Raulito, Negrita, Luli y Lali, Romeo y Pampa son algunos de los nombres que uno puede escuchar seguido en la casa de Emilia Merino. La sanjuanina de 58 años es una de las proteccionistas más conocidas de la provincia y se dedica al rescate y adopción de animales desde que tiene uso de razón.
Emilia, la proteccionista sanjuanina que cuida a más de 100 perros que nadie quiere
"Es medio difícil saber cuándo empezó porque lo hizo toda la vida mi familia".
Tiene una ONG fundada hace 7 años que se llamó en sus comienzos "Pitbull en peligro" porque nació con el rescate de perros de esta raza tan particular que eran usados y entrenados para la pelea. Luego, la ONG consiguió que les prestaran una casa por orden judicial, que se llama "Sala de Emergencias" y, en la actualidad alberga a unos 85 perros rescatados de las calles, muchos de ellos tienen un juicio en proceso porque atacaron a alguna persona. Está en el barrio Obrero Rawson.
"Uy, llegó la Lechuza, allá viene la otra, la hermana del Simón", dice Emilia. Conoce el carácter de cada uno de sus 16 perros a la perfección y puede relatar en detalle el día exacto en que llegaron a su vida.
"Mi papá traía a la casa todo animal chiquito que encontraba en la calle, lo curábamos, lo cuidábamos y lo llevábamos a nuestra finca en Calingasta. Mi mamá, fue fundadora de una de las primeras ONG proteccionistas que se crearon en la provincia", cuenta la mujer.
Durante toda su vida, desde la infancia, Emilia y su familia criaron pumas, perros, chinchillas y hasta una araña pollito a la que cuidaron porque "tenía una patita rota".
En el living de la casa de la proteccionista conviven los cuadros pintados por su madre, una talentosa artista sanjuanina, y los perros que corren por todas partes. La casa, sin embargo, está impecable y eso es porque ella limpia dos veces al día.
Tener 16 perros no es cosa fácil y, por eso, compra una bolsa de 22 kilos de alimento por semana. La vivienda es muy grande y los animales también tienen un fondo donde juegan.
"Ese es más antisocial, así que está allá en el fondo separado del resto y nunca viene para acá", asegura la mujer porque sabe qué le gusta y que no, a cada uno de los canes que tiene viviendo en su casa.
Ella sostiene que cuando un perro nuevo llega a su vida ella los mira y puede conocer todo.
Yo miro a un perro a la cara y le hago el expediente.
La Justicia también se apoya mucho en la ONG de Emilia porque justamente es la única que hoy tiene la capacidad de tener a los perros que atacaron a alguien. En la Sala de Emergencias, todo su equipo los evalúa, si es necesario reeduca y los tienen hasta que un juez determine qué hacer con ellos.
Para Emilia no hay perros que sean esencialmente agresivos y todo tiene que ver con el miedo. "Los perros atacan cuando están asustados, estresados", sostiene y es consciente de que la culpa nunca es de los animales sino de sus dueños.
Hoy, entre la ONG que tiene 85 perros a cargo y los 16 de su casa, son un total de 101 animalitos que la proteccionista tiene que cuidar. Tarea que cumple con ayuda de su equipo y de su mamá, a la que confiesa "hay que esconderle los perros en tránsito porque si no se los quiere dejar todos y ya no tenemos más lugar".
Por la casa de Emilia y la Sala de Emergencias han pasado miles de perros y cuando han muerto, han sido enterrados por ella misma en el lugar donde les gustaba jugar y recostarse. "Los entierro y arriba les pongo un arbolito", cuenta. Sin embargo, hubo una especial, que la marcó para siempre. Se llamaba Magalí.
"Me la trajo una amiga de Calingasta porque la perrita estaba en celo y la perseguían otros perros. La tuve acá unos días y cuando la quisimos devolver no quería, así que se quedó. La tuve 21 años y cuando se murió, lloré tanto que juré que nunca más iba a tener un animal", asegura. Afortunadamente, Emilia no pudo mantener esa promesa.