Pasar por calle General Acha era sinónimo de al menos dar un mirada al chalet María Luisa, construido por Saúl Aubone y bautizado con el nombre de su esposa. Construido en la década del '20, es uno de los pocos símbolos arquitectónicos de la ciudad de San Juan que resistieron al terremoto de 1944, aunque había sufrido en los últimos años el deterioro del tiempo en sus rejas perimetrales y parte del jardín. Conocido como el chalet Aubone, había permanecido en manos de la tradicional familia sanjuanina casi 100 años, pero ahora cambiará de manos.
Vendieron el Chalet Aubone: su nuevo dueño, un misterio
Según confirmaron los actuales propietarios, nietos de Saúl y María Luisa, a Diario La Ventana, la venta es reciente y todavía no pueden decir quién será el nuevo propietario de la casa de ensueño en pleno Trinidad. El misterio se debe a que con el contrato de venta también firmaron una clausula de confidencialidad, que sólo les permitirá revelar el nombre del comprador en aproximadamente un mes. Tampoco está claro cuál será la utilización del lugar, que en su interior tiene piezas de arte como parte de su construcción que son prácticamente invaluables.
De esta manera se concreta un pase histórico para la mansión de estilo francesa e italiana, que era de las pocas construida durante los años dorados de la vitivinicultura sanjuanina que todavía permanecía con la familia que le dio su nombre. Aun así, el chalet seguramente perdurará en la memoria de los sanjuaninos con el nombre de la familia Aubone.
Un símbolo de la época dorada
La imponente casa, ubicada en General y san Francisco del Monte resistió al paso del tiempo durante casi 100 años. La construcción empezó después de 1916, pero lo terminaron en 1920 en un predio de 6 hectáreas en el que también estaba la bodega de Saúl Aubone, que funcionó hasta 1989.
El chalet tiene un estilo ítalo- francés y fue construido en honor a la esposa del bodeguero, María Luisa Luraschi Graffigna. A excepción del arenado que usaron para el terminado fino del exterior de todo el chalet, que es una arena que trajeron de San Luis, el resto de los materiales finos fueron traídos en barco desde Europa. El mármol de carrara para embellecer los balcones y las paredes, cristales biselados y arañas con cristales de Bohemia, el papel en dorados con azules para decorar las paredes y las puertas de doble hoja con la madera tallada.
En la entrada principal se puede apreciar el trabajo artesanal hecho en las molduras que decoran las columnas de la terraza y el balcón. En la entrada principal hay un hall redondo en el que relucen las venecitas con las que decoraron el fino piso con figuras arábicas. En el interior hay esculturas, cuadros y aun más detalles arquitectónicos únicos de la provincia.
Además la casa es prácticamente un museo, donde se pueden encontrar desde un Ford T, máquinas que pertenecían a la bodega y mobiliario que perteneció a Saúl y María Luisa Aubone. Para conocer a fondo la historia, los detalles y más fotos de este increíble lugar sanjuanino, date una vuelta por esta nota de nuestra sección Rinconcitos Sanjuaninos.