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Debate: por qué dicen que en San Juan puede pasar lo mismo que en Gesell

La psicóloga Valeria Montes analiza el violento episodio de la costa argentina y advierte una peligrosa dinámica que se da en ámbitos deportivos, como por ejemplo el del hockey sobre patines, entre otras disciplinas.
lunes, 27 de enero de 2020 · 17:22

Luego de que un grupo de rugbiers atacara salvajemente a un joven y le causara la muerte en Villa Gesell, el caso que despertó indignación en la sociedad posó la mirada sobre las instituciones deportivas como la Unión Argentina de Rugby (presidida por el sanjuanino Marcelo Rodríguez), que en primera instancia, lejos de hacerse cargo, aseguró que se trató de un episodio aislado. En este contexto, la psicóloga Valeria Montes explicó el fenómeno y advirtió que lo sucedido es un llamado de atención para los organismos deportivos locales pues "acá también puede pasar". 

Con la intención de realizar un aporte científico, la especialista que analiza los hechos señala que este episodio es un síntoma de la época en la que vivimos: en la hipermodernidad, época del "nada es imposible", del "sin límite y el exceso" que deja a los sujetos confrontados al pasaje del acto. En ese marco, las personas son presionadas a la descarga emocional, a la liberación de instintos -sin importar las consecuencias- y ello se traslada al deporte y quienes lo ejercen.

Para la profesional, lo sucedido en la costa argentina debería encender las alarmas en los clubes de la provincia que, a su entender, están limitados en la contención que pueden ofrecer. "Hay una urgencia a la que debemos responder como sociedad", dice. Explica que en otro momento alcanzaba con que ofrecieran un espacio para el esparcimiento y el desarrollo de las habilidades deportivas, elementos con los que se canalizaba la violencia.

"El deporte era un medio para canalizar la agresividad, una violencia tolerada y limitada por las reglas de un juego. A nivel social, habían factores que frenaban los impulsos, una autoridad respetada que en la actualidad está vapuleada", explica.  

Sin embargo, por los tiempos que corren y por el cambio de valores que hubo en la sociedad, señala que las instituciones deben expandirse y brindar nuevas herramientas como asistencia psicológica, dictar talleres de prevención de violencia o poner el énfasis en la formación emocional de los jóvenes.

Es por ello que asegura que el primer comunicado de la UAR resulta "peligroso" y fundamenta: "No tienen que hacerse cargo de una muerte, pero sí reconocer su papel fundamental en la formación y contención de los jóvenes deportistas". 

Conocedora del mundo del hockey sobre patines, pues lo practicó durante varios años-, ejemplifica con ese deporte y señala que la violencia excede lo deportivo y se puede apreciar en el entorno. "Lo he pensado muchas veces, con el nivel de violencia que se maneja y con los palos que siempre tienen encima, no sé cómo no ocurrió una tragedia todavía", confiesa. 

Innumerables son las veces que batallas campales se desataron sobre el parquet, aunque más allá de narices rotas no pasó. También hay antecedentes de terribles palizas a árbitros durante los partidos e incluso hay registro un brutal ataque de un hockista en un boliche. Por fortuna, hasta el momento no hubo víctimas fatales. No obstante, resultan alarmantes indicios de lo que podría ocurrir y, al fin y al cabo, las distancias con el caso que conmueve no son tan grandes.     

"Esto no quiere decir que todos los deportistas son violentos, sino que para algunos grupos, lo que hacen en su vida cotidiana lo replican dentro de la cancha", indica y sigue: "En este caso hay mucho de 'defender mi imagen', 'del otro o yo'. 'Soy de este equipo que gana en todos lados'". 

Sobre el hecho puntual que tuvo sede a más de mil kilómetros de San Juan, la experta en psicoanálisis destaca que se produjo un fenómeno de masa en el que la responsabilidad individual se diluye en el conjunto, lo que facilita acciones violentas y promueve la impunidad. "Así tiene cierta lógica pegar hasta matar aunque en mi cabeza no lo crea así", manifiesta. 

Con el alcohol -al igual que con otras sustancias psicoactivas- como "depresor" que elimina los frenos inhibitorios, con el aporte de la trama cultura patriarcal que legitima la violencia para demostrar la masculinidad dominante y con la filosofía del rugby mal implementada -entendiendo que hay que atravesar adversidades y desafíos en conjunto-, argumenta que el cóctel está servido para el descontrol y la fatalidad. Tal y como, lamentablemente, ocurrió. 

 

 

 

 

 

         

 

 

 

 

  

   

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