Pues bien, hablemos del tamaño:
A medida que me pasaron los años, mientras sumaba experiencia, entendí que para mí el tamaño es importante. No es lo mismo una salchicha vienissima que un salame casero (pero casero de esos de un buen carneo jajaja), ¿verdad? Tampoco es lo mismo un tubo de ensayo que uno tubo de pvc, no es lo mismo dos gomas de un coche normal que dos gomas de tractor, y así podríamos seguir eternamente haciendo comparaciones, y ¿qué quieren que les diga? Opté por hacerle caso a mi psicóloga una de esas tardes de terapia en la que por una cuestión traumática tuvimos que tocar el tema(ella siempre me dice que piense en grande y a lo grande).
Situación: cena con amigos, yo la única sola entre medio de todas aquellas personas hasta que llega un “otro cañón, tremendísimo, preciosísimo, fuertísimo y grandísimo solo”, ¡la madre que lo pario!¡qué hombre! Impresionante (hasta aquí yo agradecida de estar sola ¿eh? Jajja) me miró, lo mire, risas van, risas vienen, charlas van charlas vienen y en un santiamén ya nos quedamos solos, el y yo, momento en el que eleve una plegaria al señor y agradecí el instante que me estaba regalando, tenia frente a mí el mejor “bocato di cardinale” pa mi solita jajjaja.¡oh yeah!
No me pregunten en qué momento terminamos en otro ambiente de la casa, de repente ya no había ni ruidos, ni música, ni nada de nada, solo el sonido de nuestra respiración, paso a paso, el detrás de mí, excitante, caliente, comenzamos con el juego del tacto, jugando con nuestra imaginación, yo poniendo en práctica mi memoria visual, pues aun a oscuras una sabe donde esta cada cosa ¿no?, cada movimiento era un paso más, yo seguía concentrada en lo mío, era a todo o nada, se ponía cada vez más caliente, o al menos eso sentía yo por que hasta había olor a quemado, en un momento llego por fin, delicadamente, a ese punto, ese punto en el que con el maravilloso sentido del tacto que descubrí que tengo, palpe casi a la altura de mi cintura a unos 10 centímetro de distancia frente a mí, algo que me inquietó y me puso en alerta.
Era duro, muy duro, ancho, anchísimo, seguí jugando con mis manos para corroborar que lo que tenía entre ellas era lo que yo tanto necesitaba y lo que tanto quería.
En el momento en el que, a oscuras, con un excitante aroma a quemado, con el cerca, muy, muy cerca de mí y con aquello que mientras más tocaba, más alegría me daba, pues era tan largo que parecía no tener fin (gloria a Dios) y yo al borde del éxtasis escucho que me dice: ¿las encontraste no? Yo pensé: ¿Qué si las encontré? Claro nene ¿qué te pensás? Conozco mi casa hasta con los ojos cerrados, sé donde pongo las cosas y jamás olvidaría que las velas están siempre en el cuarto cajón del mueble de la entrada. Sí se había cortado la luz, un cortocircuito en la cocina.
Ahí entendí que a la hora de un momento así el tamaño de las velas sí que importa, pues las que yo tenía en casa eran, duras, gordas y largas, lo que favoreció a una luz adecuadísima y a tono para lo que vino después jajajjajaja, eso ya pertenece a mi vida privada.
PD: ¿No me digan que pensaron que yo le estaba tocando el pi….? ¿Qué les iba a contar el pol … de después? QUE RETORCIDOS SON ¿EH?, el olor a quemado era real se me quemo la mierda de cafetera eléctrica que tenía jajjajaja. Che, si alguien quiere me puede regalar una.



