Historias de vida

Crecer esperando: la sanjuanina que nunca adoptaron

Fue abandonada cuando tenía solo 4 años de edad. Desde de ese momento y hasta ahora, pasó toda su vida en distintas residencias del Estado. Hoy con casi 60 años, Irene Tapia, es la historia viva de aquellos niños que nunca encuentran un hogar y se vuelven adultos esperando ser adoptados.
martes, 12 de febrero de 2019 · 08:30

 Por Pablo Amado

Son casi las nueve de la mañana de un cálido viernes sanjuanino en el ex Asilo de Ancianos, ahora conocido como el Hogar Eva Duarte de Perón. Mientras algunos miran televisión, charlan con alguien o fuman un cigarrillo a escondidas del enfermero de turno, Irene, que en unos meses cumplirá los 60 años, espera con una sonrisa de inocencia que la sala de recreaciones abra sus puertas  para poder entrar y hacer lo que más le gusta: dibujar y colorear figuras infantiles.

Irene al igual que los niños que pasan por los hogares del Estado, nunca llegan con una historia marcada por un camino de rosas. “Con 4 añitos nos llega una nena con un retraso madurativo que fue abandonada, nunca supimos quién era la familia y por qué la habían abandonado, no hubo forma de saber” afirma uno de los funcionario de Niñez que aporta los primeros datos. Desde entonces esa niña se crió y pasó su infancia en el Hogar Paula Albarracín de Sarmiento, un macroinstituto que existía en la provincia para chicos que, por diversos motivos, ya no podían seguir viviendo con su familia, o como en el caso de Irene Tapia, nunca la tuvieron.

Los antecedentes aportan más dudas que certezas sobre el pasado de Irene. Desde la Coordinación de Residencia otra funcionaria opina que “no hay mucha información, incluso el expediente de adopción de ella ya no está hace tiempo. No hay ningún dato de la familia desde sus 4 años, nunca nadie se presentó. Incluso diferentes profesionales trataron el tema, pero nadie pudo averiguar nada”.  

Para mayor complicación, los pocos profesionales que en un momento conocieron la escueta historia de Irene, ya se encuentran jubilados o fallecieron.

Lo que sí se sabe es que con la modificación de la Ley 26.061 de Protección Integral de Niños, Niñas y Adolescentes, sancionada en 2005, se dio inicio a un proceso donde se terminaron los macroinstitutos no solo en la provincia sino en el país. Pasando de los grandes orfanatos a un sistema de pequeños hogares que actualmente se los conoce como residencias. En este cambio de paradigma, Irene Tapia pasó a vivir su adolescencia y gran parte de su vida adulta en la residencia Capitán Lazo en el Departamento de Rawson, donde comparte el día a día con chicas de similares trastornos mentales.

Varios años después en la residencia de Rawson, Irene conoció a alguien que sería muy importante en su presente. Edna Harrington es el nombre de una de las cuidadoras de la residencia, que fue estableciendo un lazo de amor con Irene, hasta ser considerada hoy en día como su mamá. “Hicimos un vínculo que cada vez está más fuerte. A mí me cautivo su sonrisa y su inocencia. Ella es muy dulce. Y bueno, de ahí quedo el mamá para siempre” dice Edna ante los ojos de Irene que se emociona de tenerla cerca y de que sea ella su mamá.

 Edna no es su madre legalmente ya que existen procesos legales que lo impiden. Ella afirma que en un principio tuvo ganas de adoptarla, pero por cuestiones laborales le era inviable, sin dejar de mencionar que se ve imposibilitada a ser adoptante por el hecho de pertenecer a la órbita de los que trabajan con menores en proceso de adopción.

Casos como el de Irene Tapia, donde los chicos crecen esperando a que los adopten, existen a granel en nuestro país y marcan una clara tendencia de a quiénes prefieren adoptar los argentinos. Según el Registro Único de Aspirantes a Guarda con Fines Adoptivos del Ministerio de Justicia de la Nación hay 5.465 postulantes que quieren adoptar en Argentina.
De ese número el 90% quiere que el niño tenga menos de un año, el 71% aceptaría hasta 4 años, el 15% se estiraría hasta los 8 años y sólo el 0,8% -44 candidatos- adoptaría un niño de hasta 12 años.

Esa realidad también se ve reflejada en San Juan, donde existen 26 casos de chicos de entre 12 y 17 que viven en las residencias y nunca fueron adoptados, 26 casos que no están lejos de convertirse en una vida como la de Irene Tapia, una niña con un trastorno madurativo que fue abandonada por su familia a los 4 años y terminó pasando toda su vida a la espera de un postulante que la adopte.

Esa espera de Irene quizás hoy finalizó al encontrar antes de los 60 años a su mamá, que si bien no es su tutora legal, es su mamá de corazón. Pero también está la espera de aquellos chicos que siguen aguardando mientras se convierten en adultos. Una espera que duele. Cuando cada mañana se levantan con el sueño de encontrar una familia y ven cómo se escapa cada noche cuando reciclan los sueños.

Galería de fotos

Comentarios