Como un terremoto que agita la tierra por unos segundos y tras él lo que queda alrededor es destrucción, así se vio sacudida la vida de una adolescente sanjuanina que a sus 16 años se enteró que tenía cáncer y lo que vino después fue una pesadilla de la que afortunadamente pudo despertar. Un antes y un después que marcó su existencia, que la hizo más fuerte y que hoy la lleva a transformarse, por su historia, en una fuente de inspiración.
Vivir con cáncer, superar el dolor y curarse: la conmovedora historia de una sanjuanina
En tiempos en los que todo el mundo corre con agendas repletas de actividades, agobiados por el trabajo y la casa, los chicos y hasta las mascotas son una preocupación, Lucía García es una de esas pocas personas que se detiene a valorar las pequeñas cosas que son parte del día a día y esa perspectiva se la debe a su pasado más reciente, en el que debió afrontar una dura enfermedad siendo todavía una niña que apenas empezaba a vivir.
Ya pasaron 6 años para la joven de 22 que descubrió que tenía un linfoma en el cuello y que debían operarla con urgencia para extirparlo. Hasta ese momento, su vida era como la de cualquier otro adolescente que iba a la escuela y practicaba deportes. Sin embargo, los desmayos repentinos y las descomposturas comenzaron a llamar la atención de su madre, que finalmente confirmó que esos eran síntomas del cáncer que se estaba desarrollando en los ganglios linfáticos.
Lamentablemente, según cuenta la protagonista, una mala praxis al principio complicó su estado de salud ya que, en lugar de sacar el tumor, intentaron drenarlo y ello provocó que en menos de tres meses creciera a gran velocidad, al punto de quedar con el tamaño de una naranja. Una vez que otro médico se hiciera cargo de su situación y la operara para finalmente extraer el linfoma, se sometió al tratamiento de quimioterapia.
Para ella ese proceso fue el más duro que le tocó atravesar, no sólo por el tiempo que debía permanecer internada sino por las consecuencias que su cuerpo sufría mientras tanto. En su primera sesión, el impacto fue tan grande que tuvo un paro cardiorrespiratorio que la dejó al borde de la muerte. Como estaba internada, de inmediato recibió asistencia, pero los profesionales que la atendían le advirtieron a su madre que el cuadro era crítico y "de esa noche no pasaba".
Pese al pronóstico desalentador, la muchacha no sólo sobrevivió esa noche sino las miles que vinieron después. Eso sí, esa noche la pasó aferrada a la mano de su mamá, quien no la soltó ni por un segundo.
No fue sencillo; por el contrario, Lucía cuenta que cada quimio le causó un fuerte malestar y durante los siete días de internación resistía como podía. En el medio, también debió ser operada unas seis veces y por ello el hospital se volvió su segunda casa. Hoy, las múltiples cicatrices que tiene en su cuerpo dan cuenta del paso de esas cirugías, cuales huellas del camino que transitó.
Por más de un año y medio, su vida fue esa y, como suele suceder con personas que afrontan duras afecciones, perdió la capacidad de asombro por las sorpresas propias y también por las ajenas de las que fue testigo. Internada en el sector de oncología infantil del Hospital Rawson, vio morir a niños con los que se había encariñado y hasta ahora los recuerda con afecto. Incluso, asegura que su mamá se mantiene en contacto que esas mamás que perdieron a sus hijos.
Cumplir años en un área de cuidados intensivos no fue el sueño que tuvo desde siempre, pero acorde confiesa fue importante porque no importa el cómo, sino el qué y ella había sumado un año más de vida. Es que desde que inició su proceso de sanación, su meta fue esa: vivir día a día, minuto a minuto y disfrutar de ello.
Por eso, con toda esa mochila que debió cargar hasta lograr su recuperación la joven que se curó y hoy, con los cuidados debidos, tiene una vida normal construyó una perspectiva que la hace valorar hasta el detalle más mínimo. Quien fuera consejera y acompañante de enfermos de cáncer asegura que para ella lo importante no es salir de fiesta o pensar en lo material, sino compartir con la gente que quiere, es un mate, es la naturaleza, es un viaje, es vivir.