Por Michel Zeghaib
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El doctor Carlos Coria y su equipo esperaban el momento indicado para comenzar la operación. Expectantes, nerviosos, no podían ocultarlo; con los atuendos apropiados, sus manos listas. El tiempo había llegado. Estaban por nacer dos seres humanos, esta vez, de la mano del hombre. Los análisis y estudios hechos a la madre y, por consecuencia, a sus bebés, indicaban que se encontraban en perfecto estado de salud en el momento del parto. Habían pasado apenas algunos días de las 36 semanas de gestación. La palabra de uno de los presentes rompía el hielo, porque el silencio se cortaba con una hoja. Todo un equipo de profesionales se enfrentaba al misterio irresuelto de la vida.
¿Y la cigüeña para cuando?
Esperar un hijo, buscar un embarazo y no lograrlo, hacer todo lo posible para cumplir con ese sueño suele ser motivo de problemas en una relación de pareja. Esto es un dilema que se ha vuelto muy frecuente, pero actualmente existen procedimientos médicos de avanzada que posibilitan albergar esperanzas. En su mayoría se realizan en San Juan. Estos métodos de fecundación asistida hoy son interpretados por muchos como un instrumento posible puesto al servicio de la vida.
Las causas más frecuentes de la infertilidad, tanto en el hombre como en la mujer, generan un sinfín de frustraciones al momento de cumplir con el sueño que muchas parejas albergan en sus corazones como es el de tener un hijo. Aún así, en San Juan –como en todo el mundo–, cada vez más mujeres utilizan los tratamientos de fecundación in vitro. Si bien es cierto que, en algunos casos, aparecen evidencias que confirman algunas desventajas de su uso, para otros suele ser un medio válido para poder ser padres.
El poder de un nacimiento es inconmensurable. El de la muerte también. La vida nace a pesar de todo. Nada ni nadie le prohíbe a ella que surja, que aparezca, que se haga. Y lo hace sin miedos ni pruritos dogmáticos de ninguna clase y de la manera que ella decida hacerlo. Solo nace, porque ese es su cometido, nacer. Cuando alguien tiene que nacer, cuando una vida tiene que estar en este mundo, sucede. Y si no llega, ese es un misterio irresuelto. ¿Por qué no tenía que llegar?, ¿quién lo sabe? Unas veces pudo haber sido la mano humana, o quizá la estupidez, o el destino; ¿quién puede juzgarlo?
¿QUÉ ES LA FECUNDACIÓN IN VITRO?
La fecundación o fertilización in vitro (F.I.V) es uno de los métodos más utilizados entre las técnicas de reproducción asistida, y una opción para el tratamiento de la infertilidad o de problemas de abortos frecuentes y sistemáticos. Desde el primer nacimiento, ocurrido en Inglaterra en 1978, miles de niños y niñas han nacido bajo esta técnica, que consiste en unir óvulos y espermatozoides en un medio de cultivo para que fecunden, cuando de forma natural no pueden hacerlo por presentarse alguna disfunción en el hombre o en la mujer.
El primer nacimiento a través de la fecundación in vitro que se dio en San Juan fue en el año 1991, a raíz de un programa de fecundación pionero en la provincia, no sólo por los avances que iba realizando la medicina local, sino también por la metodología que aplicaba en la producción de óvulos, el tratamiento hormonal, el trabajo de laboratorio y las técnicas puestas de manifiesto en las cirugías.
LA HISTORIA DETRÁS DEL NACIMIENTO
Según relatan las crónicas del momento, el matrimonio llevaba casi diez años de tratamientos intentando tener un hijo. Los papás de Eugenio y Eduardo, fueron felizmente incluidos en el segundo ciclo de fecundación in vitro que se hacía en San Juan, siendo bendecidos con el nacimiento de los mellizos.
El embarazo pasó por diversas etapas, algunos de ellos complicados, ya que un embarazo múltiple, como fue este caso, explicaba el doctor Coria en las crónicas del momento, el útero se sobredistiende, es decir, se agranda más de lo normal por haber en él dos bebés en lugar de uno. Además, se sumaba un fibroma, es decir, un tumor formado por células musculares –u otros tejidos– que se había desarrollado en el útero de la madre.
Al principio, todo parecía complicarse. La mamá de los mellizos tuvo que estar en reposo, recibiendo un tratamiento especial para evitar las construcciones, lo que significó un gran esfuerzo de su parte. Pero, gracias a su fortaleza y la de su esposo, todo marchó sobre ruedas y el nacimiento ocurrió.

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