Durante la tarde del pasado martes, el Ministerio de Salud Pública informaba la triste noticia del quinto fallecimiento por coronavirus en San Juan. Luego, a las horas, trascendió que se trataba de una eminencia sanjuanina: del reconocido artista, docente, escritor e ingenierio sanjuanino, Elías Pósleman, de 94 años.
"Un joven de 94 años": el gran homenaje de una sanjuanina para su abuelo fallecido por coronavirus
Una de sus nietas, Mariana Pósleman, le dedicó un emotivo homenaje en el que casi se desprendió de su rol de nieta y se encargó de describirlo objetivamente. Ese mensaje empezó diciendo: "Despedirse de un joven de 94 años". En un gran posteo, Mariana contó el recorrido de su vida, las profesiones que fue ejerciendo y en las que fue dejando una marca: "Fuiste profesor, pero no cualquier profesor. Recto, responsable y, sobre todo, humano".
En ese recorrido, la joven no podía dejar de recordar cómo conoció a su mujer, a su "pichona" como al ingeniero le gustaba llamarla. "Conociste a tu amada Pichona, la Nina. 'Sentí un fuego en la espalda, era la pichona que me miraba de atrás en las misas de Don Bosco'", escribió.
No dejó de renombrar su importante carrera artística: "En todos lados eras reconocido, y no precisamente por salir en la "sección policiales" como decías vos. Siempre contento con cada serie de cuadros que hacías. Los exponías, los dabas a conocer y después los donabas".
Finalmente, le agradeció por todo lo dado por la familia, por haberlo conocido tan profundamente y haberse mostrado de esa manera con sus familiares y con ella en particular. "Tus ojos celestes quedarán grabados en los míos, el recuerdo de tu sonrisa siempre me alentará a seguir y a vivir con alegría", sentenció.
Mirá el conmovedor mensaje completo:
Despedirse de un joven de 94 años. "Hay que ser cariñoso pero no cargoso" nos decías con frecuencia, y todavía resuena tu voz en mí corazón. ¿Cómo no ser cargoso con vos? Nunca fuiste uno más en nuestras vidas. Pero… ¿Qué más podríamos pedirte Nino? 94 años viviste, 25 años en mi vida, 5 años conviviendo con vos, siendo parte de tu casa y de tu cotidianidad, de tu intimidad, de tus secretos. 94 años viviste, a pleno. Fuiste hijo, fuiste hermano, y no cualquier hermano, eras "el Chiche", trabajaste y estudiaste con pasión, pasaste el servicio militar ¡y cuántas anécdotas nos contabas de eso!. Fuiste profesor, pero no cualquier profesor; recto y responsable, y sobre todo humano. Cómo olvidar tus historias sobre tus años de docencia, tus alumnos, tus compañeros y viajes de estudio. Cómo olvidar cuando caminábamos por la calle y por lo menos una persona te paraba para agradecerte y recordar lo buen profesor que fuiste. Conociste a tu amada Pichona, la Nina. "Sentí un fuego en la espalda, era la pichona que me miraba de atrás en las misas de Don Bosco" nos decías con exageración característica… Fuiste novio y esposo hasta el último momento de vida de ella. Con tus detalles, las rosas rojas que le regalabas, las dedicaciones de tus libros "mi Pichona, mi inspiración", siempre juntos, siempre caminando de la mano. Cómo se miraban, a los ojos. Sus ojos brillaban cuando se encontraban. Vivieron, compartieron, viajaron, pasaron cosas difíciles, vieron a sus 5 hijos crecer. "Nunca imaginé tener esta familia tan grande" decías… Fuiste abuelo de 17 nietos, y bisabuelo de 7 bisnietos. Superaste la partida de tu amada Pichona, después de 63 años de casados y un camino hermoso y largo recorrido juntos "¿Quién va a cuidar a mí pichón?". Fueron sus últimas palabras. Todavía me acuerdo ese momento, de caos para todos y previo a su internación en el hospital; vos, los dos, con el corazón partido, sólo se miraban y sonreían con los ojos llenos de lágrimas. Recuerdo tu llanto esa noche, tu dolor, tu desamparo. Sólo decías "mi Pichona, mi Pichona" agarrándole la mano a quienes estaban ahí con vos; todos tus nietos e hijos automáticamente fuimos a tu casa
y terminamos sentados en ronda, en el living, lugar de tantos encuentros, tantos momentos compartidos; tomando gaseosa y galletitas, como siempre. Vos ahí con nosotros, diciendo tan tristemente y cómicamente (porque eras pura alegría): "yo siempre pensé que iba a inagurar el mausoleo". ¡Cómo te la bancaste viejo! Todos sabíamos el amor que le tenías, la compañía que se hacían todos los días. Pero aún así seguiste, viviste; siempre con ella en mente, en tus obras, en tus escritos. En todos tus cuadros, una rosa. Tu pichona. Nunca faltaba su nombre en tus palabras. Tus historias de amor, el contarnos cómo se conocieron, el primer baile: en el Club Ausonia, vos con un traje azul marino, ella con un vestido de fiesta hermoso…. "No tengo nada que pensar, ya mismo le digo que sí, que sí quiero estar con usted", nos contabas tu exagerada declaración de amor hacia ella.
Y pasaron los días, toda la familia se organizó con un "fixture" de días, horarios y turnos para acompañarte. "Nunca me dejaron solo desde que murió mi Pichoncita". Desde ese momento, 5 años atrás, te conocí en profundidad, compartimos secretos, chistes, llantos por tu Ninita, por tus miedos, por la pérdida de la libertad que a veces sentías. Un vínculo tan genuino, tan humano. Eras un pibe más con tus nietos, con más energía que nadie. Te adaptaste a todo, desde cambiar zapatos por zapatillas deportivas ¡Cuánto te negaste a usarlas!, intentar comprender e incluso hacer uso de internet. "Busque en el -telefonito- el significado esta palabra…", hasta vivir sin tu gran amor y compartir tu casa, tu intimidad con tantos nietos e hijos que entrábamos y salíamos de ahí, y en la que recibiste a nuestros amigos, a nuestros compañeros de estudio; cómo olvidar cuando venías con un chocolate para alentarnos en el estudio, o cuando nos "obligabas" a dormir una siestita para después seguir. "Que valga la pena el sacrificio" nos decías. Y puedo asegurar que tu consejo aparecía en cada final previo a rendir, en cada día de nuestra carrera o trabajo. "Cuando salga de rendir llame para saber cómo le fue", "Aunque se saque un cero, yo la quiero lo mismo". Más de un compañero escuchó esa frase....
Y no sólo nos alentaste y fuiste parte de nuestras tardes de libros y apuntes, sino que también nos alentabas a ser felices con eso y luchar por nuestro objetivo. Cómo olvidar tu famosa anécdota, esa de cuando tu hermana decidió ser religiosa y tu mamá no paraba de llorar por tal decisión.
Tu vida, y sobre todo los últimos 5 años que compartimos, me dejó infinidad de marcas en mi corazón. Nos enseñaste a salir adelante, a llorar cuando era necesario, pero también a reír y seguir en camino. Nos enseñaste la importancia del trabajo, pero también a disfrutar sus frutos, viajar. "Ustedes trabajen, ahorren y viajen, saquen muchas fotos" nos alentabas. Nunca faltaron tus detalles en cada momento importante de nuestra vida, pero también en la vida cotidiana. Nunca olvidaré tus regalos, esos sobres que llegaban de "Tokio" con "algunas moneditas para comprar caramelos". No era raro llegar a tu casa y encontrar en nuestra almohada un bombón de chocolate, de esos que escondidas "debajo del colchón".Nos enseñaste que siempre un chocolate o un postre puede alegrarnos la vida ¡Y que siempre hay que pedir segundo plato de eso!. Nos enseñaste a admirarnos de cosas comunes, a aprender algo nuevo todos los días. Con vos aprendí que el amor es hasta el final, que los detalles sí importan.Compartiste tu serie de siluetas y nos ponías a todos a trabajar para conseguirte los materiales, las impresiones de las imágenes….No se salvaba nadie. Vos, contento con cada serie de cuadros que hacías. Los exponías, los dabas a conocer y después los donabas o ¡sorteo! ("con escribano público") y tus nietos "ganábamos uno". Fuiste luz viejo, siempre alegre, siempre admirándote de lo simple. En todos lados eras reconocido, y no precisamente por salir en la "sección policiales" como decías vos. Fuiste pilar para muchos, ejemplo para otros, amigo y compañero para tantos más. ¡Don Elías, mí profesor! se escuchaba por ahí cuando caminábamos por la calle. Qué orgullo.Fuiste fortaleza, perseverancia, paciente, nos enseñaste la sencillez. Amabas tu vida y la vivías con alegría. Si había que llorar, llorabas. Si había que "retar", retabas, ¡Y cómo nos ordenabas los patitos!
Si tenías que salir de tu casa, ahí ibas. Pasando siempre por una heladería o confitería, por supuesto. Si tenías que hacer ejercicios para fortalecer tus patas flacas, ahí estabas (en medio de quejas) meta bicicleta fija y ejercicios de equilibrio con tu querido nieto Gabriel "tu doctorcito".
"Yo nunca me imaginé esto, ¿Qué más puedo pedir?" decías cuando estábamos en una reunión familiar, en las que siempre eras protagonista, con tus chistes, historias y helados.
Me enseñaste y me dejaste tus valores. Tus consejos de vida. Hasta tus últimos momentos de vida fueron ejemplo, no te fuiste así nomás, te fuiste después de lucharla, de aguantar este virus varios días. Nos diste un dulce y triste tiempo para empezar a pensar que quizás, ya no ibas a estar más. Nos pusiste a rezar por vos, gente que hace años no rezaba, familias que nunca rezaron juntas, unidas por vos. Y hoy puedo ver que nos hiciste partícipes de tu viaje al cielo.
Mí corazón no se imagina sin vos. Mi mente no entiende que ya no estás, y que este maldito virus nos pegó tan fuerte. No puedo imaginar tu casa sin vos, tu escritorio sin tus cuadros y libros, tu balcón sin vos saliendo a saludarnos. No imagino una navidad sin vos y sin tus regalos tan detallados. Mi corazón guarda con fuerza tus ojos celestes, esos que se ponían llorosos cuando nos veían llegar. Guardo tu voz, "mi reina Mariana". Guardo con fuerza la sensación de agarrar tu mano con piel tan suave y que aún puedo recordar. Guardo tus chistes, tus sueños, tus deseos, tus consejos, tus historias. Sólo puedo agradecer por tu vida y haberte conocido tan a fondo, tan de cerca y que vos también hayas conocido mi vida, mis amigos, mis seres queridos… "¿Qué más puedo pedir?" ¿Qué más te podríamos pedir Nino? No te guardaste nada.
Sólo deseo desde el fondo de mí corazón que ya estés con Dios, y con tu amada Pichoncita. ¡Qué mágico y eterno encuentro! Ahora ya no la ves en sueños o caminando por el pasillo como decías, ahora estás con ella.
Siempre estarás en mi corazón, en mi mente. No hay forma de olvidarte. Voy a llorarte con tristeza, con desolación porque ya no podré verte y reír con vos. Pero siempre estarás en mi. En mis valores; y espero verte y encontrarme con vos en mi final.
Tus ojos celestes quedarán grabados en los míos, el recuerdo de tu sonrisa siempre me alentará a seguir y a vivir con alegría. Y aunque "hay que ser cariñoso pero no cargoso" te voy a extrañar todos los días de mi vida.
Te amo viejo ♥️
Mi Ninito, un joven de 94 años (cómo vos decías).