Creció en el Barrio Pateta, fue vendedor ambulante y a los 14 años, de alpargatas, pisó por primera vez un gimnasio de boxeo. Soñaba con ser campeón del mundo hasta que conoció el Penal de Chimbas. Cuando cumplió su pena, se fue a Buenos Aires a dedo para transformar su vida. Fue guardaespaldas de políticos, se encadenó por los derechos de los boxeadores en el Luna Park y hoy, se mueve entre el empresariado y el estudio. La historia del Gringo.