Ni la muerte los separó
Los restos de la viuda del Payo Matesevach ya descansan en la misma tumba que el ídolo ciclístico. Por Miriam Walter.
“Solamente estuvimos tres personas que son los que hicieron el responso y yo, fue una ceremonia muy íntima”, cuenta Natalia, agregando que toda la familia de Silvia vive en Buenos Aires y en Córdoba. “Mi mamá fue cremada con una vestimenta simple, con un rosario que le puso una amiga mía al morir y una cruz que usaba desde jovencita. Mi papá también tiene un rosario en las manos, está vestido con la camiseta de la Selección Argentina de Ciclismo y le pusimos en el cajón varias estampitas con imágenes religiosas”, cuenta la hija de los Matesevach.
El Payo sorprendió con su muerte el año pasado pero más sorprendió que ella no aguantara tanta tristeza y se fuera con él, pidiendo reivindicaciones para el pedalista que nunca llegaron.
Silvia y Antonio se conocieron en 1968, cuando él estaba postrado en una cama del Hospital Fernández, tras ser atropellado en Canadá mientras representaba al país en los Panamericanos de Winnipeg de 1967. Ella lo vio por la tele, se conmovió con su historia y le llevó uvas al hospital. Nunca más se separaron. Se casaron el 12 de febrero de 1970. El Payo vio el milagro de poder volver a correr y se convirtió en un mito. Murió con pena y en silencio. Silvia también.
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