Por Carla Acosta
Tiempo de San Juan
Guerreros en la vida y en la cancha
Los Vargas son cuatro hermanos fanáticos del básquet que no bajan los brazos y aspiran a lo grande. Fueron criados por sus abuelos, a quienes ayudan diariamente con la venta de pan y semitas en una escuela. Una historia de superación y garra. Por Carla Acosta.
Lucas, el más chiquito de los cuatro, tenía un año y medio cuando junto a sus hermanos fue a parar a la casa de sus abuelos maternos, Daniel y Olga, a los cuales llaman papá y mamá. Por circunstancias de la vida los hermanos fueron criados por sus tatas, quienes les dieron techo, estudio y una gran pasión: el básquet. Esta es la historia de Enzo (19), Agustín (17), Lucas (14) y Melisa (16), los conocidos hermanos Vargas de Lanteri, guerreros en la vida y en la cancha.
En sus vidas tuvieron que sortear diferentes circunstancias, como el separarse de sus padres para vivir junto a Daniel y Olga, hoy pilares importantes en su vida. Ellos contaron que son felices y agradecieron a sus abuelos y al básquet las buenas cosas que les dio la vida, como los triples en una final reñida o los mágicos momentos junto a sus papás del corazón. “Yo no los trato como nietos, para mí ellos son mis hijos. No fue difícil criarlos porque siempre estuve rodeada de niños”, destacó la abu.
Según los dueños de casa, los chicos son sanos y muy buenos. Los cuatro están terminando la Secundaria y, además, los varones los ayudan a la hora de sumar unos pesos para los gastos diarios de la casa: Los tres amasan y hacen el pan y las semitas que vende Olga en el kiosquito del Colegio Provincial de la Capital. “Cuando salgo del hotel, en donde trabajo, voy a la escuela y vendo las cosas que elaboro con ayuda de los chicos. Queremos poner un horno y con Enzo hacer pizzetas y pollo para ofrecer”, comentó la abuela, quien de esa forma ayudó en varias ocasiones para cubran los gastos de viajes de los pibes.
La principal virtud de los chicos es su pasión por el deporte. Viven con gran fervor el básquet, disciplina que fanatizó primero a Enzo y luego contagió al resto de los integrantes del clan. Olga, emocionada, dijo que los chicos viven por y para el deporte. Señaló que pasan horas y horas en el club de calle Rivadavia, en donde son becados y, a veces, no hay quien logre sacarlos de la cancha. “Son muy unidos y ellos nunca se separaron. Cuando tienen que jugar se levantan temprano, se arreglan la ropa y están muy ansiosos. Les encanta estar en el club”, aseguró la mujer de 54 años.
Dentro de la cancha son unos verdaderos leones. Sus entusiasmos en los entrenamientos, la garra en los partidos y su técnica a la hora de tocar un balón, los convierte en pilares importantes de las inferiores del Club Lanteri. “Para nosotros es un estilo de vida aunque sea difícil practicarlo en San Juan. Nosotros queremos llegar lejos y poder jugar por cosas grandes”, comentó Agustín, pibe que la descose en la categoría U17 y que ya tuvo participaciones en la Primera.
Saben que se puede alcanzar la cima pero para ello hay un arduo trabajo por delante. No le temen a los retos ni a los desafíos que las vida les pone, estos chicos tienen hambre de gloria y no se atosigan frente a las adversidades de la vida. “Siempre estamos juntos y el básquet nos unió mucho más. Damos gracias porque tenemos el apoyo de mis abuelos, quienes saben ir a los partidos y nos preguntan siempre cómo nos fue. Nosotros vamos a seguir luchando por nuestros sueños”, relató Enzo, el más grande de los hermanos Vargas.
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