Su vida está enclavada desde que tiene 7 años a 40 Km. al oeste de la localidad iglesiana de Bella Vista. La Quebrada de Chita es un minúsculo rincón de la Cordillera donde Ariel Muñoz asume gustoso día tras día su oficio de puestero. Fue un legado de su padre, quien supo a principio de los ‘80 conformar una familia en esa maravilla natural, a la que solo se puede acceder en camioneta o montado en el lomo de algún animal.
Ariel Muñoz, un puestero de tradición y de corazón
Heredó el oficio de su padre en la Quebrada de Chita y es el orgulloso presidente de la Agrupación Gauchos Iglesianos, que este finde extra largo celebró el Festival del Puestero Iglesiano. Trabajar y servir, su brújula en las entrañas de la Cordillera
La nobleza de su mirada no hace más que reforzar el sentido relato del también presidente de la Agrupación Gauchos Iglesianos: “Mi idea nunca fue irme del puesto. Nosotros éramos 7 hermanos y, si bien uno siempre tiene la inquietud de salir al mundo a buscar algo mejor, yo nunca dejé el puesto".
"Sí tengo que decir que tuve la posibilidad de trabajar en muchas empresas mineras, de trabajar en Veladero. Y un dije ‘no me voy más’. Me quedé en el puesto con los animales, me quedé al lado de mi papá. Desde entonces, siempre me van a encontrar en el puesto y no lo cambio por nada”, agregó Ariel, quien también asumió la tarea que su progenitor desarrollaba en la misma Quebrada de Chita para el Departamento de Hidráulica.
El día a día de un puestero
Buscando explicar con su iglesiana voz cómo es un día en su vida de puestero, Ariel dijo: “En el puesto solo hay tranquilidad y trabajo. Por nosotros –incluyendo en esa palabra a su padre, madre, hermana y sobrino- no hay sábado, no hay domingo, no hay feriado. Nosotros, en la temporada de verano, nos levantamos temprano a la mañana, sacamos la leche a las cabras y hacemos queso. Y con el tema del agua, en verano suele traer mucho arrastre y hay que estar trabajando todo el día. Mañana, tarde y noche si hace falta. Nunca nos quedamos quietos”.
“No hay otra manera de salir adelante que no sea trabajando, nada viene de arriba. Si cae una lluvia y se rompe el camino, hay que sacar un pico, una pala, una anchada y arreglarlo para poder bajar y llevar mercadería, vender los chivos y vender los quesos. Yo no estoy acostumbrado a que me den. Toda mi vida gracias a Dios he trabajado y no le hago la cara fea a nada”, añadió Muñoz, quien entre los animales que cría tiene ovejas, cabras, caballos, gallinas, pavos y chivos.
Recordando cómo surge su vínculo con las tradiciones y las fiestas gauchas en Bella Vista, el orgulloso anfitrión del Festival del Puestero Iglesiano explicó: “Desde chico vivo estas fiestas, más que nada por los caballos. Yo amo los caballos. Yo tengo distintos animales, pero yo amo los caballos. Siempre he dicho que el día que tenga que morir espero que sea sobre el lomo de un caballo ”.
“Yo nunca he jineteado, sí he amansado muchos caballos. Y lo que siempre me ha gustado es colaborar. Desde chico iba a reuniones de la agrupación y no hablaba, no aportaba nada, pero sí escuchaba. En un momento, Juan Adaos, que era el presidente de la agrupación, dijo que dejaba el cargo porque estaba cansado. Me lo ofrecieron y agarré. Mi padre como que un poquito se enojó, no quería, pero a mí me gustaba. Y a él yo sé que también le gusta y siempre nos apoya ”, prosiguió Muñoz.
Un apoyo muy especial más allá de Iglesia
Y no es el único apoyo que tiene. Además de la incansable comisión directiva y algunos vecinos que siempre arriman el hombro, Ariel cuenta con una ayuda muy especial: “Sufrí la pérdida de un hermano en un accidente grave en Veladero, él iba en un camión fuera de ruta. Lamentablemente mi hermano falleció, pero yo sé que nos acompaña. Es un gaucho que cada vez que le pido algo él siempre está. Nunca me ha fallado”.
“Se llamaba Leonardo Muñoz, muy conocido acá como en Naco Muñoz. Era un tipo que tenía garra, que tenía aguante. Gracias a Dios sigue cerca de nosotros. Cuando las fiestas he estado en picada, yo le decía ‘Hermano, dame la mano’ y la fiesta se levantaba y salía adelante. Es el ángel que nos acompaña siempre ”, concluyó con tono emocionado, mientras en el predio puesteros, familias gauchas y visitantes disfrutaban de las habilidades que se desplegaban en el campo de jineteadas.