Un palo de madera atado a un cordel, subía y bajaba y accionaba un fuelle gigante que estaba conectado por un caño a la mesa de fundición. Es la fragua más grande y antigua de la provincia que aún funciona. Jorge, hijo de José Balderramo, accionó el mecanismo con polvo y viruta para que no queden dudas. Funcionaba.
Herrería Balderramo, una joya jachallera
¿Es una herrería? ¿Es un museo? ¿Es un viaje en el tiempo?
La Herrería Balderramo es todo eso, y si bien hace años que ahí no se realizan trabajos, sus dueños dicen que todo están intacto y podría volver a producir como en los mejores tiempos, aunque ya no hay carretelas para remedar.
"La herrería de mi padre es uno de los hitos del ecomuseo que es Jáchal, es decir museo vivo, al que pertenecen los molinos, las casonas, entre otros. Acá todas las herramientas son de esa época", señaló Jorge a quien todos conocen como "el maestro".
En el lugar hay tantas maravillas antiguas que uno no sabe para donde mirar. Por empezar la construcción data de 1915, cuando Don José comenzó a trabajar en el rubro. Se trata de un galpón de gruesos adobes con columnas de casi un metro de ancho, que ocupa una lonja, al fondo de la casa familia, de 50 metros de largo.
Para construir la herrería se trajeron troncos especiales, horcones, de Rodeo, por el río Jáchal a modo de jangada.
Las máquinas principales son dignas de cualquier museo de la revolución industrial inglesa, ya que provienen de allá: la morsa, la agujereadora de dos volantes, y otras herramientas menores.
La primera fragua tiene más de 100 años y la compró Don Balderramo a otro herrero; después se construyó la segunda fragua adaptando materiales. "Esto es una sinfonía del hierro y el fuego, mas el calor del músculo. Se trabajaba herrando animales, elaborando todo tipo de herramientas para la agricultura, carros, carretelas, y nos quedan esos carros viejos, uno de ellos lo rescatamos de la Pampa y fue una de los últimos que hizo mi padre", contó emocionado el hombre.
Jorge conoce todos los procesos a la perfección ya que los 10 hermanos trabajaban en la herrería. Como él era el más chico, su primera tarea era mantener lleno el filtro de agua fresca para los trabajadores, "era la frescura de la herrería", después le fueron sumando responsabilidades.
Don José empezó remendando carros y terminó armándolos en forma completa para lo que tuvo que sumar carpintería a la herrería.
"Se hacía trueque antes, herencia aborigen porque lo hacían los capayanes. Entonces llegaba un vecino y le decía: 'Don José quiero que me arregle el carro', mi padre le contestaba: 'bueno traemelo bien cargado de leña'. Y esa leña la usaba para el trabajo de fragua. Otros venían con trigo y el papá juntaba el trigo en una pieza, jugábamos como locos ahí, y el trigo lo cambiaba por harina y la vendía o la usaba. Esa época era dorada, nadie sufría, todos pagaban con lo que podían", recordó con una enorme sonrisa.
Una de las tareas más complejas era colocar llantas a las ruedas de carretela. Y era cuando se ponía de manifiesto la solidaridad jachallera.
"Otros herreros eran Nicolás Avellaneda, los Álamo, y papá nos mandaba a avisarles que el sábado iba a enllantar. Ese día se venían todos con su propios trabajadores y cada uno con sus mazas, todos trabajaban a gran velocidad, se hacía bien porque todos eran profesionales. Entonces, se aprovechaban las brazas y se hacían unos buenos asaditos con vino de bordelesa. Ahí escuché los primeros cantores, las primeras tonadas, escuché cuando se embriagaban y lloraban, recitaban y bailaban entre ellos... tengo mil historias de esta herrería. A la otra semana llamaba Álamo a mi papá porque iba a enllantar, y así íbamos nosotros a ayudar. Los herreros hacían trabajo comunitario, hoy eso se ha perdido", contó.
Con los relatos del maestro Balderramo uno podía revivir eso días, ver a los hombres trabajando duramente, y hasta sentir el calor de la fragua. Los viejos carros colocados al margen derecho de la herrería, son pruebas valiosas de esa tarea.
A esa herrería fueron valiosas figuras de la poesía y el cancionero argentino como Hamlet Lima Quintana, el gran poeta argentino, Pepe Soriano, actor y director; y el legendario Armando Tejada Gómez, ícono del folclore cuyano.
Una rareza es la puerta enana de madera (castrada por una pared del otro lado), que tiene muchas inscripciones que no dicen nada. Es que ahí se probaban las marcas de hierro para el ganado con los signos o letras que cada propietario definía.
Jorge conoce todos los procesos y explica todos los pasos de, por ejemplo, el armado completo de una rueda de carro, un trabajo artesanal tanto de la madera, el hierro y la goma.
La herrería descubría sus viejos secretos poco a poco y revelaba un pasado que se antojaba añorado. Y un Jáchal próspero que comenzó a decaer, paradójicamente, con la llegada del tren.
"Aunque hemos perdido muchas cosas y hay herencias sociales que no nos ha quedado, los Balderramo tratamos de no perder la mística de esos años, por eso nos juntamos siempre para Semana Santa, comemos, tomamos vino, cantamos, recitamos y hasta hacemos nuestras propias puestas en escena", contó.