Editorial

Una fuente laboral que no se achica: Tribunales

Entre el mes pasado y el próximo ingresarán 80 personas. Una envidia, en contexto difícil. En casi dos años, ya son 200. Lo mismo que una empresa mediana. El movimiento de piezas. Por Sebastián Saharrea.
sábado, 08 de abril de 2017 · 09:47:00 a.m.
En tiempos difíciles, la custodia de las fuentes laborales en San Juan dispone de un sorpresivo puntal: el servicio de justicia, donde en los últimos dos meses habrán ingresado unos 80 nuevos trabajadores.

El fin es noble, el mecanismo devuelve la atención al foco de la tormenta. Se trata de un intento por desactivar la principal línea de excusas de los juzgados para explicar por qué acarrean no meses sino años de atrasos en las instrucciones de las causas, hasta el extremo de convertir al servicio de justicia en su virtual denegación.

La sacrosanta falta de personal aparece omnipresente en cada charla de café, muchas veces con razón y otras como excusa. Imposible diferenciar a simple vista, lo mejor será eliminar ese factor sencillamente con el nombramiento de personal, en muchos casos demorados por décadas.

Si se eliminará el problema de la mora o no, lo dirá el tiempo una vez que estén los nuevos empleados. He aquí el asunto de fondo,  mejorar o no el servicio convirtiéndolo en eficiente. Pero lo que ocupa buena parte del comentario es el tránsito para hacerlo.

Para tapar esos agujeros se echó mano nuevamente el bendito concurso de hace dos años, que arrojó una lista de unos 600 postulantes que superaron los obstáculos de los cuestionarios y las pruebas de habilidad, que conformaron un gran bolsón de nombres del cual se van extrayendo los favorecidos para el nuevo empleo de manera aleatoria. 

De allí que el procedimiento conserve aún una dosis generosa de discrecionalidad, escondida en la siguiente pregunta: ¿Con qué criterio pasan los que pasan entre todos los que aprobaron, y con qué criterio no lo hacen los semejantes que cumplieron con los mismos requisitos? ¿Se entiende?

Es decir que entre la aprobación del concurso y la obtención final de un empleo, sigue habiendo una mano invisible. El argumento en Tribunales es que cada ingresante mostró aptitudes específicas, y que se los va convocando de acuerdo al cotejo de esa "especialidad” y lo que se vaya requiriendo.

Se conocen de sobra los motivos que llevaron a la desconfianza eterna de la ciudadanía por los criterios de "selección” de los nuevos empleados del palacio. Para sintentizarlos, alcanza con recordar que funcionaron –y hay quienes sostienen que aún lo sigue haciendo- como agencia de colocaciones cautiva de los mandamases de la Corte.

Como quedó al descubierto hace poco con el caso de una empleada de un juzgado laboral que se descompensó, y que luego se conoció que es además empleada doméstica particular de un cortista. Punta de iceberg que se imagina muy numeroso, entre tanto empleado que ingresó portando credenciales de parentesco y amistad con los arrogados dueños de esos puestos laborales durante años. U otros que consiguieron un pasadizo por disponer como atribución divina un salvoconducto para entrar o quedarse afuera, mediante acordadas designando plomeros u ordenanzas que luego ascendían vertiginosamente.

Ni siquiera los primeros intentos de convertir a ese ingreso en institucional y al alcance de cualquier mortal consiguieron su objetivo. Más bien, empeoraron las cosas una vez que se conocieron las maniobras por beneficiar a los "seleccionados” lisa y llanamente señalándoles las respuestas correctas.

Sobrevino este nuevo concurso aún vigente que entregó los primeros 100 designados en el 2015 una vez que concluyó un largo manoseo por ponerlo en marcha. No fue exento de polémica aquella vez, con gente que se quejó de manera airada. Y el año pasado fueron otros 30 de esa misma carpeta los que pasaron el último filtro y ganaron un cargo en Tribunales.

Puestos laborales que, conviene recordar, resultan muy atractivos para cualquier hijo de vecino porque suponen un empleo bien pago y con estabilidad aún desde su escala más baja.

Ahora que la oportunidad lo reclama, volvió a activarse el sistema de ingresos que ya computó a 50 nuevos empleados el mes pasado. El argumento perfecto fue la puesta en funcionamiento del sistema de flagrancia, que designará por un lado a jueces, fiscales y defensores de los 4 nuevos juzgados. Y que requerirá, lógicamente una dotación equivalente de trabajadores en trabajos relacionados al funcionamiento de esos juzgados.

Es una carta fuerte de la justicia provincial y del gobierno el sistema de flagrancia: con él, apuesta a acelerar el tratamiento de las causas y a mejorar el mecanismo depositando la carga de la investigación en los fiscales, y no como hasta ahora en jueces todo terreno que instruyen, deciden medidas y hasta juzgan.

Por eso ya fueron incorporados el grueso de los nuevos empleados, con la idea de que se vayan capacitando hasta llegar afilados al estreno del sistema a mitad de año. Ya fueron 50, y se esperan para el mes próximo otros 30. La cuenta da 80, con lo que en Tribunales aseguran que estarán alcanzando la dotación que les hace falta tanto para completar la grilla de flagrancia como los cargos vacantes en especial en los juzgados de instrucción. Que son los más desbordados.
 
Desde Tribunales indicaron que en algunos casos habrá movimiento de piezas para que a flagrancia vayan algunos empleados que no sean tan novatos, y que varios ingresantes tengan sus primeros contactos en los juzgados que ya funcionan y no en la flamante estructura.

Será un trabajo fino de los próximo meses, a medida que se vaya incorporando el nuevo personal. Que a la luz de los resultados, ya sumarán 200 contando los que lo hicieron desde el arranque y los están a punto de incorporarse.

Un dato importante: aclarar que la vigencia del concurso es por dos años contados a partir de fines del 2015, con lo que estará venciendo a fines de este año. Cuando lo haga, computará un tercio de ingresados entre los que superaron el examen: 200 sobre 600.

Un consuelo para los que no entraron ni aun superando el ingreso es que la idea en Tribunales es prorrogar el actual sistema, en lugar de convocar a uno nuevo. Demasiados dolores de cabeza les trajo el actual, como para desistir de reincidir en un procedimiento que ha producido un gran desgaste.

Claro que esa buena noticia para ellos no lo es tanto a los que no superaron el examen y esperan otra oportunidad, o los que ni lo intentaron y ahora sí lo harían. En especial ahora, que el ciclo económico no hace florecer las oportunidades laborales.

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