Con un pasado de militancia activa en una de las instituciones católicas más importantes de la provincia, Belén Sambor es clara y precisa a la hora de analizar el rol que ocupa la iglesia en la actualidad.
La exmilitante católica que hoy le da el portazo a la Iglesia
La no aprobación del Aborto Legal, Seguro y Gratuito ayudó a la joven en madurar la idea de sumarse al movimiento de apostasía colectiva que se realiza el viernes 21, en la sede del Arzobispado, aunque ella hizo el trámite hace tiempo..
Belén tiene 25 años es Licenciada en Trabajo Social e investigadora en la Universidad Nacional de San Juan. Ella militó durante su adolescencia en la Acción Católica Argentina pero con el tiempo dejó de ir y se alejó de la Iglesia porque sentía que excluía a toda persona que no entraba en los moldes que consideraban "sanos".
“Esta idea surgió tras la no aprobación del Aborto. En San Juan argumentaron que somos una provincia muy católica y queremos demostrar que no es tan así. Muchas personas no pensamos bajo el adoctrinamiento eclesiástico. Nosotros queremos dar este mensaje para provocar un impacto no solamente en la Iglesia sino en la política, por silenciar nuestra voces”.
Sambor explicó por qué renunció a la Iglesia: “Hace mucho tiempo que dejé de creer. Veo una institución que no reconoce los avances en los derechos de la personas, todo lo contrario, excluye aquél que piensa diferente. A través de mi profesión comprobé que no se involucra como dicen en aquellos sectores más vulnerables. Diferente es la situación de otras instituciones no católicas que sí lo hacen”.
En cuanto al tiempo que le llevó a realizar la apostasía, Belén detalló: “Fue inmediata. Cuando me enteré no dude en hacerlo pero decidir ser atea me llevó un poco más de 5 años. Por mi profesión comencé adquirir diferentes saberes mucho más amplios que me llevaron a alejarme”.
La trabajadora social comentó la reacción de amigos y familiares sobre la elección que tomó: “Me comprendieron y acompañaron. Entiendo que fue un momento fuerte para mis padres y padrinos pero son conscientes que hace tiempo que no profeso la fe”.
Belén rescató lo positivo que le dio la Iglesia: “es un buen lugar de socialización. Un movimiento organizado muy valioso que le permite a las personas a madurar y crecer. El problema es que muchas de ellas se alejan e ingresan a otras instituciones no católicas porque allí encuentran la contención que la Iglesia no le supo dar”.