Una hermosa jovencita de 18 años, en segundo año de la licenciatura en Historia, encontró piezas de una vasija incaica en Uspallata, Mendoza. Le preguntó a su profesor si era lo que ella creía y el profesor le dijo que sí, "entonces ya puedo ser arqueóloga", respondió convencida. Así fue.
Teresa Michieli: el ABC de la arqueología y antropología local
Esa mezcla de curiosidad, investigación y definición la distinguirá siempre. Catalina Teresa Michieli se jubiló hace pocos días como directora del Instituto de Investigaciones Arqueológicas y Museo Profesor Mariano Gambier. Había llegado a San Juan desde su Mendoza natal en 1975 e inmediatamente comenzó a trabajar con Gambier.
Después de 43 años viviendo en la provincia eligió quedarse a vivir acá, donde seguirá trabajando como consultora independiente, con más libertad y tiempo para ella misma.
En todos estos años, le dejó a los sanjuaninos y al mundo, 7 libros publicados y más de 80 artículos científicos, producto de sus investigaciones. Michieli es la que más sabe de la lengua que hablaban los huarpes en San Juan y es experta en la textilería de los pueblos que habitaron estas tierras, a los que evita llamar "originarios".
Teresa había conocido a Gambier a través del profesor Pablo Saquero, cuando el sanjuanino necesitaba a alguien experto en textilería aborigen, entonces Michieli hizo un posgrado en textiles arqueológicos con la única especialista que había en el país. "Venia todas las semanas a hacer este posgrado y después me quedé, primero encargada de la parte textil y después de la parte histórica", relata.
El 1 enero de 1975 fue nombrada, el 2 llegó a San Juan y el 3 ya estaban haciendo campañas en la cordillera.
El arqueólogo sanjuanino venía realizando investigaciones desde fines de los '60 y entre ambos hubo una simbiosis instantánea. "El descubrió mis aptitudes porque yo no venía de cero. Trabajamos codo a codo y yo aprendía, pero aportaba también. La visión histórica la daba yo (ya era Licenciada en Historia de la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Nacional de Cuyo) porque la formación de Gambier era de profesor de Filosofía y por eso le interesaba mucho lo humano, era un humanista notable, un ser humano muy bueno y muy recto, muy humilde. Murió muy pobre porque jamás tomó la actividad como negocio, como hicieron otros", relata.
Asegura que de todos sus descubrimientos, sola o con Gambier, no hubo uno más importante que otro, sino que todos adquieren la misma relevancia en función de lo que cada uno aportó al conocimiento científico. "Todo lo que aprendí con Gambier y todo lo que descubrimos es importante porque todo está encadenado. La arqueología no es ir a juntar cosas bonitas o hacer campamento, es investigar. Vas a un lugar con preguntas que hay que responder, buscando las pruebas o ratificando cosas. Es todo un proceso", asegura.
Y cuando tiene que hablar de su relación personal con Gambier, Michieli hace un largo silencio y dice que le tocó cuidarlo en los últimos años. "Nos acompañamos muy bien pero de mi relación personal no hablo, aunque todo el mundo lo sabe. El era separado y por lo tanto nuestra relación nunca fue oficial. Nunca vivimos juntos", cuenta. Ella nunca se casó ni tuvo hijos, pero tiene un sobrino-nieto al que ama como a un nieto.
En 1983 fue nombrada directora subrogante e investigadora del Instituto-Museo; y en 2002, cuando se jubila Gambier, es designada como nueva directora por el Consejo Directivo. "No me gusta que le digan museo porque es sólo una dependencia del Instituto, a donde se llega después de una selección académica fuerte. Además, un museo es una colección y Gambier nunca fue un coleccionista, al contrario, él siempre fue un defensor del patrimonio, porque el patrimonio arqueológico y paleontológico se consideran de dominio público, es de todos y no es de nadie. Por eso el tráfico ilícito está penado mundialmente. Entonces, si le decís museo lo bajas al nivel del coleccionista y él luchó siempre contra el saqueo arqueológico", dijo Michieli que también tiene un postgrado de Doctora en Historia.
En 2004, al Instituto se le puso el nombre Gambier . El museo tiene un 5 % de objetos entregados por otros, como la momia del cerro El Toro, "un hombre que no pertenece a grupos locales y que fue hallada de casualidad". El 95 % restante son piezas producto de las investigaciones del equipo de Gambier y después de Michieli. "Lo que está expuesto y lo que está guardado es producto de investigaciones propias del Instituto, la mayoría subsidiadas por la UNSJ".
Los conflictos
Un fuerte enfrentamiento mantuvo durante años Michieli con los grupos que se reconocen como descendientes de huarpes en San Juan, pero advirtió de entrada que no hablaría del tema. "Del proceso de pueblos huarpes no hay descendientes, pero no hablo para no generar polémica. Ellos no aceptan las pruebas científicas, no leen mis investigaciones. Incluso decir "originarios" está mal, tanto gramatical como en su sentido, porque nadie es originario de América, acá los grupos eran movidos por los españoles, pero incluso antes de los españoles los pueblos se movían, entonces, ¿originarios de donde?. Los españoles trajeron mano de obra de otros lados".
La vida sigue
Michieli asegura que la jubilación la pone feliz y le aporta un enorme sentimiento de libertad. "Estoy tan contenta, porque en ese instituto hay un edificio, personal y muchas cosas que no son de la UNSJ, son de la provincia. La responsabilidad era mucha y en los últimos años tuvimos muy poco apoyo económico, la planta de personal es la misma del '70 y eso me dejaba sin poder hacer muchas cosas" dice.
Las largas campañas en la cordillera son lo que menos la cansan e incluso las sigue haciendo, ahora como consultora de la Dirección de Patrimonio de la Provincia y de empresas constructoras de líneas eléctricas, diques, incluso realizando los monitoreos posteriores. Por ejemplo, descubrió y puso a resguardo los petroglifos del dique Punta Negra y los del camino a Veladero.
Hoy, mirando hacia atrás, Michieli está satisfecha. "Tuve una infancia muy linda, mis padres fueron los grandes impulsores para que estudiara, eran muy compañeros míos (María Luisa Gramaglia y Milo Michieli). Mi madre hoy tiene 92 años".
"Me gusta la costura, bordar, tejer, no sé si retome pero yo me hacia mi ropa y me tejía. En la familia nos entretenemos trabajando. Ahora quisiera viajar, ir a ver a mi nieto. Siempre quise escribir una novela ficcional, no sé si pueda pero me gustaría. Algo haré porque no soy de quedarme quieta".