Pasó un mes exacto desde que ocurrió el terremoto en San Juan y alrededor de 3000 familias sufrieron daños graves en sus viviendas y debieron ser asistidas por el Ministerio de Desarrollo Humano y Promoción Social, según confirmó el propio ministro Fabián Aballay. Dentro de esa cantidad hay un número considerable de afectados en la zona El Abanico del departamento Pocito, donde los daños siguen siendo visibles hasta la fecha.
Para todas esas familias donde hay una población amplia de niños y adultos mayores el problema de vivir en la intemperie, carecer de agua potable, enfrentarse a las lluvias, los calores, abandonar sus hogares para buscar refugio, dormir con un nailon encima y subsistir con los pocos elementos que se salvaron de los escombros, sigue siendo una realidad del día a día.
En carne propia: la cruda realidad de Pocito a un mes del terremoto
Según detallaron los vecinos, solo aquellas personas que eran propietarios de los terrenos donde tenían sus precarias viviendas fueron las que pudieron participar del sorteo para recibir una de las 25 casas prefabricadas que fueron donadas de Misiones. Pero en la mayoría de los casos, muchos no son dueños del terreno donde ahora yacen los restos que dejó el terremoto y continúan viviendo en refugios improvisados con materiales donados por el Municipio de Pocito.
Georgina Araos (45) tenía su casa en calle Costa Canal de la localidad El Abanico, con el sismo quedó destrozada y pasó el primer mes junto a sus doce familiares (entre estos menores de edad) en la intemperie. Al momento de ser censados, fueron beneficiados con una de las viviendas prefabricadas que está a medio construir. Cuando finalice el proceso tienen pensado trasladar las camas de los menores y que estos tengan la posibilidad de dormir en un techo seguro. En tanto que el resto de los integrantes seguirá viviendo en el refugio que ellos mismos construyeron. "Cuando termine esa construcción vamos a trasladar las camas y que los chicos la usen para dormir, el resto de nosotros y los muebles se van a quedar afuera porque no entramos. Solo espero que no se larguen esas lluvias intensas como las que pasamos para que no tengamos que salir con los chicos al refugio", contó haciendo referencia a las dos ocasiones donde tuvo que salir en medio de la noche con sus hijos, rumbo a la escuela Tierra del Fuego, que alberga a los vecinos de la zona en casos de inclemencias.
A los pocos metros, la realidad es otra. Giselle Fuentes que tiene dos hijos y vive con su marido, no son propietarios del terreno y en la actualidad están en un refugio improvisado desde que sucedió el sismo del pasado 18 de enero. También sucede lo mismo con Tatiana Illanes (30) que tiene dos hijas, una de 1 año y otra de 6, y que según detalló "ni siquiera tenemos un baño y tenemos que hacer todas nuestras necesidades en el campo". La misma mujer agregó que "el problema del agua al comienzo estuvo resuelto, pero ahora vamos con lo que nos dan los vecinos y estiramos con lo poco que nos queda".
A la par, entre la comunidad de El Abanico formaron una comunidad de ayuda para brindarse apoyo entre los mismos afectados. Uno de los vecinos explicó que "nos reunimos para levantar las casas y ver que es lo que hace falta, por suerte el grupo se ha mantenido y seguimos dándonos ayuda por más que en algunos casos nuestro tema este medianamente encausado", contó Ricardo que en la mañana de este jueves ayudó a tres mujeres mayores a recomponer su hogar.