gran 'Ringo' se juntaron arriba del cuadrilátero, en una época marcada por una corona nacional de los peso pesados.

En ese tiempo, Gregorio Peralta tenía 30 años y alma de boxeador. En cambio, Bonavena, era más como un peleador callejero. Compartían la pasión de los guantes, pero se diferenciaban mucho en sus ideales. Eso hacía la pelea aún más atractiva.

Al combate, el sanjuanino llegaba con un curriculum pesado al haber ganado en Estados Unidos dos veces al retador uno Wayne Thorton y perdido con el campeón mundial Willie Pastrano por una herida en la ceja derecha (6° asalto) por el título mundial de los medio pesados.

Lejos de sólo tratarse de una pelea en el marco deportivo, ambos estaban marcados por la política: Peralta era un peronista agradecido por la ayuda que Perón les había dado personalmente a su familia en 1944 tras el terremoto de San Juan. En cambio, Ringo Bonavena, de familia radical, era un gran antiperonista.

Una vez en el ring, Bonavena quiso subir con una inscripción en su bata que rezaba: "Las Malvinas son Argentinas" . Y el sanjuanino con la frase "robe de chambre": "Perón Vuelve" o "Viva Perón". Pero a pesar de eso, los boxeadores fueron impedidos de esta iniciativa por un empresario (Tito Lectoure), ya que tenía como invitados a varios militares de su amistad, entre quienes se destacaba el Comandante en Jefe del Ejercito, general Juan Carlos Onganía –luego Presidente de Facto– con reserva de una butaca en la segunda fila.

Bonavena no se privó de aludir a la condición de peronista de Goyo en sus entrevistas pero los periodistas preferían no ahondar en tal aspecto. Es por eso que Peralta era advertido por el cronista circunstancial "que preferentemente no hablara de política en los reportajes previos". Ese fue el condimento especial y más fuerte para ponerlo sobre el ring durante la velada.

El esperado combate fue reflejado obviamente por la revista El Gráfico (edición 2396). En tal oportunidad citó:

"… Nadie dudó del triunfo de Bonavena. Fue amplio, legítimo, bien fundamentado. Publicidad y ruido terminaron a las 23.27 cuando el Luna se llenó de "Dale Goyo", cuando más de 25.000 personas exigieron la verdad del pleito…"

"… Bonavena denunció con su mirada la intención de un esquema que habría de prolongarse los doce rounds: trabajar sin ansiedad, pensando. No impuso de arranque el ritmo demoledor esperado. No fue en procura de la definición, como contra Rodolfo Díaz. Salió a cumplir un plan. Claro, fácilmente advertible: entrar y salir con cautela, esperar el KO. Trabajar para el KO. Peralta se desorientó ante el planteo. Esperó el desborde para especular con un cansancio que nunca llegó. Y no pudo solucionar el problema…"

"… La pelea se definió en el quinto round, cuando el público comenzaba a impacientarse, cuando el aliento a Peralta se silenció, cuando Bonavena daba imagen de seriedad. Iban 1 minuto y 58 segundos, el cross de izquierda en contra llegó a la barbilla del campeón después de un amarre del propio Peralta. Sus piernas se resignaron y cayó bruscamente. Los ojos se clavaron el rincón de Bouchard y Lavalle. La voz del referí Victor Avendaño resultó débil ante el griterío. La cuenta de 4 segundos en el piso y los otros 4 por reglamento definían el desarrollo del combate. Pero a partir de ese momento aparecía otra virtud en el vencedor: obedecimiento a su plan, continuidad de la obra pergeñada por sus técnicos Juan y Baustista Rago. No fue en procura del golpe final ni aumentó el ritmo; esperó, esperó siempre, madurando el triunfo del que se sentía seguro desde muchos meses antes a la concertación del match…"

"… A partir del sexto apareció el otro Peralta: el guapo. La caída desobedeció a la lógica. Agrandó su figura. Cuando el boxeador estaba "borrado" surgió el hombre, el campeón. El otro Peralta recibió dos manos vigorosas en el sexto y séptimo rounds. Fueron dos cross de izquierda que lo paralizaron. Que lo obligaron a neutralizaciones desesperadas. Que incluso volvieron a hacerle perder la estabilidad. ¿Caer otra vez? No. Peralta solo cae ante lo inevitable… Solo él pudo soportar el directo de derecha y ese nuevo cruce de izquierda del noveno capitulo. Solo él podría aguantar el castigo continuado de los dos últimos asaltos. ¿Caer otra vez?, nunca; por el contrario el minuto final de la décima vuelta en la que se impuso obligó a repetir el "¡Dale Goyo!" desde las populares…". Ahora regresaremos a la evocación de hoy, 54 años después…

Tras el triunfo por la decisión unánime de los tres jueces, Ringo levantó los brazos y cuando Peralta lo fue a felicitar el rostro antes suficiente se transformó en una mueca de incontenible llanto infantil.

Mientras la multitud dejaba lentamente el estadio y generaba los foros esquineros del debate infinito, Bonavena quedaba consagrado y Peralta sostenía su respetabilidad de guapo y caballero.

Bajo las duchas, la grieta había terminado. Más aún, Ringo invitó a Peralta a almorzar a su propia casa o la hosteria del "Ciervo Blanco", adonde habría de invitar una semana después a la prensa en general.

— "¿Venís Goyo? dale, vení…", insistió el nuevo campeón.

— "Mañana no, en la semana te llamó", le respondió el derrotado Peralta, como anticipo a un encuentro amistoso que jamás se llevó a cabo.

¿Cómo siguió la vida del sanjuanino Peralta después de ese pelea récord?

Gregorio Peralta, quien se radicó en Madrid para pelear y cuidar a Perón como custodio y militante, volvió con la pena de haber sido separado por López Rega sin lugar en el avión en el cual regresó el General, pues "hablaba mucho y con gratitud sobre Evita".

El corazón de Goyo Peralta se detuvo sin luchar y murió en soledad a los 66 años en el hospital Italiano de Rosario, el 3 de octubre de 2001.

Las chicanas, las amenazas, la enemistad, los golpes y la grieta no pudieron separarlos; Bonavena y Peralta quedaron unidos en la historia por la gloria de una noche inolvidable.

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Embed - Historias desde el Ring Side #10: Ringo Bonavena - Goyo Peralta

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