Por Carla Acosta
Los secretos del hipismo sanjuanino: caballos, a cuerpo de rey
Son las ocho de la mañana y el día comienza agitado para la gente del Club Hípico del Jockey Club San Juan. El petisero -como se conoce al cuidador del caballo- Héctor Heredia es quien llega primero a las caballerizas, pues vive justamente en el Hipódromo desde hace 35 años. Detrás de él hay otras seis personas que se encargan de alimentar, limpiar, preparar y entregar el caballo a los jinetes. El mundo del hípico y sus animales es un tanto desconocido, pero sorprendente y con un montón de historias.
Restan días para el Torneo Cordillerano de Salto (2 al 4 de junio) y la actividad se intensifica. Por un lado los cuidadores y por otro lado están los jinetes, los profesores y los dirigentes, quienes en conjunto son parte de una de las entidades más importantes del hipismo nacional.
El trabajo en el Jockey comienza desde muy temprano. De entrada los petiseros revisan a los 75 caballos que habitan en el lugar. Verifican si las patas o las manos están inflamadas y si la cama está húmeda. También chequean el clima, factor importante en el estado de ánimo de los equinos. "Hay días que hace frío y salen contentos. Hay otros que hace calor y salen chivados, sin ganas de galopar”, cuentan.
Los caballos tienen caballerizas individuales y responsan en una comodísima cama hecha con viruta de madera. La misma absorbe y neutraliza la orina, y reduce los olores, la contaminación y la probabilidad de enfermedades respiratorias. La viruta es producida especialmente para este tipo de usos.
A la cama se la limpia todos los días, como así también a los caballos. En el verano, como suelen llenarse las manos y las patas con barro, se los baña. Pero como toca clima invernal se evite exponerlos al agua, además porque muchos tienen el pelo largo y cuesta sacarlo.
"Los preparamos y lo dejamos limpio para ensillarlo y entregarlo a los jinetes. También los masajeamos todos los días. Nosotros los conocemos muy bien y vamos viendo qué es lo que necesitan ellos”, agrega el petisero Heredia.
Los animales comen pasto y avena dos veces al día. Algunos comen dos kilos y medio al día, otros comen tres. Y también están los que sólo se alimentan de pasto. Hay de todo.
El detrás de los saltos
Los jinetes y los entrenadores son las otras personas íntimas que tienen los animales. Uno es quien lo doma y quien termina siendo su compañero más fiel. El otro es quien enseña al jinete a montar y a perfeccionarse en el arte de la equitación. Todos conforman un verdadero equipo.
Educar a un caballo requiere tiempo y tarea. De por sí, el animal no es propenso a saltar. A los tres o tres años y medio de vida comienza su camino en el deporte, primero con la equitación y después con el salto. Según Ricardo Yacante, entrenador, para alcanzar la cúspide el animal debe prepararse durante seis años.
"A los diez años de edad está en su plenitud. En los próximos tres o cuatro años se mantiene, hasta los 15. Después tenés caballos de 18 o 20 años que están saltando. Si su físico y su entrenamiento ha sido el correcto dura mucho tiempo”, expresa Yacante.
También está su cómplice, con quien forma un binomio en las competencias de salto. Es una relación cercana, donde si bien el equino no habla, el jinete puede percibir todo lo que siente el animal. Tienen una conexión especial tanto que el animal, en su carrera deportiva, no se adapta a más de un jinete. Distinto pasa con el cabalgador profesional, quien sí puede montar a cualquier caballo. "Es preferible que el caballo no sea manoseado”, agrega el entrenador.
El cuadrúpedo también tiene su contención dentro de la pista. Previo a los saltos realiza movimientos precompetitivos como lo hace, por ejemplo, un jugador de fútbol. Hasta tiene masajista y veterinario. "Si bien uno le exige al caballo, es cierto que tienen los mejores cuidados. Estando en en el campo quizás están solos, pasan frío y hambre. Acá el caballo es un atleta y se lo cuida como tal”.