Por Viviana Pastor
Una obra polémica, en la capilla de la Difunta Correa
“Yo creo que si es para mejorar el lugar, está bien”, dijo Rosa; pero su madre, Mabel Bustos, no opinó lo mismo: “Me parece que no hay que cambiar nada en la Difunta, esto tiene un sentido histórico, yo no le haría nada”. Pedro Ramos destacó que destruir las capillas sería una “falta de respeto” a los promesantes, y Laura Sánchez opinó que “hay que modernizar el lugar”. Las opiniones están divididas entre los promesantes que llegan hasta el santuario de la Difunta Correa y se encuentran con dos capillas desvestidas, les sacaron todas las placas de agradecimiento por los “favores cumplidos”, que cubrían sus cuatro paredes. En una de ellas es donde supuestamente están los restos de la Milagrosa. Ambas capillas serán demolidas, a mediados de año, para levantar una mayor en ese mismo espacio y “darle más categoría” al sitio donde descansan los restos de la Difunta.
Rojas explicó que es normal que alguna gente rechace los cambios y quieran conservar todo como está, pero señaló que lo mismo pasó cuando modificaron el altar que están en loma, donde los arrieros descubrieron el cuerpo inerte de Deolinda y a su hijo vivo. Arriba, se demolió una pieza antigua que había al lado de la gruta con la escultura de la Difunta, y se construyó una gran sala donde la gente tiene espacio para quedarse en ese lugar y rezar más cómoda. Además, dijo que están realizando sondeos entre los promesantes y que “la mayoría está de acuerdo y acepta” los cambios proyectados para la gran capilla.
El administrador destacó que todas las placas que se retiraron de las dos capillas, unas 3.000, fueron reubicadas en las paredes laterales, “cuidando que no se pierda ninguna”. En todo el lugar hay unas 150.000 placas de promesantes agradecidos.
En la nueva capilla, que ocupará el espacio que hoy ocupan dos, la escultura de la difunta, que hoy está ubicada de Norte a Sur, se ubicará de Oeste a Este. Todo estará revestido de mármol y porcelanato; no se podrán dejar fotos ni ofrendas, como ocurre ahora en esa capilla.
Al lado de ésta, se encuentra la capilla más antigua que se mantiene de pie, construida en 1930, y otra que se levantó antes, se destruyó con el terremoto del ’44. Esa capilla, que está revestida con las placas de agradecimiento más antiguas, incluso algunas de 1929, se está reciclando, ya se arregló el techo de chapa. En ella sólo se ubicará una gran cruz, la imagen de la Difunta y los cinco cuadros religiosos más antiguos. Además, en el patio común a ambas construcciones -la nueva y la vieja-, se colocará un monolito que explicará la historia y el significado de la capilla.
En lo que sería la tercera capilla, al lado de la más antigua, también se harán arreglos y se quitarán las fotos y objetos para dejar sólo bancos e imágenes religiosas, “lo propio de un lugar destinado a la oración”, explicaron.
Hacia el fondo, se levanta una nueva capilla, la más grande de todas, tiene 14 metros por 4, aún no está terminada y se destinará a las donaciones, cartas o fotos que lleva la gente, “allí podrán dejar todo lo que quieran”, dijo Rojas.
Hay otras cuatro capillas laterales que se están refaccionando y en total están trabajando 43 personas en el predio, en distintas tareas.
Pero los cambios en la capilla más importante, la que guarda los restos de Deolinda, no llegarán hasta mediados de este año, es que el administrador quiere tener todos los materiales y elementos de la obra para terminarla lo más rápido posible. Sobre el valor de esta construcción, dijo que es “difícil saberlo” ya que hay muchos materiales que son donados por los promesantes, como en el caso del techo de madera y parte del piso de pocelanato. Y es posible que antes de que comience la obra hayan recibido más materiales donados.
“Sólo buscamos darle más categoría, creemos que se lo merece la Difunta, será una capilla ardiente donde la gente podrá rezar con espacio, más cómoda y tranquila”, dijo Rojas, que administra el lugar desde el 2004.