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domingo 7 de junio de 2026

Penal de Chimbas

Espíritu Rugby

Así es como se llama el plantel que se formó en el Servicio Penitenciario. En seis meses de vida ya se sumaron 60 internos. Ahora buscan llegar al estadio del Bicentenario. Fotos y video.
Por Redacción Tiempo de San Juan

Por Carla Acosta y Santiago Staiger


Unidad 2, Servicio Penitenciario de Chimbas. Son las 15 horas y el bullicio se adueña de la cancha de rugby y fútbol que funciona en los últimos metros del predio. Un alambrado de más de tres metros de altura separan a los presos de los familiares, efectivos y curiosos que hasta en bicicleta detienen su marcha en plena calle Benavídez para mirar un partido de rugby. Y no es cualquiera. Se trata de un encuentro entre más de 60 internos que, bajo el nombre Espíritu Rugby, buscan transformar su vida e insertarse en la sociedad a través de una guinda. 

Suena el silbato y es hora de sujetar los cordones de las zapatillas -son pocos los privilegiados que usan botines- para ingresar a la cancha. La cantidad de internos, entre penados y procesados, que se sumaron a la disciplina obligan a jugar varios partidos. Hasta hace unos años los pabellones no se cruzaban, pero mediante el deporte, primero el fútbol y ahora el rugby, los presos de todos los sectores comparten una misma cancha y hasta un mismo equipo. No hay distinción, sino unión.

En el campo de juego las camisetas naranjas y moradas distinguen a los dos equipos. Afuera hay de todo: desde la rosa del Stade de France hasta la camiseta de Unión de Villa Krause y Sportivo Desamparados. Pero la pilcha es lo de menos. Uno de los chicos hasta se anima a jugar con bermuda de jean. Lo que importa es compartir un rato de amigos, un rato de deporte. Mientras los equipos se disputan la guinda y buscan gritar un try, el resto aguarda su turno a la orilla de la cancha, en unos bancos de suplentes improvisados que se armaron con dos troncos y un par de ladrillos. 

Hay risas, bromas y hasta críticas. Con casi seis meses de aprendizaje, dentro y fuera de la cancha hay indicaciones entre ellos. M.G es el que la tiene más clara. El joven jugó toda su infancia y adolescencia en el San Juan Rugby. Robusto, con cortos y camiseta de un equipo europeo, es la voz de mando. “Estamos muy entusiasmados con este proyecto. Para muchos somos la parte negra del país, pero no todos somos iguales. Hay gente que está dispuesta a cambiar e insertarse en la sociedad”, dice el rugbier. 

Son casi tres horas a puro tackle. Mientras los internos se divierten, comparten una jornada de un deporte que hasta hace seis meses era totalmente desconocido para ellos, hay 30 guardias que custodian el perímetro. Adentro, los presos, los efectivos y los voluntarios sanjuaninos de la Fundación Espartanos, el primer equipo de rugby que se formó en el país y funciona en la Unidad 48 de San Martín, provincia de Buenos Aires.

Entre el personal está Guillermo Miodvosky, entrenador de las divisiones formativas de los Patitos y del Seleccionado Juvenil USR, quien se convirtió en una especie de padrino para los muchachos. Es también la persona que se encarga del cierre y de la arenga a los jugadores. “Los felicito porque no hubo mala intención en el juego. Ganamos o perdemos pero nunca nos entregamos. Sigamos así que se van a seguir abriendo puertas”, expresa a los presos, todos abrazados en círculo y festejando cada una de sus palabras.

Y esas puertas hacen referencia a la posibilidad de salir del Penal para disputar un encuentro en el césped del estadio del Bicentenario, sede de varios partidos de Los Pumas, tal como hace dos años lo hicieron los internos que juegan al fútbol en cancha de Trinidad. Para Espíritu Rugby este es un gran anhelo. “Es posible organizar un partido fuera del penal, está dentro del proyecto. En función de los avances que tenga el interno en la conducta, orden y predisposición fuera y dentro de la cancha se va analizando. Es importante que a través de este deporte se vaya estimulando la espiritualidad, el respeto y la convivencia. El pensar qué va a ser de ellos cuando salgan de acá”, expresa Javier Figuerola, director del Servicio Penitenciario.

 

Como es tradición en el rugby, al finalizar el encuentro deportivo se hizo el tercer tiempo. Un agradable rato entre internos de todas las edades, penados y procesados, de diferentes pabellones, algo que sólo el deporte logró conseguir en la cárcel de San Juan. 

 

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